“La Casa Rosada en tensión con Clarín, Techint y Mercado Libre” es un título que, por reflejo, podría ubicarse cerca de 2012, en algún momento de los gobiernos de CFK. Pero no: es de actualidad y, aunque suene paradójico, describe al gobierno de Javier Milei, autopercibido anarcoliberal, fiel creyente del capitalismo de libre empresa y cultor del mito de que hay que apartar al Estado toda decisión inherente al capital privado. Spoiler: lo dice pero no lo hace.
MÁS INFO
Con las noticias de la semana, que Techint perdió una licitación privada pero de interés público en el entramado de Vaca Muerta y que Mercado Libre judicializa la llegada de competencia de Temu y Shein, Milei podría decir que cumple con su palabra y no interviene, que si Techint pierde con una empresa de India con proveedores de chapa chinos o Mercado Libre no puede frenar a sus competidores es porque se corrió el Estado que antes estaba captado por esas empresas y ahora deja actuar libre al mercado. Pero hay dos elementos que chocan contra esa idea: uno, que es el gobierno de Milei el que, con sus decisiones de Estado, inclina la cancha para las corporaciones extranjeras de forma deliberada; dos, que en el caso de Clarín es a la inversa, Milei interviene desde el Estado para intentar frenar su constitución como emporio monopólico de las telecomunicaciones pese a las alabanzas del propio Milei a la conformación de esos monopolios.
¿A qué se enfrenta Milei? Los casos de Techint y Clarín son de especial relevancia para el Presidente. A Paolo Rocca, mandamás de Techint, Milei lo bautizó “Don Chatarrín”, un maltrato inédito, y dijo que estuvo detrás de un intento desestabilizador sin explicar porqué entonces fue su aportante tanto de campaña como de funcionarios importantes, incluido el Secretario de Trabajo Julio Cordero, encargado del ancla salarial que mantiene las paritarias por debajo de la inflación. A Héctor Magnetto, cabeza histórica del Grupo Clarín, Milei le dedica el tuit fijado en su cuenta con el título “la gran estafa argentina”, otro juego de palabras en alusión a la autopercepción de Clarín como “el gran diario argentino”. A Galperín aún no le llegó el turno de los apodos pero su caso recién empieza.
El nuevo en este juego es Milei, que irrumpió en la tribuna de la política partidaria en modo barrabrava y, por ahora, sin disputa. Pero una cosa es la contienda electoral e incluso política frente a un peronismo que es un barco sin brújula ni timonel y otra enfrentar a los portaaviones corporativos que patrullan el territorio nacional hace décadas y han impuesto sus decisiones a todo tipo de gobiernos, fueran civiles o militares, fueran afines o combativos.
Magnetto de Clarín y Rocca de Techint tienen el lomo curtido. Desde sus oficinas ya vieron pasar ya muchos ocupantes de turno de la Casa Rosada y les torcieron el brazo a todos. En el caso de Clarín la tensión es por la fusión de Telecom con Telefónica, que lo transformaría en un monopolio de las telecomunicaciones. En su tuit fijado Milei dice: “Hoy quieren quedarse con el 70% de las telecomunicaciones argentinas. Eso implica que tu celular, tu internet, tu teléfono, todo lo controlaría el mismo grupo económico, que por su posición dominante podría cobrarte cualquier precio porque no habría competencia. No vamos a dejar que eso suceda. No vamos a dejar que sigan robándole a los argentinos. Cuando Clarín nos ataca, sepan que la razón es esta. Quieren controlar las comunicaciones de todo el país. Pero en el fondo no me están atacando a mí. Te están atacando a vos. Yo solo estoy en el medio”. Tiene razón pero es difícil que pueda cumplir su promesa. De hecho, en sus balances, el Grupo Clarín ya cuenta a Telefónica como propia, un nuevo capítulo de su política de hechos consumados que ejerció cuando se quedó con Radio Mitre, las cableras y otros negocios que excedían los marcos legales. Galperín de Mercado Libre no cuenta con esa experiencia pero sí con una corporación que se transformó en la más grande del continente.
Hay otra diferencia entre estos 3 empresarios. Sobran los dedos de una mano para contar las apariciones de Magnetto en entrevistas, a las que se suman algunos discursos en eventos públicos. Habló siempre a través de sus medios, casi nada él, aunque sí se tomó el tiempo de contratar como biógrafo oficial a José Ignacio López, ex vocero de Ricardo Alfonsín, que dejó un libro titulado “El hombre de Clarín”. Rocca tampoco reporta muchas entrevistas aunque su voz se suele escuchar y con mucha atención en conferencias industriales. Galperín, al contrario, hace años exacerba su presencia pública, en entrevistas pautadas pero sobretodo de forma directa en redes sociales cual troll libertario y donde lo único bueno que revela es que no es necesario ser un erudito intelectualmente para convertirse en multimillonario. ¿Se atreverá a torear a Milei en las redes para pedir un Mercado Libre de Competencia?
Lo que sí aprendió Galperín de Magnetto y Rocca es a sacar provecho de todos los gobiernos. Desde su fundación Clarín obtuvo favores y privilegios de presidentes y dictadores: el papel de diario que le garantizó el primer peronismo, los créditos con el gobierno de Arturo Frondizi, el robo de Papel Prensa aliado a los genocidas Jorge Videla y José Alfredo Martínez de Hoz, Canal 13 con el menemismo e incluso la fusión de sus cableras con Néstor Kirchner, secuencia de privilegios sólo interrumpida (a alto costo) en el gobierno de CFK. A algunos les sacó los beneficios por las buenas, a otros de hecho. Nada indica que Milei sea una excepción.
Techint no sería Techint sin la privatización de Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (SOMISA). En 1991 SOMISA estaba en crisis. Menem designó como interventor a Jorge Triaca, que terminó procesado por administración fraudulenta pero cumplió la tarea de pasarle la motosierra a 6.000 trabajadores y uno de los dos altos hornos que tenía la empresa. Lo reemplazó María Julia Alsogaray, que apuró los pliegos de la privatización. Los cálculos daban cerca de 1.000 millones de dólares por SOMISA. Un trabajo de Juan Pablo Hudson en la revista Realidad Económica reconstruye cómo le fueron bajando el precio, Techint puso un límite de 150 millones, Menem puso la base en 140 y la única oferta la hizo Rocca y fue de 152.
“Ahora bien -detalla Hudson-, había en ese momento un detalle fundamental: existía en la planta, que hacía un año que producía pero que no vendía su producción, un stock que se calculaba en 130 millones de dólares, y que incluso podría ascender al doble de ese valor. Con Somisa, Techint consiguió el negocio del siglo, comprando una fábrica entera y un stock de hacía un año sin desembolsar ni un peso al contado. El monopolio privado del acero con protección del estado estaba concretado. Somisa era de Siderar”.
Galperín, por su parte, hace años que goza de privilegios varios. El más conocido son las exenciones impositivas que le ahorraron más de 200 millones de dólares en los últimos años. Pero hay que sumarle la vista gorda que hizo el Estado a que opere como un banco sin cumplir con los requisitos y controles que implica la intermediación financiera, desde encajes y depósitos garantizados hasta pago de sueldos de trabajadores bancarios, y todo junto al monopolio del pago en QR que tuvo durante años.
Magnetto, Rocca y Galperín también coinciden en el uso de guaridas fiscales para eludir impuestos en la Argentina, algo que en la diatriba mileísta los transforma en héroes que escapan de las garras del Estado.
Galperín debe tuitear mucho desde Uruguay, donde fijó si residencia fiscal para salvaguadar su fortuna personal del pago de impuestos, algo que emula con Mercado Libre, cuya sede central tiene domicilio en la zona franca de Montevideo, libre de impuestos. Mercado Libre vale más que el PBI de Uruguay pero el país no le cobra impuestos a cambio de un pequeño número de empleos que generan unos pisos en la torre ubicada en el Wolrd Trade Center charrúa. La empresa, por su parte, fue creada en 1999 en Delaware, guarida fiscal estadounidense. El año pasado Galperín amagó con seguir a Elon Musk, que elogiaba a Texas como una guarida más opaca que Delaware, pero finalmente desistió. Sus acciones, a su vez, las tiene en el Galperín Trust, radicado en Suiza bajo leyes de Nueva Zelanda.
Los accionistas del Grupo Clarín, por su parte, manejan patrimonios millonarios a través de trusts radicados en Nueva York y a la empresa desde una sociedad registrada en la guarida fiscal Delaware. A Cablevisión Holding, nave insignia del grupo, lo controlan desde GC Dominio, sin eufemismos. GC está a su vez controlada desde trusts en Nueva York con domicilio en el 835 de la Tercera Avenida, piso 12. Es la dirección de The Durst Organization y su página dice que en el piso 12 está la terraza. Los trusts llevan las siglas de los accionistas: ELHN es el de Ernestina Laura Herrera de Noble que tiene el 35,55%, ahora dividido entre sus hijos apropiados; HHM el de Héctor Horacio Magnetto que controla el 35,35%; LRP el de Lucio Rafael Pagliaro que tiene el 14,55%; y el último accionista, José Antonio Aranda, lo tiene a través de Aranlú SA. En un juego de cajas chinas, los mismos accionistas controlan Blue Media que a su vez es la dueña de GS Unidos LLC, radicada también Delaware.
Techint es otro juego de cajas chinas. Techint Holdings pasó de Islas Caimán a Luxemburgo en 2011. Es controlada por San Faustín SA, una sociedad que pasó de Curazao también a Luxemburgo. A su vez las acciones de San Faustín las controla Rocca & Partners Stichting Administratiekantoor Aandelen San Faustín (R&P STAK), una fundación privada localizada en los Países Bajos “No existían personas o grupo de personas controlantes de RP STAK”, informan en sus balances, así que finalmente no dicen quienes son los beneficiarios finales de esta megacorporación.
El holding que maneja Rocca es el más extendido en el globo, con subsidiarias en Canadá, Brasil, Paises Bajos, Italia, EEUU, Indonesia, Rumania, Arabia Saudita, Portugal, Uruguay, Colombia, México y, sorpresa, China, donde tienen Qingdao Steeel Pipes LTD, una fábrica de procesamiento de conectores, cuplas y componentes automotrices.
No es fácil para un presidente enfrentar a estos grupos concentrados. Otra coincidencia entre ellos es el copamiento de las cámaras empresariales vinculadas a su actividad para que siempre la voz de ese sector sea la propia. En las empresas pyme, en especial durante las tormentas económicas, los dueños no tienen tiempo para dedicarle al gremialismo empresarial. Las grandes corporaciones, en cambio, contratan gerentes cuya dedicación exclusiva es el lobby en esas entidades para que nada se mueva sin su consentimiento, que nada se diga sin que les sirva.
Techint tiene copada la Unión Industrial Argentina (UIA), antes a través del abogado patronalista Daniel Funes de Rioja, hoy a través de Martín Rappalini, que acaba de publicar un artículo titulado “El progreso tiene líderes con nombre y apellido” pero solo menciona a uno: Paolo Rocca. La nota, publicada en Clarín, dice: “Un empresario comprometido, además, no es solo alguien que dirige desde un escritorio: es alguien que vive su empresa. Que trabaja. Que recorre plantas. Que se involucra en la mejora continua. Que entiende que la competitividad no se declama: se construye todos los días. Y por eso, el ejemplo personal también importa: la disciplina, la vocación de trabajo, la obsesión por el detalle y la cultura industrial. Todo eso es Paolo Rocca”. No se le escuchó nada sobre las más de 2.000 fábricas industriales que cerraron desde que asumió Milei, acaso porque estaba muy ocupado para quedarse con un negocio minero en Mendoza.
Rocca no solo tiene títeres en la UIA, sino también en su homóloga bonaerense también presidida por Rappalini, en Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), en la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) y en cuanta entidad gremial empresaria. No hay industrial que no haya sufrido maltratos comerciales y financieros por parte de Techint, pero el miedo que genera es fuerte.
Clarín hace lo mismo: maneja la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) que reúne a los diarios, la Asociación Argentina TIC, Video & Conectividad (ATVC) y otras, e incluso el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) habla en nombre de periodistas pero funciona como su apéndice.
En el 2002, Magnetto y Rocca impulsaron la creación de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) junto a Luis Pagani, de Arcor. Se puede ver a los 3 en la foto de portada en la web institucional de AEA junto al gerente que pusieron a cargo, Jaime Campos.
Galperín se sumó a AEA en 2017. Se incorporó al mismo momento que Alejandro Bulgheroni, de Pan American Energy (PAE), una de las empresas que llevó adelante la licitación que perdió Techint. El hijo homónimo de Bulgheroni, director de Beusa Energy (una empresa del grupo) publicó en su cuenta de X: “Argentina pasó de tener un mercado híper regulado a uno que empieza a regirse por las reglas de la libre competencia. Donde antes había un mercado cerrado e hiperproteccionista, regido por presiones y precios inflados que siempre alguien terminaba pagando, hoy empieza a imponerse otra lógica: eficiencia de costos, márgenes razonables y disposición real a competir con el mundo. El Estado está cambiando. Los privados también deben hacerlo”. Un dardo directo a Rocca que Milei retuiteó.
En términos económicos, los balances de Tenaris (la firma de Techint) revelan que el los primeros 9 meses de 2025 tuvo ganancias por 1.512 millones de dólares. En el mismo período de 2024 fue de 1.557 millones de dólares. La rentabilidad es del 16,8% en 2025 y 16% en 2024. Una rentabilidad alta. Entre noviembre de 2024 y mayo de 2025 se repartieron 900 millones de dólares en dividendos entre los accionistas. Luego, en octubre de 2025, sumaron otros 300 millones de dólares de dividendos repartidos. La oferta ganadora de los caños para Vaca Muerta que generó toda esta tensión fue de 203 millones de dólares. El negocio era importante para Techint y para la industria argentina, pero los números que manejan revelan que quedarse afuera no pone en riesgo a la empresa ni cerca.
Entre las empresas del Grupo Clarín, Telecom reportó una rentabilidad de más de 1.000 millones de pesos en 2024. Cablevisión Holding informó pérdidas, pero sus inversores leyeron que los datos del tercer trimestre de 2025 “incluye los resultados de Telefónica Móvil Argentina (“TMA”), que fue adquirida por Telecom Argentina el 24 de febrero de 2025”. Es decir, dan por hecho la compra aunque, en teoría, falta la aprobación del gobierno de Milei. Los ingresos por por servicios móviles crecieron un 79% “principalmente por la incorporación de los ingresos de TMA”, aclara el comunicado de la empresa.
Mercado Libre informó una ganancia de 1.911 millones de dólares en 2024, más del doble de lo que ganó en 2023 y con un aumento de la rentabilidad que pasó del 7 al 10%. En el mismo balance informan que se ahorraron 247 millones de dólares entre 2022 y 2024 por los beneficios impositivos de los que gozan.
Toda esta información da cuenta de lo complejas que son las tensiones que operan hoy entre Milei y los tres principales empresarios del país, Magnetto, Rocca y Galperín. La situación podría tentar a elegir bando, pero sería un error. Clarín es una traba histórica de la democracia informativa, Techint un avaro emperador de la industria y Mercado Libre un negocio financiero cerrado.
En el libro “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” Maquiavelo explica cómo la Iglesia era la responsable de la desunión de la Italia del siglo XVI ya que no tenía poder para gobernar pero sí para obstaculizar que otros gobiernen. Ese mismo poder tienen hoy las corporaciones. Más que matarlo Milei tendría que haberlo leído.
