El presidente Donald Trump aseguró este sábado que la Armada de Estados Unidos ya está trabajando para "retirar explosivos submarinos colocados por Irán" en el estrecho de Ormuz, en un intento por normalizar el tránsito marítimo en la zona. La iniciativa, de acuerdo al entorno del republicano, busca "restablecer la confianza" en el corredor por el que circula cerca del 20% del petróleo global.
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Tras la incursión militar de los Estados Unidos e Israel contra Irán, el gobierno de la República Islámica resolvió lanzar un contraataque rápido sobre las bases militares de esos dos países en la región. En paralelo, ordenó cerrar el estrecho de Ormuz y alteró todo el mercado internacional de petróleo crudo, además de poner sobre las cuerdas a la administración Trump, que intenta por todos los medios ganar el control de la zona.
Como medida preventiva, el gobierno de Teherán instaló minas marítimas para reforzar el bloqueo del paso. Pero ahora el gobierno norteamericano, bajo la excusa del alto al fuego alcanzado con los iraníes, las quiere retirar a toda costa. Sin embargo, especialistas advierten que el proceso podría extenderse durante meses y que la incertidumbre seguirá siendo un factor clave. Incluso si las autoridades estadounidenses aseguran haber despejado la zona, las dudas sobre la seguridad del paso podrían persistir entre navieras y aseguradoras, lo que complica el objetivo de rehabilitar plenamente el tránsito comercial.
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El factor psicológico en la geopolítica en torno a Ormuz
La investigadora Emma Salisbury, del Instituto de Investigación de Política Exterior del Foreign Policy Research Institute de Gran Bretaña, sostuvo que el impacto de las minas no es solo físico, sino también psicológico. Según explicó, "ni siquiera es necesario que existan explosivos reales para generar temor porque basta con la sospecha para desalentar la circulación de buques". Esta dinámica limita la capacidad de Estados Unidos para garantizar condiciones de seguridad creíbles en el corto plazo.
En paralelo, el Pentágono reconoció en informes internos que las tareas de desminado podrían demorar hasta seis meses, aunque evitó confirmar plazos oficiales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, señaló que las fuerzas armadas "cuentan con los recursos necesarios para neutralizar cualquier amenaza detectada", pero admitió que no se puede precisar un calendario definitivo.
"Incluso si Estados Unidos inspecciona el estrecho y declara que todo está despejado, a los iraníes les basta con decir: 'Bueno, en realidad, aún no los han encontrado a todos'", afirmó Salisbury, quien también es miembro del Centro de Estudios Estratégicos de la Marina Real. "Estados Unidos tiene un margen de maniobra limitado para devolver la confianza al transporte marítimo comercial", agregó al final.
