Petro y Noboa se toman el pulso bajo la sombra de Trump

Mientras el mundo es sacudido por la guerra en Medio Oriente, en América Latina, Ecuador, un aliado de EE.UU, reactiva militarmente una de las fronteras más calientes de la región y forzó a Colombia a denunciar un ataque a solo meses de la elección presidencial que definirá el futuro de la izquierda.

21 de marzo, 2026 | 10.39

La frontera entre Colombia y Ecuador, un corredor de 600 kilómetros que durante décadas sirvió como termómetro de la estabilidad andina, atraviesa hoy su fractura más profunda en casi 20 años. Lo que comenzó como una coexistencia pragmática se ha transformado en una confrontación abierta entre el presidente colombiano, Gustavo Petro y su homólogo ecuatoriano, Daniel Noboa. Las acusaciones de Petro —quien denunció bombardeos en suelo soberano y el hallazgo de “27 cuerpos calcinados” sin presentar pruebas— evocan los fantasmas de la crisis de Angostura de 2008. Sin embargo, a diferencia de aquel momento, la disputa actual parece responder más a una coreografía política distinta: una mezcla de retórica electoral doméstica y un calculado reposicionamiento diplomático ante el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, con una región totalmente desarticulada.

"Hay una bomba tirada en la frontera entre Colombia y Ecuador. ¿Quién la puso? A 100 metros de una familia campesina, niñas, la esposa, la mujer campesina allí, el hombre. ¿Quién la puso?", se preguntó Petro el martes ante la prensa, reavivando así las tensiones entre Bogotá y Quito. Estas tienen antecedentes recientes y lejanos.

El coronel retirado y analista militar colombiano Luis Villamarín mencionó las denuncias públicas de Petro, pero descartó tajantemente una guerra de guerrillas o un choque de ejércitos. "Militarmente nunca va a haber un enfrentamiento porque las fuerzas militares no le caminarían al señor Petro", aseguró. Pero mientras el colombiano apela a notas “de protesta diplomática", apelando a las vías pacíficas de mediación, habrá que ver si parte de sus generales ven con buenos ojos el accionar ecuatoriano frente a los grupos armados. Esta semana, los ministros de Defensa de Colombia y Ecuador esbozaron gestos para apaciguar la crisis durante una reunión virtual.

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El ministro de Petro, Pedro Sánchez y el de Noboa, Gian Carlo Loffredo, conversaron durante 90 minutos sobre la escalada, según informaron las dos administraciones. "Ecuador reiteró que no existió intención alguna de afectar el territorio colombiano", escribió Sánchez en X y anunció el envío de una "comisión técnica binacional" al sitio para investigar. La cartera de Loffredo dijo que la operación "fue legítima" y "realizada sobre territorio ecuatoriano" y Sánchez coincidió en que "el punto de impacto inicial de la bomba" fue de ese lado de la frontera, pero sugirió que pudo desviarse después hacia Colombia. Petro repitió el argumento el viernes: “(...) se concluye que, aunque no existe 100% de certeza, hay una muy alta probabilidad de que el artefacto impactó en territorio ecuatoriano y, tras rebotar, cayó en territorio colombiano”.

Un campesino de la zona donde se ubicó el proyectil dijo a la agencia de noticias AFP que escuchó aviones del lado ecuatoriano el 3 de marzo y días después, encontró la bomba sin estallar "aproximadamente (a) unos 50-60 metros" de su casa, en el pequeño poblado El Amarradero, del municipio colombiano de Ipiales. En tanto, expertos estimaron que el explosivo es una "bomba de caída libre" de tipo MK, generalmente fabricadas en Estados Unidos y Brasil, que no son teleguiadas y caen por efecto de la gravedad.

Pero Villamarín consideró que la raíz del conflicto entre Quito y Ecuador, en su capítulo actual, no está en la frontera, sino en los espejos de los palacios presidenciales. "Uno se cree Trump en miniatura y el otro se cree Fidel Castro reencarnado", afirmó Villamarín a El Destape. Según su análisis, cada líder está operando para sus "audiencias internas". Mientras Noboa busca mostrarse como el aliado incondicional de Washington para ganar peso regional, Petro -quien ve amenazada la continuidad de su proyecto de izquierda- utiliza la narrativa del "enemigo externo" para cohesionar a sus bases en un año de elecciones, en la que no puede reelegir, sino que deja a delegado de su espacio al que no queda claro que apoye del todo, el senador Iván Cepeda.

Por su parte, el sociólogo de la Universidad Central del Ecuador, David Chávez, en diálogo con este portal, definió a Noboa no solo como un imitador, sino como un líder acorralado por su propia gestión. "Noboa es una caricatura de Trump", sostuvo el académico, señalando que el mandatario ecuatoriano viene arrastrando una "proverbial incompetencia de gobierno" y una serie de promesas incumplidas en materia de seguridad.

“Creo que hay un doble plano, el de la política internacional y el lugar que Ecuador está teniendo en el conflicto geopolítico regional; y por otro lado, el de la política interna. En esos dos planos se le parece mucho a Trump porque, en el interno, el problema es que Noboa viene arrastrando una serie de problemas que van desde su proverbial incompetencia de gobierno ante los conflictos innumerables que tiene el país, que van desde la corrupción hasta el más serio que es su promesa de superar la gravísima crisis de seguridad interna que tenemos por el crimen organizado y que no se ha cumplido”, estimó.

Además Noboa, pese haber sido reelecto en abril de 2025, solo unos meses después -en noviembre-, perdió el referendo en el que preguntó a la población, entre otras cosas, si querían que llamara a una Asamblea Constituyente que redactara una nueva Constitución y si permitirían la instalación de bases militares extranjeras en su territorio.

“Por eso, en este último momento ha respondido a una política de golpes de efecto, que es una cuestión muy común en él. Entonces estamos en medio de unas operaciones cuya naturaleza y características son muy opacas, que se supone que se están haciendo con fuerzas militares, con el apoyo de fuerzas militares de los Estados Unidos y en medio de esto ha estado en juego también el conflicto con Colombia”, dijo Chávez.

A principios de marzo, el gobierno ecuatoriano también anunció el inicio de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en contra de "organizaciones terroristas" en ese país y en línea con lo que ya habían anticipado el año pasado, cuando el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, quien visitó Quitó. “Fortalecer la cooperación en seguridad”, es la frase que se repite y el narcotráfico o narcoterrorismo el comodín. Para Chávez, esto y las demás acciones de Noboa en seguridad son unos “distractores de los problemas internos” con los que busca “mostrar que es un gobierno con una política de ‘mano dura’ con la que aparentemente está enfrentando el crimen”.

“En el plano más bien geopolítico, Noboa responde de manera un poco grosera, muy poco sutil, a la política internacional de Trump, entonces creo que esta es una medida, digamos, que está ligada a la necesidad que tiene Trump de tensionar las relaciones con Colombia, de presionar a Petro, de interferir en las elecciones próximas en Colombia, entonces me parece que ahí Noboa es simplemente un peón de la estrategia regional”, agregó.

La "telenovela de los aranceles", capítulo Latam

En un gesto mimético con Trump, Noboa decidió jugar con la política comercial: desde el 1 de febrero impuso un arancel del 30% -que después subió al 50%- a productos colombianos-. ¿El argumento? También sería similar al del republicano de Washington: la supuesta "falta de cooperación" en la lucha contra el narcotráfico del gobierno de Petro. “Esta sobretasa es el producto de un descuido absoluto en la frontera de parte de Colombia e, incluso, el Ejército ha sido retirado varios centenares de kilómetros, y eso nos duplica el costo de proteger nuestra frontera cerca de 400 millones de dólares adicionales al año”, dijo Noboa en una entrevista con radio Centro.

Los mismos pasos que dio el empresario y político ecuatoriano con Colombia ya habían sido dados por Trump el año pasado cuando, a solo dos meses de haber vuelto a la Casa Blanca, se cruzó con el colombiano por redes sociales porque este rechazó el trato que estaba dando la administración republicana al expulsar, esposados, a migrantes de forma compulsiva. El magnate subió los aranceles, pero en horas, con intermediaciones varias, desescalaron. Meses más tarde, en septiembre, por primera vez en 30 años, Washington eliminó al país sudamericano de la lista de naciones que luchan contra el narcotráfico. "El presidente de Estados Unidos ha determinado que el gobierno colombiano no ha conseguido cumplir sus obligaciones para el control de drogas", dijo entonces el Departamento de Estado estadounidense en X. El mes pasado, el Salón Oval le abrió las puertas al exintegrante de la guerrilla colombiana M19. Desde entonces, Trump y Petro intercambian mensajes públicos y en privado.

Este marzo, el colombiano dijo que en una llamada telefónica de 30 minutos con su par estadounidense, este le pidió disculpas por no haberlo invitado a formar parte del llamado “Escudo de las Américas”, que tiene como objetivo declarado el combate contra “cárteles” de droga y que convoca a los mandatarios ultra de la región. Noboa, claro, es parte y como tal parece enviar señales a Washington de que está dispuesto a seguir su libreto.

“El colega, presidente de Ecuador, no me quiere nada, a pesar de que me invitó a su casa; entonces, la invitación no me gusta ni cinco porque no sé para qué era”, dijo Petro después del cimbronazo arancelario de Noboa.

El profesor ecuatoriano vinculó esta medida comercial directamente con la "doctrina Monroe" revitalizada por Trump. Para él, se trata de una medida ligada a la necesidad de tensionar relaciones para presionar a Petro e interferir en las próximas elecciones colombianas. Por su parte, Villamarín minimizó el impacto a largo plazo de esta contienda arancelaria, prediciendo que "es Estados Unidos el que le pone orden y dice esto se arregla de esta manera". Sin embargo, mientras el "orden" llega, los comerciantes de la frontera sufren las consecuencias de una diplomacia de desplantes y que muchas veces se juegan en redes sociales, pero tiene efectos concretos.

Angostura, el otro bombardeo

En 2008, cuando Álvaro Uribe atacó el territorio que entonces era liderado por Rafael Correa con la excusa de bombardear a guerrilleros colombianos que habían cruzado la frontera, sus acciones se fundaron en la idea de la “seguridad nacional”. No había pasado ni una década desde el inicio del Plan Colombia y total alineamiento con Washington.

“Los episodios de tensión entre las dos naciones no son algo nuevo. Colombia y Ecuador comparten una frontera porosa que apenas cuenta con tres pasos regularizados. En el lado colombiano existe desde hace décadas una gran presencia de cultivos de hoja de coca, especialmente en los departamentos de Nariño, Cauca y Putumayo. Y esto ha alimentado la presencia de grupos armados en la zona, especialmente desde el conflicto armado colombiano y que irremediablemente ha afectado a Ecuador”, explicó el periodista especializado en historia en France 24, Álvaro Cordero, en diálogo con El Destape.

Fue en ese contexto en el explotó la primera gran crisis entre ambos lados. “A inicios del siglo XXI, el gobierno colombiano de derecha de Álvaro Uribe estaba en plena ofensiva contra la guerrilla de las FARC, gracias al apoyo de Washington con la financiación militar y armamentística del Plan Colombia. Así es como el 1 de marzo de 2008, el gobierno de Uribe consiguió rastrear la localización de alias 'Raúl Reyes', número 2 de las FARC por ese entonces, y bombardeó territorio ecuatoriano sin permiso para asesinarlo junto con otros 17 guerrilleros. El ataque fue denunciado por Quito, y también por Caracas, como un ataque a la soberanía y ambos países, gobernados por mandatarios de izquierdas, rompieron relaciones diplomáticas con Bogotá y militarizaron sus fronteras”, detalló.

El periodista español que reside en Bogotá desde hace 7 años señaló que en medio de aquella crisis, Colombia había dicho que descubrió “una computadora de Raúl Reyes en la que se demostraba la supuesta colaboración de Ecuador y Venezuela con las FARC, algo que fue desmentido por numerosos actores internacionales y mediadores.

En marzo de 2008, Correa le espetó a Uribe: “Él sabía desde hacía mucho tiempo dónde estaba Raúl Reyes; en lugar de pedirle a Ecuador que lo capturara, esperó a la inminente liberación de los rehenes para matar al líder guerrillero, masacrar a sus compañeros e impedir que se llevara a cabo el acuerdo humanitario. Ese hombre, el señor Uribe, no quiere la paz. Quiere la guerra, y deberá rendir cuentas ante su conciencia y su flota de guerra. Sus manos están ahora manchadas de sangre”. Eso fue justo antes de que en la XX Reunión Cumbre, convocada en marzo en Santo Domingo, República Dominicana, la región tuvo un rol clave en la desescalada. A la charla entre Correa y Uribe, la escoltó Hugo Chávez.

En los dos años siguientes de Uribe, “los focos de controversias con estos dos países continuaron, aunque no de forma tan elevada”, dijo Cordero.

Para el sociólogo ecuatoriano, la comparación de los dos momentos es “bien interesante” pero mientras que en el momento del episodio de Angostura, “hubo toda una articulación de los gobiernos de la región para evitar y desescalar”, el panorama actual “es un poco desolador”. 

“Lo que resulta evidente es que América Latina ha perdido completamente cualquier posibilidad de autonomía regional. A la par con este reavivamiento de la doctrina Monroe que han hecho explícita de la manera más obscena en la política de seguridad de los Estados Unidos, que es de alguna manera un signo de cómo está ejerciendo el poder de la ultraderecha. Una de sus características es el cinismo. No le ponen ningún ropaje a lo que quieren hacer, no lo dicen directa y abiertamente. Y sí, creo que esto que está ocurriendo entre Ecuador y Colombia es una muestra clarísima de cómo se ha perdido cualquier posibilidad de autonomía”, dijo Chávez.

Los rayos verbales y en parte militares que cruzaron este año la frontera entre Bogotá y Quito son solo un síntoma de una región que ya canjeó su arquitectura de mediación por el espectáculo de la polarización por redes sociales, pero con enormes efectos en la población. Aranceles cruzados y movimientos militares son poco frecuentes, o casi inexistentes, en la historia reciente entre los países latinoamericanos.

En este tablero, la frontera no es solo un límite geográfico, sino un escenario de representación: para Noboa, una oportunidad de validar su "mano dura" ante los ojos de Washington; para Petro, un punto de resistencia frente a una doctrina Monroe revitalizada y que lo toma de punto. Y mientras que en 2008 la crisis de Angostura encontró un dique de contención en una América Latina capaz de articular sus propios mecanismos de desescalada, el escenario de 2026 revela un vacío de poder regional donde la autonomía está siendo reemplazada por el mimetismo con Trump.