Con Javier Milei en el Gobierno, el poder adquisitivo de los jubilados que perciben el haber mínimo con bono se hundió profundamente en los últimos dos años si se mide en términos de productos de la canasta básica relevados por el Indec. Tanto en alimentos como en elementos esenciales de limpieza, la caída es pronunciada y demuestra el efecto del ajuste en el sistema previsional en su faceta más dura.
Mientras en noviembre de 2023 un jubilado que cobraba la mínima con bono ($ 124.459) podía acceder a una determinada cantidad de alimentos y productos de consumo cotidiano, en febrero de 2026, con un ingreso de $ 343.086, la cantidad de unidades que puede comprar se redujo en la gran mayoría de los casos.
La comparación muestra caídas pronunciadas en varios alimentos. Por ejemplo, el poder de compra en asado bajó 37,5%, pasando de 34,4 kilos a 21,5 kilos. En paleta, corte caracterizado por formar parte de comidas baratas, la reducción fue del 35%, mientras que en hamburguesas congeladas cayó cerca de 33%.
También se registran retrocesos importantes en otros productos básicos:
- Aceite de girasol: -36,5%
- Leche: -23,9%
- Queso cremoso: -26,3%
- Manteca: -26,2%
- Café molido: -52%, una de las caídas más fuertes
En artículos de limpieza y consumo diario también se observa un deterioro del poder de compra. Con el ingreso mínimo actual se pueden adquirir 29% menos jabones de tocador, 25% menos detergente y 22% menos lavandina que a fines de 2023.
En algunos productos específicos se registraron excepciones. Los fideos secos aumentaron la cantidad accesible en torno al 32%, mientras que el azúcar mostró un fuerte incremento relativo por la baja de su precio respecto de otros bienes. El vino también registró una mejora moderada.
Sin embargo, al observar el conjunto de los productos analizados, la tendencia general muestra un deterioro del poder de compra. En promedio, la cantidad de unidades de la canasta que puede adquirir un jubilado con la mínima pasó de alrededor de 135 productos a 117, lo que refleja una reducción significativa en la capacidad de consumo.
La evolución evidencia que la suba de precios en alimentos y bienes básicos creció a un ritmo insostenible para el bolsillo de los jubilados, que ven cómo su ingreso real se reduce mes a mes.
En el arranque del 2026, las jubilaciones siguen perdiendo
Durante el primer trimestre del año, las jubilaciones que incorporan el bono adicional se ubicaron un 18,2% por debajo del nivel que tenían en la última etapa del gobierno de Alberto Fernández, de acuerdo con cálculos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). En el caso de los haberes que no incluyen ese refuerzo, la reducción fue menor, aunque igualmente relevante: registraron una caída del 2,6% en la misma comparación.
El análisis trimestral se considera más apropiado desde el punto de vista metodológico, ya que contempla el mecanismo de actualización que regía bajo la fórmula anterior. Si la jubilación mínima sin bono se ajusta por inflación tomando como referencia la canasta de consumo de 2017/18, la pérdida de poder de compra frente al último trimestre de 2023 llega al 11,5%.
A este deterioro se suma que el bono de $ 70.000 destinado a quienes perciben la jubilación mínima permanece sin cambios desde hace dos años. Si ese monto hubiera sido actualizado con el mismo criterio aplicado al haber previsional, en marzo debería rondar los $192.435. Esto implica que los beneficiarios de la mínima están dejando de percibir aproximadamente $122.435 por mes.
Advertencia sobre el impacto de la reforma laboral
Al ajuste se añadió un factor aún más amenazante. Un informe elaborado por el Observatorio del Control Público de la Fundación Éforo señaló que la reforma laboral impulsada por el gobierno de Milei podría profundizar las dificultades del sistema previsional.
El estudio advierte que la iniciativa podría incrementar la informalidad laboral hasta cuatro puntos porcentuales, lo que tendría consecuencias directas sobre la recaudación que financia las jubilaciones.
Según el documento, ese aumento del empleo no registrado provocaría una merma anual cercana a los U$S 4.000 millones en aportes y contribuciones al sistema. El informe agrega que cada punto adicional de informalidad implica una pérdida aproximada de U$S 975 millones por año para el régimen previsional.
En un escenario donde las jubilaciones ya vienen mostrando un deterioro en su poder adquisitivo, una caída adicional en los ingresos del sistema podría acentuar los desequilibrios fiscales. En Argentina, las contribuciones patronales representan alrededor del 11% del Producto Bruto Interno, por lo que una disminución significativa afectaría el financiamiento de la seguridad social.
