Hace poco más de un año, un paciente argentino de 34 años enfrentaba el final de su vida deportiva. Una lesión "gigante" en la rodilla izquierda, de aproximadamente tres centímetros en el cartílago condrofemoral interno (en la parte posterior de la rótula y el fémur) había resistido todos los tratamientos disponibles. El hueso estaba completamente expuesto a la otra carilla articular y eso le generaba un dolor constante que amenazaba con culminar en el único camino que parecía quedarle: el reemplazo articular total.
Pero Mariela Guasti, jefa del Servicio de Medicina Regenerativa de Cemic y presidenta de la Sociedad Latinoamericana de Medicina Regenerativa (Solmr), le ofreció una alternativa: regenerar e implantar un cartílago articular "cero kilómetro" fabricado a partir de sus propias células. Lo mejor llegó luego de la intervención concretada con Eduardo Abalo, jefe de cirugía de rodilla de Cemic, cuando las resonancias de control mostraron una imagen que resultaba difícil de creer: la rodilla estaba intacta, parecía no haberse lesionado jamás.
Esta técnica innovadora se llama Implante de Condrocitos Autólogos (ICC, por sus siglas en inglés de Instant Cemtro Cell) y es la única terapia celular avanzada aprobada tanto por la FDA estadounidense como por la EMA europea capaz de regenerar íntegramente el cartílago articular, ese tejido elástico y resistente que recubre los extremos de nuestros huesos y permite que se desplacen sin fricción ni dolor. La innovación no repara, un proceso que siempre deja una cicatriz, sino que lisa y llanamente regenera lesiones pequeñas o múltiples, y también extensas; es decir, devuelve el tejido a su estado original.
Aquella intervención fue un éxito y luego se hicieron otras, pero hasta ahora, los esfuerzos de Guasti para hacer que esta técnica estuviera disponible en la Argentina se encontraban con un obstáculo insoslayable: el cultivo de las células se hacía en la Clínica Cemtro de Madrid. "Teníamos que llevar la biopsia a España y a las seis semanas, volver a buscar el cultivo", explica. Sin embargo, eso está a punto de cambiar. Está finalizándose la instalación de un laboratorio en la sede de Cemic Las Heras que funcionará bajo la dirección técnica de la biotecnóloga Aída Sterin de Prync. "Ya tenemos programados los primeros pacientes para hacer implante de condrocitos con todo el proceso hecho en Argentina en abril", se entusiasma.
MÁS INFO
La tecnología está siendo transferida por el laboratorio Amplicel de España. "En la última semana de marzo o la primera de abril van a venir investigadores de allá para supervisar los primeros lotes productivos, los primeros cultivos que hagamos", destaca.
El cartílago articular es un milagro de la ingeniería biológica. Sin nervios, sin vasos sanguíneos, amortigua la sobrecarga y evita que nuestros huesos, inervados y vascularizados, rocen entre sí y nos provoquen dolor. Los condrocitos, las únicas células del cartílago, son responsables de producir y mantener su matriz extracelular, esa combinación de colágeno y proteoglicanos [macromoléculas presentes en la piel y el cartílago] que proporciona resistencia y elasticidad a las articulaciones.
Pero precisamente porque es avascular [no tiene vasos sanguíneos], el cartílago no se recupera de manera natural. "Es un tejido muy especializado, de muy baja actividad metabólica y muy exquisito para muchas cosas –explica Guasti–. Por eso, cuando se lesiona, ya sea por una patada, una caída, movimientos repetitivos, una fractura o por procesos degenerativos, como la artrosis, el organismo no puede regenerarlo por sí mismo".
Las lesiones pueden ser focales (como las condromalacia [reblandecimiento y desgaste del cartílago debajo de la rótula], osteocondritis [cuando un fragmento de hueso y cartílago se debilitan y puede desprenderse], "arrancamientos" [cuando se rompen los ligamentos cruzados de la rodilla]) o extensas, producto del desgaste. “Y como aumentó tanto la esperanza de vida y las personas quieren seguir haciendo deporte, en ciertos rangos de edad la prevalencia de población con artrosis es muy alta –advierte la especialista–. Todos vamos a tener artrosis de alguna articulación por el solo hecho de ‘bipedestar’, porque estamos parados sobre nuestros pies durante toda la vida y las articulaciones se van desgastando".
La rodilla es, por lejos, la articulación que más consultas origina. "No solamente en los casos de artrosis, que impacta mucho porque carga todo el peso del cuerpo, sino en deportistas profesionales y amateurs –detalla la médica–. El fútbol, por ejemplo, es un deporte ‘diseñado’ para lastimar la rodilla, porque exige constantemente la hipertensión para patear, todo el tiempo se va del rango de movimiento limitado por la rótula y las lesiones son muy frecuentes".
Guasti confiesa que lo que la empujó a traer esta tecnología a la Argentina no fue solo una meta científica, sino también ética. “Muchas veces los pacientes, en su desesperación, se ponen cualquier cosa con tal de librarse del dolor –comenta–. Esos tratamientos sin respaldo científico pueden generar daños. Por ejemplo, las células mesenquimales de tejido adiposo tienen potencialidad evolutiva, nunca van a formar cartílago, y además presentan riesgo de desarrollar sarcomas [un tipo de cáncer]”.
MÁS INFO
El de los deportistas profesionales es uno de los grupos que más se puede beneficiar. Con frecuencia los infiltran con corticoides y terminan de dañarles el cartílago, afirma Guasti, y cuando se retiran de la práctica lo hacen como si fueran ancianos.
Quienes se sometan a una de estas intervenciones, deberán comenzar por una evaluación exhaustiva. "Primero, hay que estudiar al paciente para ver si le corresponde", explica Guasti. En el caso de la rodilla, se requiere un escanograma de los miembros inferiores [estudio radiográfico especializado que utiliza rayos X para obtener imágenes detalladas y medir con precisión la longitud real y los ejes óseos de las piernas, desde la cadera hasta los tobillos] y una resonancia magnética. "Con eso definimos si la lesión es posible de regenerar”, agrega.
En caso afirmativo, se procede a una primera artroscopía ambulatoria. "Se le saca una muestra muy pequeña, del tamaño de dos o tres granitos de arroz, de una zona que no soporta peso para no comprometer la funcionalidad de la articulación", detalla.
Esa muestra se envía al laboratorio, donde se procesa, se le quita la matriz extracelular, se rescatan las células, y se ponen a cultivar entre cuatro y seis semanas. Durante este tiempo, se multiplican hasta alcanzar alrededor de 20 millones de condrocitos, la cantidad necesaria para cubrir la superficie de la lesión. La “magia” ocurre en ambiente controlado: las células se impregnan sobre una membrana de colágeno especialmente diseñada para este procedimiento.
Por último, se hace una pequeña incisión para poner al descubierto la lesión y se insertan los condrocitos sembrados en la membrana de colágeno que se sutura al defecto y comienza la rehabilitación.
"En tres meses, la membrana se reabsorbe por completo y la lesión se reviste con cartílago autólogo del paciente. Queda como si no se hubiera lesionado”, subraya la especialista.
Una de las mayores ventajas del ICC es su perfil de seguridad. "No hay peligro de tumores porque trabajamos con células adultas; es decir, que no pueden transformarse en otra cosa –asegura–. Como son células autónomas, adultas y diferenciadas del propio paciente, tampoco hay peligro de rechazo".
Los resultados a largo plazo son igualmente sorprendentes. Las personas tratadas hasta ahora en la Argentina mostraron resultados similares a los de cientos de pacientes intervenidos en España, con seguimiento a más de ocho años. Más del 90% pueden regresar a la actividad deportiva de alto rendimiento. "Y si la exigencia es menor, y a la persona le alcanza con llevar una vida normal, el pronóstico es excelente", añade Guasti.
Los tiempos de rehabilitación varían según la articulación. "En las que soportan peso (como la cadera, el tobillo o la rodilla), la rehabilitación es un poco más larga que en el caso de un codo o una muñeca –aclara–. Pero de inmediato hay un efecto biomecánico que va a generar alivio del dolor. Los condrocitos empiezan a sintetizar su matriz extracelular, la membrana se va reabsorbiendo y en poco tiempo ya no se puede distinguir el sitio del implante", describe.
MÁS INFO
Si bien la rodilla es la articulación más frecuentemente tratada con esta estrategia, los beneficios se extienden también a esas otras articulaciones. “Lo que se reconstruye es cartílago hialino, que es el que reviste todas las articulaciones, con lo cual si la lesión es accesible, sea en cadera, rodilla, hombro, codo, mano o tobillo, se puede hacer”, enumera.
Pero los planes de Guasti van más allá. Está trabajando con el laboratorio de bioingeniería y biomateriales de la UNSAM, que hace impresión en 3D de biomateriales. “Quería tener la tecnología en la Argentina, porque me interesaba poder ampliar la indicación a personas con artrosis de grados leves a moderados –explica–. Para eso, necesito un andamio, que podría ser una malla de policaprolactona [poliéster biodegradable, biocompatible y semicristalino, ampliamente utilizado en medicina estética como relleno inyectable y bioestimulador de colágeno] o algún material reabsorbible para poder ‘funcionalizar’ esas mallas con condrocitos autólogos". Esto le permitiría tratar incluso pacientes con artritis, con la enfermedad reumática controlada.
Un detalle importante es que este procedimiento cuesta una fracción de lo que sale una prótesis, cuya duración es de alrededor de diez años, dependiendo de los pasos que dé una persona. "Una vez que se reemplaza una articulación, hay que volver a hacerlo aproximadamente cada diez años, con los riesgos que entraña –afirma Guasti–. Esto es mínimamente invasivo y la rehabilitación es para volver a actividades intensas, no solo para volver a caminar".
Por último, una de las innovaciones más prometedoras que se propone crear a partir del nuevo laboratorio es un “banco de condrocitos” para que cualquier persona que tenga que someterse a una artroscopía, por el motivo que sea, pueda preservar los suyos jóvenes para utilizarlos tal vez décadas más tarde en el caso eventual de que necesite regenerar cartílagos. “Esta opción será relevante para deportistas profesionales, especialmente jugadores de fútbol y otros atletas de alto rendimiento que están constantemente en riesgo de lesiones –comenta–. Algo así como un seguro biológico contra el desgaste articular”.
