La industria gastronómica padece el contexto de crisis económica que generó el gobierno de Javier Milei y el centro porteño se despedirá de un nuevo local histórico. Uno de los bares notables de Avenida Corrientes comunicó el cierre de sus puertas.
El emblemático Palacio de la Papa Frita cerró sus puertas de forma inesperada. Fundado en enero de 1952 en Corrientes 1612, casi esquina Montevideo, el local fue sellado con chapas a la 1 de la mañana del lunes y el personal se encontró con el cierre definitivo al llegar el martes.
Este bar notable, conocido como “Los reyes de la papa souflé”, había sido declarado Bar Notable en 2015 y contaba con una historia profunda que atravesaba generaciones. Muchos de sus empleados tenían más de 30 años trabajando allí, por lo que la noticia sorprendió y generó gran desconcierto entre el personal.
El Palacio de la Papa Frita fue creado por un grupo de socios españoles y, con el paso del tiempo, se convirtió en una marca querida y un punto de encuentro para figuras emblemáticas. Figuras como Alberto Olmedo, Astor Piazzola, Charly García y Marcelo Gallardo, entre otros, frecuentaban sus mesas, que albergaban a 228 comensales distribuidos en dos plantas.
Los motivos del cierre del Palacio de la Papa Frita
En el último tiempo, el local intentó atraer público con peñas, milongas y menús más accesibles, aunque la crisis económica impactó fuerte. La causa principal del cierre fue el aumento del alquiler, que estaba pactado en dólares y se ajustaba trimestralmente. Desde el restaurante explicaron: “Era imposible afrontar el alquiler. Cuando quisimos renovar, nos pidieron el doble. Estuvimos negociando, pero no llegamos a un acuerdo”.
A pesar del cierre en Corrientes, los dueños anunciaron que planean reabrir el Palacio en un local a la vuelta, en Paraná 350, junto a Pippo. El nuevo espacio también será de dos plantas y tendrá capacidad para 230 cubiertos. Actualmente está en reformas porque no estaba acondicionado para gastronomía. “La idea es reabrirlo en un mes y medio”, confirmaron en diálogo con BAE.
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Sin embargo, la transición no fue sencilla para los empleados, quienes se enteraron del cierre al llegar y no pudieron retirar sus pertenencias. Desde la empresa aseguran que mantendrán al mismo personal, a pesar de la reciente reforma laboral, y prometen que “muy pronto estaremos recibiéndolos en nuestra nueva casa de Paraná 350”.
Los nuevos inquilinos del local cerrado, que decidieron tapiar el frente, pertenecen al grupo propietario de las pizzerías Kentucky. Aunque la mudanza es cercana, la avenida Corrientes pierde un símbolo que marcó época y dejó una huella imborrable en la cultura porteña.
