Los casos de hantavirus que en estos días reportó el crucero MV Hondius después de partir desde el puerto de Ushuaia, en Tierra del Fuego, no solo atrajeron el interés de múltiples medios del mundo, sino que llaman la atención sobre un cuadro que en lo que va del año también está protagonizando un brote “inusual” en la Argentina, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN). Según este informe semanal, en el período que va del 29/3 al 4/4 de este año, se notificaron 9 casos nuevos en el país ubicados en PBA (4), Salta (3), Jujuy (1) y Chubut (1). En lo que va del año se notificaron 42 y desde el inicio de la temporada (SE 27 de 2025) el total suma 101 confirmados. La mayoría se concentra en la región Centro. Sin embargo, la tasa de incidencia más elevada corresponde a la región del NOA (0,60 casos por 100.000 habitantes), donde se registraron 36 confirmados, de los cuales el 83% se concentra en Salta. Aunque se trata de una patología no muy frecuente, otro dato que agrega preocupación es su letalidad, que en esta temporada es la más alta de que se tenga registro: casi 30% (la habitual oscilaba entre el 10 y el 22%).
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Los hantavirus son transmitidos por roedores silvestres; en particular, los ratones “colilargos”, llamados así porque la longitud de su cola casi duplica la de su cuerpo. Las personas lo adquieren cuando aspira aerosoles procedentes de sus excrementos, orina o saliva; en especial, esto ocurre en los que están muy expuestos a ellos, como los trabajadores agrícolas en lugares donde las tierras de cultivo se solapan con el hábitat silvestre de los ratones, o en casas o depósitos abandonados hace tiempo en los que pueden haberse alojado. En raras ocasiones puede haber transmisión de persona a persona, algo que se verificó con el subtipo “Andes”.
Según informó el Ministerio de Salud de la Nación, el 2 de mayo, el Centro Nacional de Enlace (CNE) de Países Bajos comunicó a la Argentina que se había producido un brote de hantavirus a bordo de un crucero con 147 pasajeros y tripulantes de 23 países. El buque había zarpado de Ushuaia, Tierra del Fuego, adonde había llegado desde Montevideo, el 1 de abril y siguiendo un itinerario por el Atlántico Sur, con múltiples escalas. En este momento, se encuentra en las costas de Cabo Verde, con sus pasajeros y tripulación aislados y manteniendo el distanciamiento necesario para prevenir nuevos contagios mientras funcionarios de la Organización Mundial de la Salud confirma las infecciones mediante diagnóstico de laboratorio y verifica el estado de aquellos con síntomas. De los seis casos registrados en el buque, tres fallecieron.
Tierra del Fuego no tiene casos reportados desde que se descubrió el cuadro, en los años ochenta. Cómo llegó el hantavirus al crucero todavía es una pregunta abierta. Dado que la infección tarda entre 10 días y un mes en dar síntomas, los turistas podrían haberlo contraído en una etapa previa de su viaje, por ejemplo. “Yo supongo que no deben haber bajado solo allí –comenta el virólogo Mario Lozano, ex decano de la Universidad Nacional de Quilmes–. De cualquier manera, que no haya habido casos registrados, no quiere decir que no haya habido casos. Seguramente hay algo de circulación en Tierra del Fuego, por más que no se informe sobre la existencia de ratones colilargos en la provincia. Tampoco se puede descartar que el hantavirus se haya adaptado a otro roedor de Tierra del Fuego, aunque con baja circulación. Hay todo un desconocimiento, debido a que el Estado Nacional es el que controla ahora el puerto de Ushuaia y la provincia no tiene forma de saber quiénes bajaron, dónde bajaron, adónde fueron, si fueron a Chile o no. Los roedores y los hantavirus que ellos transportan están en América desde hace dos millones de años. Los humanos entramos al continente hace 10 o 15.000, la hipótesis más extrema sugiere que hace 40.000 años. Si nosotros llegamos a Tierra del Fuego, no parece ilógico que los roedores con los hantavirus también estén ahí y que, como el virus se transmite muy poco y produce una casuística muy baja en cualquier región del mundo, no se haya detectado. Hay que tener en cuenta que en América, hasta que hubo un médico muy despierto, que trabajaba con los pobladores navajos en el sudoeste de los Estados Unidos, se dio cuenta que había algo raro con un brote de una enfermedad pulmonar y mandó muestras al CDC, no se conocían los hantavirus de los que ahora tanto hablamos”. Entre las posibilidades, está la de que se hubiera metido un roedor infectado en el barco en Montevideo, donde atracó y también circula una versión del virus Andes llamada “Andes Plata”.
Según el BEN, la hantavirosis es una zoonosis emergente que en el Viejo Mundo causa fiebre hemorrágica con síndrome renal, pero en esta parte del planeta se manifiesta con un síndrome cardiopulmonar: inicio abrupto con fiebre, malestar general y síntomas gastrointestinales, seguido de dificultad respiratoria e hipotensión. En el país se identificaron áreas de riesgo en cuatro regiones geográficas: Noroeste (Salta, Jujuy y Tucumán), Noreste (Misiones, Formosa y Chaco), Centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos) y Sur (Neuquén, Río Negro y Chubut). Si bien los casos se notifican durante todo el año, se observa una marcada estacionalidad, con mayor incidencia entre octubre y mayo.
“La amplia distribución de los reservorios, sumada a la creciente interacción humana con ambientes silvestres, destrucción del hábitat, establecimiento de pequeñas urbanizaciones en zonas rurales y el cambio climático, favorece la aparición de casos en provincias fuera de las áreas históricamente endémicas”, explica el informe. Se sospecha infección por hantavirus en personas que residan o hayan estado en zonas con circulación viral y presenten fiebre sin etiología definida, que puede estar acompañada de mialgias, escalofríos, astenia, cefalea o dolor abdominal, que hayan tenido en las seis semanas previas exposición a roedores o sitios donde habita el reservorio; o bien contacto estrecho con un caso confirmado de hantavirosis por virus Andes.
A nivel nacional, la cantidad de casos para la temporada 2025-2026 se encuentra por encima del umbral de brote respecto de los valores esperados teniendo en cuenta los casos presentados en otros años, informa el BEN, con una letalidad del 30%, más elevada que la de las temporadas previas. La tasa de mortalidad de la temporada actual es cuatro veces mayor respecto de la anterior y la más alta de todo el periodo analizado.
El episodio en el MV Hondius provocó ansiedad entre los investigadores de enfermedades infecciosas de todo el mundo. Vaithi Arumugaswami, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de California en Los Ángeles, afirma en Nature que los hantavirus no representan un riesgo de pandemia, pero el incidente es una advertencia de que los virus deben ser monitoreados y que se necesita más investigación para desarrollar vacunas y tratamientos para ellos. Para Rhys Parry, virólogo molecular de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia, también consultado por Nature, “Cualquier brote en el barco probablemente resultó del contacto con material de un roedor infectado, en lugar de transmisión entre personas. Varios podrían haber estado expuestos a través de la misma área contaminada”. Como los síntomas a menudo comienzan entre una semana y un mes después de la exposición, los pasajeros o miembros de la tripulación podrían haber contraído la enfermedad antes de embarcar, durante excursiones en tierra o a bordo.
Lozano, por su parte, advierte que todavía no se secuenció el agente causal de modo que hay que confirmar de qué subtipo se trata. Por otro lado, la transmisión entre humanos es una situación muy infrecuente. “Es cierto que hay casos documentados de transmisión interhumana del virus Andes y de ningún otro hantavirus –destaca–. Sin embargo, son paradigmáticos, en el sentido de que fueron médicos que tuvieron un contacto muy, muy cercano con un paciente, pero sigue siendo un virus que rara vez se transmite entre humanos. Hay que saber el itinerario que tuvo esta gente para poder calcular dónde se lo pudieron haber ‘pescado’”. Lo que agrava la situación, agrega, es que “no hay campañas de prevención en ninguna enfermedad, hay desconexión entre las autoridades provinciales y las nacionales, la Argentina se fue de la OMS, con lo que hay algunos controles que la OMS pide en los puertos que no se deben estar haciendo, y tampoco recibimos información directa de esa entidad porque no somos país miembro… Seguramente si siguiéramos integrando [la organización sanitaria internacional], los ministros de salud tendrían acceso a información un poco más privilegiada y más rápida que la que tienen los medios de comunicación”.
