El sistema de subte de la Ciudad de Buenos Aires aumentó su precio más de 1.000% desde 2023. Un informe del Centro de Estudios Metropolitanos advirtió que el modelo actual tensiona la sustentabilidad del transporte público y como consecuencia, se detectó un 43% menos de pasajeros que viajaron en febrero 2026 contra febrero 2019.
El subte enfrenta un escenario crítico marcado por fuertes subas de tarifas y un servicio que no logra mejorar al mismo ritmo. Desde diciembre de 2023, el boleto pasó de valores cercanos a los $ 80 a superar los $ 1.300 en 2026, lo que implica un incremento acumulado de 1.096%.
Desde 2024, el boleto de subte equivale al doble del colectivo, cuando históricamente fue igual o inferior. Midiendo la tarifa por kilómetro de red, Buenos Aires es más caro que Brasil, México, Francia o España. Con 64 kilómetros de red, la Ciudad cobra más por km que París (246 km), Madrid (297 km) o Tokio (304 km).
Tarifa más cara: menos viajes
Según el documento, el balance anual de 2025 volvió a mostrar una caída en la cantidad de pasajeros transportados en el subte respecto del año previo, incluso considerando el efecto estadístico de la línea D, que había permanecido cerrada durante dos meses a comienzos de 2024 por obras.
Los datos oficiales indican que las seis líneas (A, B, C, D, E y H, sin incluir el Premetro) movilizaron en 2025 un total de 191,4 millones de usuarios, por debajo de los 198,5 millones de 2024 y de los 235,7 millones registrados en 2023, año que había marcado una fuerte recuperación tras la pandemia. En términos relativos, el sistema operó en 2025 con apenas el 59% del nivel de pasajeros de 2019, contra el 61% de 2024 y el 72% alcanzado en 2023, consolidando así una tendencia descendente.
Si se excluyen los datos de la línea D —para evitar distorsiones vinculadas al cierre de enero y febrero de 2024 y su posterior normalización— el comportamiento es similar. El resto de las líneas había alcanzado en 2023 el 73% de los pasajeros prepandemia, cayó al 66% en 2024 y se ubicó en torno al 61% en 2025. Sin considerar esa anomalía puntual, todas las líneas muestran una evolución negativa desde 2023.
Dentro de ese contexto, la línea E aparece como la menos afectada por la pérdida de usuarios, tanto en los últimos dos años como en comparación con los niveles previos a la pandemia. Esto se explica por un factor estructural: la incorporación del tramo Bolívar-Retiro en junio de 2019, que todavía no había impactado plenamente en las estadísticas prepandemia.
Los datos preliminares de febrero muestran una mejora interanual frente al mismo mes del año anterior. Sin embargo, esta dinámica ya se había observado en varios meses de 2025 sin modificar la tendencia general de caída en el total anual.
Aun con esas subas puntuales, el subte sigue siendo el medio de transporte con mayor pérdida de pasajeros respecto de 2019: en febrero egistró un 43% menos de usuarios pagos que en igual mes de ese año. En comparación, la caída fue del 37% en los trenes metropolitanos y del 17% en las líneas de colectivos del AMBA.
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En ese marco, aunque la crisis del transporte público es generalizada y responde a múltiples factores —como cambios en los hábitos de movilidad tras la pandemia o el deterioro de la actividad económica, el comercio y el empleo—, el subte muestra una recuperación más débil y un agravamiento de la caída de pasajeros en los últimos años. Esto sugiere la existencia de problemas específicos del sistema más allá del contexto general.
Brecha tarifaria
Históricamente, la tarifa del subte se mantuvo igual o por debajo del boleto mínimo de otros medios, como el tranvía primero y el colectivo después. Incluso en los años 90, con el servicio concesionado y tarifas dolarizadas, el subte seguía siendo más económico que el colectivo en su tramo inicial. Sin embargo, esa relación se modificó drásticamente en los últimos años.
En diciembre de 2025, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires intentó corregir la brecha tarifaria al establecer un nuevo esquema de actualización: el subte aumentaría un 1% mensual por encima del IPC, mientras que el colectivo lo haría al 2%, lo que apuntaba a una convergencia gradual entre ambos valores.
No obstante, en febrero, esa medida fue revertida mediante una nueva resolución que reinstauró el criterio previo, fijando aumentos del IPC más un 2% adicional sin diferenciar entre medios de transporte. De este modo, el boleto de subte continuó ajustándose bajo esa fórmula entre abril de 2025 y febrero de 2026, con dos incrementos puntuales en marzo y abril que apenas redujeron la diferencia con el colectivo, y volverá a regirse por el esquema de IPC +2% a partir de mayo de 2026.
En este contexto, el desafío que plantea el reporte es diseñar un modelo que combine tarifas accesibles, financiamiento estatal e inversión en infraestructura. De lo contrario, el subte podría perder su rol central dentro del sistema de transporte público urbano.
