La renuncia del ahora ex titular del INDEC Marco Lavagna reveló la manipulación política que realiza el gobierno de Milei de las cifras de la economía. El eje estuvo puesto en la medición del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que iba a conocerse la semana próxima y su actualización metodológica y las diferencias que surgen al comparar los resultados con distintos esquemas de ponderadores. Un informe reciente de la consultora PxQ aporta elementos para analizar cómo los cambios —anunciados, postergados o parcialmente aplicados— modifican la lectura de la inflación y, en consecuencia, del poder adquisitivo de los salarios. De acuerdo con la consultora que conduce el ex viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis, el dato de enero, con la nueva estructura metodológica, habría arrojado una alza de 3% mensual, con mayor incidencia en provincias donde la discrecionalidad del relevamiento es más significativa.
Lavagna dejó su cargo ocho días antes de la fecha prevista para la publicación del IPC con nueva metodología. Horas después, el Gobierno confirmó que sería reemplazado por Pedro Lines, hasta entonces director técnico del instituto. Los cambios no pasaron inadvertidos a ocho días de la actualización del IPC estaba prevista para enero de 2026, luego de haber sido anunciada oficialmente en el informe técnico de octubre de 2025.
De acuerdo con los estándares internacionales, los índices de precios deben actualizar sus ponderadores cada cinco años para reflejar los cambios en los patrones de consumo de los hogares. En Argentina, ese proceso se demoró durante décadas. El IPC vigente se apoya en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004/05, a pesar de que existe una encuesta más reciente correspondiente a 2017/18. Según señala PxQ, esa postergación respondió tanto a los costos que implica relevar nuevas encuestas como a la inestabilidad macroeconómica que atravesó el país de manera recurrente.
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El Gobierno había informado que, tras el reacomodamiento de precios relativos de 2024 y la desaceleración inflacionaria de 2025, el IPC pasaría a calcularse con base en la ENGHo 2017/18 a partir de enero de 2026. Sin embargo, el cambio quedó en suspenso. En una entrevista radial, el ministro de Economía, Luis Caputo, explicó el criterio oficial: “renunció porque se ha estado trabajado en la nueva metodología y Marco quería implementarlo ahora. Con el presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar un cambio una vez que el proceso de desinflación ya esté consolidado. (…) Vamos a mantener esta metodología hasta que el proceso de desinflación ya esté consolidado”.
Tapar el sol con la mano
PxQ reconstruyó una estimación a partir de los ponderadores de la ENGHo 2017/18. El ejercicio permite comparar qué hubiera ocurrido si el índice de enero de 2026 se hubiese calculado con la nueva estructura de consumo. Según el informe, el IPC de ese mes habría registrado un aumento de 3,0%, por encima del 2,5% que esperaba el Gobierno y que el propio Caputo ratificó públicamente.
La diferencia no surge de un cambio generalizado en los precios, sino del peso que adquieren ciertos rubros en la nueva metodología. En particular, los aumentos tarifarios aplicados por las provincias tienen un impacto mayor cuando se utilizan los ponderadores de la ENGHo 2017/18. PxQ estima que esos ajustes habrían aportado 0,8 puntos porcentuales al IPC de enero, frente a 0,5 puntos bajo la metodología vigente.
El informe subraya un aspecto clave del proceso: el INDEC toma conocimiento de los aumentos tarifarios provinciales durante diciembre, pero esa información solo se vuelve plenamente accesible para analistas y público general una vez que las provincias publican los cuadros tarifarios, lo que en este caso ocurrió el 2 de febrero. Algo similar sucede con las tarifas de servicios públicos de alcance nacional. En estos casos, la diferencia de impacto entre metodologías ronda los 0,3 puntos porcentuales.
Más allá del episodio puntual, PxQ se detiene en las diferencias estructurales entre la ENGHo 2004/05 y la 2017/18. Los cambios tecnológicos y los nuevos patrones de consumo reducen el peso relativo de los bienes —en especial alimentos— y aumentan la participación de los servicios. En términos de ponderadores, las mayores caídas se observan en Alimentos y bebidas no alcohólicas (-4,3 puntos porcentuales), Prendas de vestir y calzado (-3,1) y Restaurantes y hoteles (-2,4). En sentido contrario, crecen Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (5,1), Transporte (2,3) y Comunicación (2,3).
Cuando se reconstruye la inflación mensual con ambas metodologías, las diferencias no resultan significativas en la mayoría de los períodos, con una excepción clara: 2024. Ese año, marcado por el proceso de recomposición de precios relativos y fuertes aumentos tarifarios, muestra divergencias relevantes entre ambos índices. Según PxQ, con la metodología basada en la ENGHo 2017/18, la inflación anual de 2024 habría sido de 132,2%, frente al 117,8% informado oficialmente, lo que implica una brecha de 16,1 puntos porcentuales. En cambio, en 2025 los resultados prácticamente coinciden: 31,5% con la metodología actual y 31,9% con la nueva.
Si se toma como base noviembre de 2023, inicio del actual gobierno, la inflación acumulada asciende a 259,4% con el IPC vigente y a 275,6% con el calculado sobre la ENGHo 2017/18. Estas divergencias no son solo estadísticas. Tienen efectos directos sobre la medición del salario real. PxQ analiza la evolución de los ingresos utilizando ambas metodologías para deflactar las series salariales. Con los datos disponibles hasta noviembre de 2025, el Índice de Salarios General aparece por encima del nivel de noviembre de 2023 en ambos casos. Sin embargo, el informe advierte que una parte relevante de esa mejora se explica por la serie de salarios no registrados, cuya medición se encuentra bajo cuestionamiento.
Cuando se observa el salario privado registrado, las diferencias se vuelven más claras. Deflactado por el IPC actual, el salario real muestra una caída de 1,2% respecto de noviembre de 2023. Con la nueva metodología, la pérdida asciende a 5,5%. Es decir, el cambio en la medición del IPC amplía la caída del poder adquisitivo desde el inicio de la gestión de Javier Milei. El informe de PxQ no discute la necesidad de actualizar la metodología del IPC.
