Mucho grito, poca escucha: la apertura de Milei tuvo el menor impacto digital desde que asumió

Un informe de Enter Comunicación detectó que el Presidente profundizó la confrontación como estrategia, con menor volumen de conversación que en años anteriores y una oposición fuera de escena. La “moral como política de Estado” funcionó más como dispositivo de estigmatización que como programa de gobierno.

03 de marzo, 2026 | 12.06

La apertura del 144° período de sesiones ordinarias confirmó un desplazamiento: el mensaje ante la Asamblea Legislativa dejó de ser una instancia de rendición de cuentas para transformarse en una pieza de confrontación identitaria. Según el análisis de Enter Comunicación, el discurso de Javier Milei “funcionó como el lanzamiento táctico de un horizonte político extendido hacia 2027”, donde el recinto fue “un escenario de disputa moral más que política”.

La definición no es menor. El documento describe que la administración decidió “profundizar la lógica de la confrontación directa” y saturar la conversación pública con una narrativa que identifica a la oposición —dirigencial e incluso empresarial— como un “obstáculo ético” para su proyecto. En esa lógica, la apelación a la “moral como política de Estado” operó como un encuadre que reemplaza el debate programático por la descalificación del adversario.

Más agresividad que contenido

Los datos digitales refuerzan esa lectura. Con 138.925 menciones, fue la apertura con menor conversación desde que Milei asumió. La centralidad no estuvo dada por anuncios o lineamientos de gestión, sino por chicanas que dominaron el intercambio en redes.

El término más repetido fue “Kuka”, con más de 22 mil menciones. “Chilindrina troska”, dirigido a la diputada Myriam Bregman, superó las 9 mil y escaló entre las principales tendencias. También se viralizó el mote “oligarca disfrazado de pordiosero” contra Juan Grabois. Enter lo sintetiza con crudeza: “El humor y el sarcasmo reemplazaron a la argumentación en la pelea política”. El tono fue el mensaje. Y el mensaje fue la confrontación.

El 68,8% del sentimiento digital resultó positivo, pero el propio informe aclara que esa positividad se explica por la “amplificación masiva de la narrativa oficial” y el festejo militante de cada burla. No hubo expansión del debate sino reafirmación de la tribuna propia.

El documento también señala que la transmisión oficial evitó sistemáticamente mostrar a las bancadas opositoras y sus expresiones de disenso. En paralelo, en el ecosistema digital “no se detectaron consignas troncales ni estructuras de mensaje coordinadas que lograran disputar el sentido de la jornada”. Esa ausencia configuró, según Enter, una “zona liberada comunicacional” que permitió al oficialismo “copar la conversación en redes sociales sin encontrar resistencia semántica”. La hegemonía no fue producto de una discusión ganada, sino de un debate que no llegó a producirse. En ese contexto, la apertura se pareció más a un acto de reafirmación identitaria que a un mensaje institucional orientado a construir mayorías.

La moral como frontera

El recurso a la moral como eje estructurante tiene consecuencias políticas. Cuando el adversario es definido como inmoral, el conflicto deja de ser negociable. La diferencia se transforma en vicio; la discrepancia, en corrupción ética. Enter advierte que el Ejecutivo “posiciona a la administración frente a una oposición a la que identifica como un obstáculo ético para su gestión”. Ese encuadre clausura la posibilidad de deliberación y consolida una lógica binaria donde sólo cabe la adhesión o la condena.

La apertura de sesiones dejó menos conversación que en años anteriores, una narrativa apoyada en la descalificación y una oposición digitalmente ausente. El Congreso fue escenario, pero el destinatario real fue la tribuna.