Familias estalladas: 6 de cada 10 hogares tiene deuda no bancaria y los prestamistas barriales están de fiesta con Milei

Las familias acumulan casi de $ 40 billones en deuda total y $ 7 billones corresponden a compromisos no bancarios. Aunque el volumen mayor está en el sistema financiero formal, la deuda no bancaria adquiere una relevancia creciente por su alcance: afecta al 59% de los hogares.

21 de abril, 2026 | 18.23

La deuda se convirtió en un fenómeno estructural para millones de familias desde que Javier Milei es presidente y, en particular, por la precariedad de los préstamos. Es que el endeudamiento informal ya alcanza a seis de cada 10 hogares, con un crecimiento sostenido de los préstamos y una fuerte expansión de la deuda por fuera del sistema bancario. El nuevo mapa del financiamiento revela cómo los hogares recurren cada vez más a alternativas para sostener el consumo cotidiano.

De acuerdo a un reporte de la consultora Focus Market, el endeudamiento de los hogares alcanzó niveles récord en el inicio de 2026. Actualmente, las familias acumulan más de $ 39 billones en deuda total, de los cuales $ 32,1 billones corresponden a bancos y $ 6,9 billones a compromisos no bancarios. Aunque el volumen mayor está en el sistema financiero formal, la deuda no bancaria adquiere una relevancia creciente por su alcance: afecta al 59% de los hogares, es decir, casi 6 de cada 10 familias.

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Deuda fuera de los bancos: el fenómeno que crece

La deuda extra bancaria incluye una amplia variedad de situaciones cotidianas: desde préstamos entre familiares hasta cuotas impagas de servicios, colegios o impuestos. En total, más de 6 millones de hogares están alcanzados por este tipo de endeudamiento, con un promedio cercano a $ 1,1 millones por familia.

Dentro de esta categoría, se destacan:

  • Préstamos personales fuera del sistema financiero (46,6%)
  • Deudas impositivas (20,8%)
  • Préstamos entre familiares o amigos (15,9%)

Sin embargo, uno de los datos más relevantes es el cambio en la composición: los préstamos entre conocidos perdieron peso frente a otras formas de deuda, lo que sugiere que las redes de contención informal comienzan a agotarse.

Deuda: presión sobre el gasto básico

El crecimiento de la deuda no bancaria está directamente vinculado con las dificultades para afrontar gastos corrientes. En los últimos meses, aumentaron los incumplimientos en obligaciones básicas:

  • Expensas: del 1,4% al 4,9%
  • Cuotas educativas: del 0,7% al 3,1%
  • Servicios: del 2,3% al 5,4%

Este avance evidencia que el endeudamiento ya no está asociado solo al consumo de bienes durables, sino también a la necesidad de cubrir gastos esenciales. Por eso la incapacidad de pago.

Los préstamos personales son los más afectados: su tasa de irregularidad trepó del 3,5% al 13,2%, superando uno de cada ocho pesos prestados en situación de mora. Las tarjetas de crédito siguieron un camino similar, pasando del 2% al 11%. Los créditos con garantía hipotecaria son la excepción: se mantuvieron prácticamente estables, en torno al 1%, lo que refleja el mayor compromiso de pago cuando hay un bien en juego.

Más crédito, más riesgo

El crecimiento del crédito también explica parte del fenómeno. Según datos oficiales, el financiamiento al sector privado alcanzó el 13,6% del PBI en enero de 2026, más del doble que en diciembre de 2023. Este aumento permitió ampliar el acceso a los préstamos, pero también elevó el nivel de exposición de los hogares. Hoy, la deuda bancaria promedio por familia supera los $ 5,7 millones, equivalente a más de tres salarios formales.

El nuevo escenario muestra una combinación compleja de transitar hacia adelante: la expansión de la deuda informal vinculada a necesidades básicas. Así, las familias no solo toman más préstamos, sino que diversifican sus fuentes de financiamiento, combinando bancos, comercios y redes informales.

Al mismo tiempo, la caída del poder adquisitivo y la persistencia de la crisis económica limitan la capacidad de repago, lo que incrementa el riesgo de mora tanto en el sistema bancario como fuera de él.

El endeudamiento de los hogares aparece hoy como un sostén del consumo, pero también como una señal de fragilidad extrema para el programa económico libertario. Si bien el acceso a préstamos permite sostener el gasto en el corto plazo, el aumento de las obligaciones financieras puede convertirse en una a olla presión social.

En un contexto donde los ingresos no logran acompañar el ritmo de los precios, la deuda se consolida como una herramienta indispensable, pero también como un riesgo creciente para millones de hogares.