El Escudo de las Américas: la nueva arquitectura militar de Washington en la región

La alianza estratégica entre Javier Milei y Donald Trump se inscribe en un proyecto geopolítico más amplio impulsado por Estados Unidos para reorganizar la seguridad del hemisferio. El llamado “Escudo de las Américas” busca articular una coalición militar regional alineada con Washington, con objetivos que van desde el combate al narcotráfico hasta la contención de influencias extranjeras y eventuales intervenciones políticas.

08 de marzo, 2026 | 00.05

En medio de dos ráfagas de insultos, el presidente Javier Milei lo dijo claramente, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el 1º de marzo: “(Se) requiere una alianza estratégica duradera. Y eso es lo que estamos construyendo con Estados Unidos de Norteamérica. Esto no es solo un acuerdo entre el presidente Trump y el presidente Milei. Tiene que ver con la afinidad cultural y de objetivos estratégicos entre los dos países y de toda la región”.

El argentino utilizó casi las mismas palabras que el ministro de Guerra estadounidense Peter Hegseth, ayer en Miami, al presentar (después de Trump), el Escudo de las Américas.

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Y esta no es la única “casualidad”. Hegseth habló de “coraje” y usó la misma metáfora que Milei en el Congreso. “Tenemos que tener coraje. Tenemos un comandante en jefe (Trump) que marca el rumbo de la brújula”, dijo el norteamericano. ”Y Milei: “Tiempos de cambio requieren un diagnóstico correcto, una brújula moral calibrada y el coraje para actuar” (¿quién habrá escrito los discursos?).

¿Qué es el Escudo de las Américas? Trump lo definió como una nueva coalición militar para erradicar cárteles, criminales, pandillas e “influencias extranjeras hostiles” (léase China). Si bien se refirió constantemente a “todo el hemisferio”, o sea, a todos los países americanos, la realidad es que sólo estaban presentes alrededor de un tercio: 12 de 34 países.

La pluralidad de ideas no fue invitada. Los 12 mandatarios son de derecha o de extrema derecha como Trump y Milei. Estuvieron los representantes de El Salvador, Panamá, Trinidad y Tobago, Paraguay, Ecuador, Honduras, Guyana, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana y Chile.

Dos cosas llamaron la atención: primero que presidentes de la talla de Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro no fueran invitados y segundo: si se trata de combatir las bandas de narcotráfico, ¿por qué razón fueron excluidos nada menos que Colombia y México? ¿Será que el Escudo de las Américas tiene, además, otros objetivos?

A lo largo del discurso Trump fue respondiendo a esa pregunta. Traducido con mis palabras y sin anestesia, Estados Unidos necesita que nuestros ejércitos hagan el trabajo sucio que su gobierno necesita:

  1. “combatir el acceso de extranjeros que son un cáncer”;

  2. erradicar los cárteles (los comparó con “erradicar al Estado Islámico de Medio Oriente”. Extraña comparación: ISIS no es un grupo criminal narco sino una formación paramilitar con fines políticos ¿habrá también persecuciones políticas de organizaciones opositoras consideradas terroristas?)

  3. tener el aval de nuestros países y la cooperación de nuestras Fuerzas Armadas para aventuras golpistas. Algo así como “Si ustedes me lo piden nosotros podemos encargarnos”. El ejemplo fue Cuba, país que según Trump “está al final del camino”. Señalando a los mandatarios que lo escuchaban dijo: “Muchos de ustedes me pidieron que me encargara de Cuba. Me voy a encargar (aplausos de los asistentes). Una vez que lo de Cuba y Venezuela esté claro, bajo la nueva doctrina, no permitiremos que influencias hostiles extranjeras pongan el pie en este hemisferio. Esto incluye al Canal de Panamá”. No nombró a Tierra del Fuego ni al Estrecho de Magallanes, pero también son parte.

  4. expandir la colaboración de nuestros ejércitos hacia escenarios que convienen a Washington. Trump expresó esto, muy ambiguamente, en referencia a México. En medio de la enumeración de las intervenciones de EEUU (ISIS, Venezuela) dijo: “Tenemos que reconocer que el epicentro de los cárteles es México (…) Yo le ofrecí a la presidenta encargarme de ellos, pero no aceptó”. Y arengó de manera confusa: “Tenemos que erradicarlos. Tenemos que comprometernos de nuevo con la ley y el orden”.

La nueva arquitectura

Trump tiene como meta frenar el declive relativo de la hegemonía norteamericana en el mundo. Su plan incluye la creación de nuevas entidades “multilaterales”, alineadas férreamente con Estados Unidos, que neutralicen las organizaciones internacionales como Naciones Unidas. El Escudo de las Américas es la versión regional de la Junta de la Paz (supuestamente para Gaza) que presentó en enero pasado en Davos.

El Escudo estará dirigido por Kristi Noem, ex Secretaria de Seguridad Nacional, tristemente conocida como la “caza migrantes” ya que durante su gestión fueron asesinados en Minnesota, entre otros, dos ciudadanos estadounidenses que se oponían a las redadas.

Noem definió al Escudo como una coalición militar “del hemisferio occidental que es fundamental para la seguridad de EEUU”. Estas alianzas no son nuevas en América latina, pero habían quedado congeladas a partir de los gobiernos populares de las dos primeras décadas del siglo XXI. Con la creación del Consejo de Defensa Suramericano de la UNASUR en 2008 se fortaleció la consulta y la cooperación soberana entre nuestros países (sin la injerencia estadounidense) al punto que, por ejemplo, se consolidó la región como área de paz.

Por esta razón, el ingreso de nuestros países al Escudo de las Américas sin consultar previamente a los congresos nacionales estaría fuera de la ley.

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, EEUU —que ya se autoproyectaba como potencia— creó en 1942 la Junta Interamericana de Defensa (JID). La excusa del aquel momento fue el ataque de Japón a Pearl Harbor. El plan consistió en formar un sistema militar interamericano que actuara mancomunadamente, pero bajo las órdenes estrictas de Washington. En la práctica resultó ser una cadena de mando a través de la cual el Pentágono bajaba la línea política e ideológica a las FFAA latinoamericanas.

En el caso de Argentina, la sumisión al Pentágono se produjo tras el golpe de Estado militar de 1955. El dictador Pedro Eugenio Aramburu se alineó en forma incondicional a EEUU y se permitieron concesiones vergonzosas como, por ejemplo, que una misión militar estadounidense se instalara en forma permanente en nuestro Ministerio de Defensa.

Hasta junio de 2009, el Pentágono tuvo una oficina en el piso 13 del Edificio Libertad, donde se encuentran las máximas autoridades del Estado Mayor Conjunto. Al costado de la puerta una insignia con las banderas de Argentina y EEUU era la única señal de lo que ese lugar significaba. Si por azar quedaba la puerta entreabierta podía verse una enorme bandera estadounidense y un grupo de militares y civiles norteamericanos trabajando, a diario, en el lugar. Fue por orden de la ministra de Defensa, Nilda Garré, que, después de casi 50 años, se puso fin a esa presencia.

El objetivo de la JID fue que nuestras FFAA alcanzaran una total identificación con los objetivos y principios del imperio aun cuando estos fueran en detrimento del beneficio nacional. El Escudo de las Américas busca lo mismo.

Lo dijo claramente Hegseth, el ministro de Guerra: “Queremos que el mundo vea que ser amigo de EEUU es bueno. Compartimos hemisferio, geografía, una cultura cristiana occidental (¿qué opinará la poderosa colectividad judía de EEUU?); compartimos recursos (¿?) y objetivos. Tenemos que tener el coraje de defenderlo. Tenemos a Trump, nuestro comandante en jefe, que nos marca dónde está la brújula”.

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Telma Luzzani

Tiene una trayectoria de más de 30 años como periodista y analista de política internacional. Trabajó en numerosos medios gráficos (Página 12, Tiempo Argentino y Clarín) y medios audiovisuales. Fue conductora de Voces del Mundo en Sputniknews y co conductora en el multipremiado programa de VISION 7 INTERNACIONAL emitido por la TV Pública. Tiene varios libros escritos. Los más conocidos son: “Todo lo que necesitás saber sobre la Guerra Fría” (2019); "Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica" (Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012); Venezuela y la revolución (2008), entre otros.