La industria del cine atraviesa un momento complicado en el contexto de crisis económica que generó el gobierno de Javier Milei y, tras la caída de las ventas, tres históricas salas cerraron sus puertas.
En marzo de 2026, la venta de entradas registró una caída del 27,3% respecto al mismo mes del año anterior, marcando la tercera peor cifra en tres décadas. Mientras las grandes cadenas logran resistir esta baja, los cines más chicos y emblemáticos de ciudades pequeñas no corren la misma suerte y varios ya bajaron sus persianas.
Uno de los cierres más recientes fue el del cine ubicado en el Auditorio Libertador de Villa Ramallo, provincia de Buenos Aires. Esta sala histórica había reabierto en junio de 2024.
La reapertura se llevó adelante tras un esfuerzo conjunto entre el municipio, MYT Producciones y la empresa Animadix, que aportaron fondos para renovar la sala de 200 butacas, la pantalla, un proyector 2D y 3D, y un sistema de sonido 7.1. También se pintó el edificio, se mejoró la iluminación y se instaló un candy bar, pero la reapertura no alcanzó para sostener la sala.
María Eugenia Carrero, productora de MYT, expresó: “Lamentablemente es una triste noticia, veníamos remando en dulce de leche. Si bien el público había bajado en todos lados, en Ramallo fue decayendo, decayendo y no repuntó”. Su testimonio refleja la dificultad que enfrentan estos espacios para mantener la afluencia de espectadores.
Cerró el cine más antiguo de la Costa
En San Clemente del Tuyú, el cierre del cine Gran Tuyú generó gran tristeza. Fundado en 1937, este emblemático lugar estaba a punto de cumplir 90 años y se despidió con un emotivo mensaje en Instagram: “Después de tantos años, llega el momento que nunca quisimos escribir. NUESTRO CINE CIERRA SUS PUERTAS. Pero antes de apagar el proyector por última vez, queremos decir algo: GRACIAS”.
Además, a principios de año, el 7 de enero, la cadena Cines de la Costa confirmó el cierre de su sala ubicada frente al río en Corrientes. En su comunicado, agradecieron a quienes los acompañaron y destacaron el significado que tuvo para la comunidad, marcando otro golpe para la oferta cultural local.
Estas bajas en el interior se explican por una combinación de factores: la caída en la venta de entradas, los costos elevados para mantener las salas y los cambios en los hábitos de consumo audiovisual, donde la pantalla chica ofrece gran variedad de películas accesibles desde casa, aunque la experiencia no sea la misma.
Para dimensionar la magnitud del descenso, basta comparar con marzo de 2016, cuando se vendieron 4,5 millones de entradas, récord histórico. Diez años después, en marzo de 2026, apenas se vendieron 1.599.122 entradas, menos de un tercio, a pesar de las promociones y descuentos que intentan atraer público.
