La gente duerme menos que hace 20 años: el estudio que alarma a expertos y qué hacer para descansar

Especialistas de DIM Centros de Salud advierten que 4 de cada 10 personas en el mundo tienen trastornos del sueño. El fenómeno, impulsado por el estrés, las pantallas y las jornadas extensas, afecta la concentración, la memoria y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares. 

18 de marzo, 2026 | 11.12

Estudios internacionales muestran que la población duerme menos que hace dos décadas, y la tendencia no parece revertirse. Adolescentes que apenas superan las cinco horas nocturnas, adultos que postergan el momento de acostarse porque sienten que el día no les alcanzó, jornadas laborales que se extienden hasta tarde y pantallas que iluminan los rostros hasta la madrugada. El resultado es una "sociedad cansada" que acumula un déficit de sueño estimado en más de 300 horas al año por persona.

Profesionales de DIM Centros de Salud pusieron el foco en este fenómeno que describen como una epidemia silenciosa. Según estimaciones internacionales, cerca del 40% de la población mundial presenta algún tipo de trastorno del descanso, una cifra que enciende alertas en la comunidad médica.

Las consecuencias de dormir poco

La Dra. María Celia Daraio, especialista en Medicina del Sueño de DIM, resume la magnitud del problema con una comparación contundente: "Una buena noche de descanso es tan importante para la salud como una alimentación equilibrada o la actividad física". Pero los efectos de ignorar esa necesidad van mucho más allá del cansancio matutino.

La privación crónica de sueño —menos de seis horas diarias durante períodos prolongados— se asocia con un aumento significativo del riesgo de desarrollar:

  • Hipertensión arterial

  • Enfermedades cardiovasculares

  • Obesidad

  • Diabetes tipo 2

  • Accidentes cerebrovasculares

El sistema inmunológico también resiente la falta de descanso. Estudios indican que dormir menos de siete horas por noche puede triplicar la probabilidad de contraer infecciones comunes como la gripe.

El cerebro también padece

Los efectos cognitivos son igualmente preocupantes. La irritabilidad, los problemas de concentración y los lapsus de memoria se vuelven moneda corriente en quienes no descansan lo suficiente. Perder apenas una hora y media de sueño puede reducir la capacidad de reacción hasta un 32% , un dato especialmente crítico para quienes conducen vehículos u operan maquinaria.

"La privación de sueño tiene consecuencias muy amplias en el organismo. Dormir menos de seis horas por noche durante períodos prolongados se asocia con mayor riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y accidentes cerebrovasculares", señala la especialista.

El enemigo en la mesita de luz

El estilo de vida contemporáneo es el principal responsable de esta epidemia. El uso intensivo de dispositivos electrónicos hasta altas horas de la noche, el estrés laboral acumulado y la falta de horarios regulares conspiran contra el ciclo natural del sueño.

"Muchas personas se acuestan tarde, utilizan dispositivos electrónicos hasta último momento o mantienen rutinas irregulares. Todo esto altera el ciclo natural del sueño y dificulta que el descanso sea reparador", explica Daraio.

En algunos casos, detrás del mal dormir hay trastornos específicos que requieren atención médica: insomnio crónico, apnea del sueño o, en situaciones menos frecuentes, narcolepsia.

Cuando dormir mal se vuelve la norma

El fenómeno no es menor: estudios muestran que la gente duerme menos que hace 20 años. Los adolescentes, en particular, suelen dormir menos de cinco horas por noche. Incluso hay quienes se quedan despiertos a propósito porque sienten que no tuvieron tiempo para sí mismos durante el día, un hábito que puede hacer perder más de 300 horas de sueño al año.

Dormir mal no solo genera cansancio. También puede provocar irritabilidad, problemas de concentración, lapsus de memoria y deterioro cognitivo. A largo plazo, además, puede aumentar el riesgo de desarrollar diversas enfermedades.

 

Claves para recuperar el descanso

Si bien los trastornos del sueño deben ser evaluados por un especialista, existen hábitos cotidianos que ayudan a mejorar la calidad del descanso. Las principales recomendaciones incluyen:

  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.

  • Evitar el uso de pantallas al menos una o dos horas antes de dormir.

  • Limitar el consumo de cafeína y alcohol durante la tarde y la noche.

  • Realizar actividad física durante el día, pero no cerca del horario de acostarse.

  • Reservar la cama exclusivamente para dormir, evitando trabajar o mirar televisión desde allí.

  • Generar un ambiente oscuro, silencioso y fresco en la habitación.

"Una buena noche de sueño empieza mucho antes de ir a la cama. Mantener rutinas, reducir los estímulos nocturnos y generar un ambiente adecuado para descansar son medidas simples que pueden marcar una gran diferencia", concluye la especialista. Dormir bien no es un lujo: es una necesidad biológica fundamental para la salud.