Del título universitario al contenido erótico pago: el modelo social para los jóvenes que produce la era Milei

Mientras el ajuste presupuestario asfixia a la universidad pública y rompe la promesa de movilidad ascendente, surge un modelo de supervivencia basado en la autoexplotación y la urgencia por el ingreso inmediato. 

13 de mayo, 2026 | 17.27

Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada el país atraviesa un proceso de descomposición social y cultural políticamente buscado, no accidental, que impacta de diferentes maneras en la trama y los modelos de subjetividad. En ese camino iniciado en diciembre de 2023 el avance contra las universidades y el sistema científico nacional, marcado por un fuerte ajuste presupuestario y un ataque permanente a su legitimidad, se ha erigido como una de sus principales batalles, incluso judicializadas, y por ende uno de los focos centrales de articulación de la resistencia social. No solamente la comunidad educativa denuncia un "ahogo financiero" que pone en riesgo el funcionamiento de las instituciones públicas, con paros docentes y masivas marchas federales como la del último martes, sino que la bandera de la educación se ha transformado en puente de diálogo y resistencia de diferentes colectivos y sectores opositores.

Pero además la asfixia a las universidades de todo el país, la destrucción de salarios y la expulsión de docentes e investigadores hacia el sector privado, trae aparejado un proceso paralelo que combina el desprestigio de las carreras profesionales, los títulos y las trayectorias educativas, con la promoción de actividades y modelos laborales asociados al emprendedorismo, el cuentapropismo y la flexibilidad en tanto expresiones de la racionalidad neoliberal y parte de un discurso de época. Es decir, en un doble movimiento directamente proporcional, se ataca a la universidad pública, que funcionó en Argentina como una de las pocas instituciones capaces de organizar una promesa colectiva de futuro y una herramienta concreta de movilidad social ascendente, con sus matices y contradicciones, al tiempo que se instala una lógica donde cada individuo debe “inventarse” solo una salida económica inmediata, aunque eso implique vivir en condiciones de extrema inestabilidad, precariedad, y desamparo legal.

En ese contexto no resulta casual el crecimiento simbólico y económico de plataformas como OnlyFans, Uber o las múltiples aplicaciones basadas en trabajo fragmentado, monetización permanente de la vida cotidiana y autoexplotación presentada como libertad y "ser tu propio jefe”. El fenómeno que suele analizarse y promocionarse desde la tecnología, los cambios necesarios del mercado laboral, o incluso es usado como bajada de línea política en eventos juveniles como el Endeavor Sub 20, expresa una transformación subjetiva de las trayectorias de vida de las personas: el reemplazo de la idea de formación, capacitación y construcción a largo plazo, por la necesidad urgente de generar ingresos inmediatos, independientemente de las condiciones laborales.

Todo esto ocurre en un país que registra niveles de desempleo juvenil que no se veían hace años. Según un informe reciente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), a través de su programa Edulab, más del 17% de los jóvenes entre 18 y 24 años está desempleado, y un 16% directamente no estudia ni trabaja. Justamente el estudio advierte que existe un “puente roto” entre el sistema educativo y el mundo laboral, lo que trae consecuencias directas sobre las oportunidades escasas y formas cada vez más precarizadas que tienen estos jóvenes de incorporarse al mercado laboral.

Es que la universidad pública encarna una lógica que parece de otro tiempo: supone que el conocimiento tiene valor social y da cierta formación universal, que existen profesiones necesarias en el marco de un modelo de país, más allá de su rentabilidad inmediata, y que el Estado debe garantizar condiciones mínimas para que las personas puedan formarse. Por eso los ataques contra la universidad son presupuestarios, pero también simbólicos. Se busca profundizar la idea de que estudiar “no sirve”, que las carreras son inútiles si no producen alta rentabilidad, y que cualquier expectativa de estabilidad colectiva pertenece a un pasado obsoleto.

Paralelamente, estudiar una carrera, que hasta hace poco era gratuita y accesible, se volvió cada vez más difícil no por el arancel, sino por el costo de vivir mientras estudiás: el alquiler, el transporte, la comida, las fotocopias, el tiempo. Tal es la dificultad de autonomizarse para este sector que, según un estudio de la Fundación Tejido Urbano, cuatro de cada diez jóvenes argentinos de hasta 35 años no están en condiciones de dejar su hogar de origen.

La situación se agrava para el caso de las mujeres que siguen concentrando menores ingresos, niveles más altos de informalidad, y una brecha salarial adversa cercana al 27%. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares correspondientes al tercer trimestre de 2025 reveló, con motivo del último 8M, que la desigualdad económica se agravó durante el último año y con un mayor impacto entre las mujeres jóvenes. El relevamiento indica que la tasa de desempleo de las mujeres entre 14 y 29 años prácticamente duplica el promedio general.

Propuestas "laborales” como OnlyFans o "Argentina Casting", vinculadas a la difusión masiva de contenido erótico y sexual, que prometen la posibilidad de ganar dinero rápido, en dólares, administrando tus tiempos, encajan como pieza de lego en el vacío que dejan las cifras de desempleo, el deterioro de los ingresos y la precarización del trabajo. El crecimiento de este tipo de autoempleo de plataformas empieza a consolidarse como una nueva salida laboral en Argentina para mujeres que deciden complementar ingresos o directamente dejar empleos en relación de dependencia para generar contenido pago.

La socióloga Esther Solano, en su investigación sobre los nuevos trabajadores argentinos para la Fundación Friedrich Ebert, lo explica cuando advierte que Milei convirtió la autoexplotación en bandera, narrativa que funciona como discurso motivacional de coaches: “El ‘vos podés’ oculta un sistema roto que fuerza a los trabajadores a aceptar condiciones de precariedad disfrazadas de libertad.” OnlyFans crece exactamente en proporción inversa a lo que el gobierno de Milei destruye. Cada recorte en educación, cada programa cerrado, cada egresada que no consigue trabajo o se siente alejada del sistema educativo, es una potencial creadora de contenido sexual para una plataforma que se queda con el 20% de todo lo que se produce sin asumir ninguna responsabilidad ni cuidado.

El caso de Sofia Maure y una publicidad engañosa

La semana pasada, la influencer de moda y life style Sofía Maure, que tiene más de 600.000 suscriptores en YouTube y más de 550.000 seguidores en Instagram, contó que decidió abrir una cuenta de OnlyFans, a pesar de haberse expresado públicamente como enemiga acérrima de la plataforma en el pasado. Justificó su "cambio de opinión” producto de haberlo pensado durante varios meses: "los pros son demasiado gigantes, mucho más que los contras, pero sigo siendo la misma. Si para tener la vida que siempre soñé tengo que hacer que alguna gente me deje de seguir, que así sea". Según relató en menos de 24 horas consiguió 3 mil suscriptores y recaudó más de 30.000 dólares.

La noticia circuló en redes como un caso de éxito, como una historia de empoderamiento, como la prueba de que en la Argentina del ajuste siempre hay una salida con autonomía y felicidad. Sin embargo, lo que el discurso omite es el lado B de esta plataforma que cada vez tiene más anclaje entre famosas, deportistas y celebridades que eligen abrirse perfiles para sumar ingresos complementarios a sus actividades principales.

OnlyFans es, en números globales, una máquina de hacer dinero y batir récords de consumo. Según cifras de Onlyguider, en 2025 facturó 7.200 millones de dólares a nivel mundial; tiene más de 377 millones de usuarios registrados; y pagó 25.000 millones de dólares a sus creadoras desde su fundación en 2016. Además está en un camino de fuerte expansión en regiones emergentes, especialmente en América Latina y el sur de Europa, y en ese marco Argentina fue, en 2025, uno de los países del top mundial en gasto en la plataforma, con un estimado entre 75 y 87 millones de dólares.

Pero hay ciertas estadísticas que raramente acompañan a esos titulares. Primero, la plataforma retiene el 20% de la recaudación total de sus creadores de contenido. En segundo lugar, los datos de Gitnux indican que existe una extrema desigualdad de ingresos y una concentración de riqueza muy alta: el 0,1% superior de las creadoras concentra aproximadamente el 76% de todos los ingresos de la plataforma, ganando un promedio de más de $146 mil dólares mensuales, mientras el ingreso promedio anual de un creador ordinario es de 1.300 dólares, poco más de 100 dólares por mes.

El patrón de género y edad es igualmente elocuente. En OnlyFans el 97% de las creadoras son mujeres (3,78 millones contra 732.000 hombres), y el 86% tienen entre 18 y 24 años. Del otro lado de la pantalla, entre el 70 y el 79% de los suscriptores abonados y consumidores son hombres. La fórmula es la misma de siempre: mujeres jóvenes producen en condiciones indignas, hombres con poder adquisitivo las explotan y consumen, y la plataforma se queda con el 20% de cada transacción sin asumir ninguna responsabilidad laboral, sin convenio colectivo, sin obra social, ni ART. Las creadoras son, en la jerga corporativa, “autónomas”.

Por último, hay un dato clave que las promotoras de OF no comparten: el 60% de las creadoras abandona la plataforma durante el primer año, no solamente porque los menos de 200 dólares mensuales no cumplen con la promesa de éxito rápido y fácil, sino porque además prácticamente la totalidad sufre alguna forma de acoso, exposición a violencias, episodios traumáticos, padecimientos en salud mental o circulación de sus videos por fuera de la plataforma sin consentimiento, ni un acompañamiento legal de la plataforma.

En una entrevista para el podcast Conducta Delictiva, Ángela Maldonado, creadora de contenido con más de tres años en la plataforma que alcanzó ingresos mensuales de hasta 20.000 dólares, denunció la existencia de un circuito de agencias reclutadoras que apuntan a chicas en situación de vulnerabilidad a las que les prometen gestionar sus perfiles a cambio del 50% de las ganancias, mientras ponen en marcha la manipulación y estrategias psicológicas para atraer suscriptores y mantenerlos activas en la plataforma. “Conozco chicas que firmaron y cuando quisieron irse, no pudieron; si intentaban cancelar debían pagar grandes sumas o perdían el acceso a sus cuentas”, expuso.

Si bien Maure no tiene ninguna obligación legal de advertir nada de esto, hay un peligro latente y una gran irresponsabilidad en el mensaje. La influencer le habla a diario a millones de jóvenes mujeres, en un contexto de alta precariedad social, que la ven como un espejo pero no tienen audiencia propia, ni capital social, que si abren una cuenta con suerte llegarán a 200 dólares mensuales, a costa de producir contenido mucho más íntimo, más explícito, con mayor riesgo de sufrir violencias, violaciones a su intimidad, y filtraciones que las persigan el resto de su vida.

No es la primera vez que el éxito de unas pocas se vende como hoja de ruta universal, pero bajo la lógica del emprendedorismo, en este caso aplicada al cuerpo, se vende la idea que cualquiera puede triunfar si se esfuerza y sacrifica, omitiendo las condiciones estructurales y materiales de partida. En 2025, Argentina gastó 87 millones de dólares en OnlyFans. Ese mismo año, el presupuesto educativo del gobierno de Javier Milei representó el 0,88% del PIB, el nivel más bajo en una década. Los datos juntos representan las dos caras de un mismo modelo social.