Tres historias de la desidia en Parque Patricios y de una inesperada vuelta traumática: “Estamos re podridos. No nos sentimos seguros para nada"

A más de 20 días del derrumbe en el complejo Estación Buenos Aires, vecinos denuncian que el regreso a sus hogares fue habilitado sin condiciones básicas ni garantías de seguridad. Sin servicios, con robos en departamentos y con la incertidumbre sobre qué pasará después del 25 de marzo, reclaman respuestas urgentes mientras avanza la investigación judicial.

22 de marzo, 2026 | 16.49

“Feliz cumpleaños, pero desalojá tu casa. Todos tienen que evacuar”, le dijo un bombero a Juan, vecino de la Torre CD del sector 2 de las torres de Parque Patricios. Eran las 7 de la mañana del 3 de marzo y Juan comenzaba sus 46 años viendo los vidrios blindex estallados mientras hablaba con el uniformado.

Dos horas antes, cerca de las 5 de la madrugada, un patio interno se había derrumbado sobre las cocheras del subsuelo y había dejado a unos 65 autos sepultados bajo los escombros. Mientras Juan dormía, las “ondas expansivas” de la catástrofe habían roto puertas y ventanas: “Se veía todo como una zona de guerra este lugar, como se ve en películas”. 

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A través de una videollamada, Juan mostró a El Destape los pasillos y patio donde ocurrió el desastre, ante la dificultad para describir el escenario “apocalíptico”. El daño no es sólo visual, algunos vecinos continúan sin luz, gas o agua, con las habilitaciones de los ascensores vencidos y, prioritariamente, “sin un peritaje del edificio propio” que les permita asegurarse que volver a sus hogares es seguro. 

Hasta el momento, sólo les resta creer en la palabra de la empresa constructora, COSUD. La misma empresa que desestimó los reclamos de los vecinos por filtraciones de agua y “ácidos” en el estacionamiento y deterioro estructural previos al derrumbe. La misma empresa que, aun no imputada en la causa judicial, obra “de buena fe” en enviar a las familias desalojadas a hoteles con reserva hasta el miércoles 25 de marzo. Los 200 vecinos afectados deberán volver a sus casa, pero el miedo es fuerte y las opiniones se dividen. 

No hubo muertos, heridos ni atrapados. Pero la historia hubiese sido distinta si el derrumbe ocurría una o dos horas después, cuando cerca de las 6 de la mañana se arma “una filita” de madres y padres que sacan sus autos para ir a trabajar y llevar a sus hijos a la escuela. 

“Yo vivo con mi hijo, pero él justo no estaba. Menos mal, porque él tiene una discapacidad motora y hubiese sido bastante angustiante todo”, comentó Juan.

La evacuación del complejo fue total y preventiva. Se cortaron los suministros de electricidad y agua, y se realizó un relevamiento de los residentes mientras abandonaban el edificio sin saber cuándo —ni en qué condiciones— podrían volver. 

Hace más de 20 días todas nuestras vidas están pausadas, con la incertidumbre de si vamos a poder volver. Muchas personas se quedaron sin sus herramientas de trabajo. Tienen que vivir con familiares o en hoteles. Nos cambió la vida”, contó. 

El momento del colapso

Gorda, despertate. Se cayó el patio”, le dijo su novio a Anabella Pavia, vecina de la Torre A del sector 2. “Escuché entre sueños un estruendo y sentí un temblor, como si se cayera un camión con acoplado. Me levanté, miré por la ventana y vi todo el agujero, no lo podía creer”.

“Evacúen, evacúen, evacúen”, comenzaron a gritar vecinos por las ventanas. Anabella comenzó a enviar mensajes al grupo de Whatsapp de los vecinos: “Gente, se cayó el patio. Hay que irse”. A diferencia de muchos otros casos, Anabella y su pareja se autoevacuaron apenas escucharon el estruendo, por lo que pudieron agarrar a su gato, su perra, computadora de trabajo, ahorros y documentos. En shock y con “ignorancia” de cómo actuar en casos como el que se les presentaba, bajaron en los ascensores vencidos, y agarraron su auto de la primera planta del estacionamiento que la tierra se estaba comiendo, en un área aproximada de 50 por 70 metros. 

Tal como le pasó a Anabella, Leo Schultz y su pareja también creyeron que se trataba de “un camión que se caía” o una “tormenta” al oír lo que aún no sabían que se trataba de un derrumbe. Se encontraban durmiendo en un departamento de la Torre B del Sector 2, cuando el olor a gas inundó el ambiente. 

El operativo fue inmediato. En el lugar trabajaron Bomberos de la Ciudad, el Grupo Especial de Rescate (GER), la unidad médica de Bomberos y la división K9 especializada en búsqueda en estructuras colapsadas, junto con efectivos de la Policía de la Ciudad. 

“Hubo algunos departamentos en los que la policía y los bomberos tuvieron que ingresar a la fuerza. Porque la gente estaba dormida, y había peligro de derrumbe. Los tenían que sacar sí o sí”, relató Juan al respecto. 

Leo relató que los bomberos los llevaron a todos a una plaza. Apenas habían podido agarrar a sus tres gatos del departamento, y estaban “todos muy asustados y alterados”. “Los niveles de trauma son diferentes dependiendo del piso en el que estabas, ¿viste? Yo estaba en el primer piso, pero todos los que están en planta baja tuvieron el derrumbe exactamente después de la puerta de su patio, donde los chicos suelen salir a jugar”. 

En aquella plaza, Leo y su pareja estuvieron desde la madrugada hasta las 3 de la tarde, ya que el Gobierno de la Ciudad les había asignado un hotel al que no podían llevar a sus tres mascotas. Tuvieron que pagarse un departamento para pasar la noche hasta poder ingresar a su hotel asignado. Con la misma ropa y sin sus computadoras de trabajo, debieron esperar tres días para que se les permitiera ingresar unos minutos a su anterior departamento a buscar sus elementos personales básicos, siempre acompañados de un bombero.

Volver, pero cómo

El regreso, por ahora, es más una amenaza que una solución. En los últimos días, los vecinos recibieron “un documento informal en PDF” que activaba un protocolo de vuelta al complejo, emitido por el GCBA. “Nos decían que teníamos tiempo hasta el 25 para volver por nuestros propios medios y que después no había más hoteles”, contó Leo. La noticia generó alarma inmediata y varias reuniones de vecinos.

“Nos dijeron que iban a conectar los servicios y eso no pasó”, explicó. En su caso, el departamento sigue sin condiciones mínimas de habitabilidad: “Metrogas nos avisó que hay una fuga importante en la calle y hasta que eso no se solucione no nos pueden dar servicio”.

La escena se repitió durante días. Filas de vecinos desde temprano, esperando autorizaciones que no llegaban. “Ayer fuimos a las 8 de la mañana y nos fuimos a las 2 y media de la tarde. Nuestro departamento sigue sin luz”, resumió.

A esto se suma otra preocupación: la seguridad. “Hay muchos vecinos que tienen las puertas violentadas. Hubo departamentos donde no solo entraron, sino que faltaban cosas”, denunció Leo.

Mientras tanto, la vida en hoteles se vuelve cada vez más difícil de sostener. Madres y padres pagando transportes para que sus hijos tengan continuidad en sus escuelas habituales y dependen de los horarios y formalidades de cada hotel para comer, ya que no tienen equipamiento de cocina. 

La alternativa que empieza a circular entre los vecinos es acceder a alquileres temporarios, pero no hay definiciones. “Estamos re podridos. Necesitamos una solución para vivir hasta que esto se arregle”, planteó Juan. Incluso evalúan opciones como fondos comunitarios de plataformas de alojamiento como Airbnb, que —aseguran— podrían activarse con intervención estatal. Pero “no les dan bola”. 

La vuelta y transición no es sencilla, mucho menos para quienes “están en situación de salud crítica”. “En mi torre, la B, hay toda una línea de departamentos que están preparados y dedicados a personas con movilidad reducida, casos de autismo, o discapacidad. Y ahora a todos ellos los quieren hacer volver también, como si fuera un lugar seguro”. 
Para madres con bebés, adultos mayores, y personas con movilidad reducida la pregunta ya no es sólo cuándo volver. Es si volver.

Fuentes del Gobierno de la Ciudad explicaron a El Destape que todos los "detalles del operativo de traslado fueron comunicados a los vecinos" y aseguró que ya "avanzó" en las gestiones para reconectar los servicios de luz, agua y gas luego de que asi lo pidiera la Fiscalía. "Los servicios ya fueron restablecidos" apuntaron desde el Gobierno pero varios de los vecinos denuncian que aun no lograrlos restablecer las conexiones de gas por pérdidas, posiblemente producto del derrumbe. 

Sin sorpresas

Para los vecinos, el derrumbe no fue una sorpresa, que vienen “haciendo denuncias y reportes desde que viven ahí”. Según explicó Leo, incluso antes de la catástrofe ya había presentaciones judiciales contra la administración y la empresa constructora. “Es algo que se venía previendo hace muchísimo tiempo”.

Las fallas, dicen, eran visibles. El impacto ahora es no sólo económico y estructural. Los tres entrevistados coincidieron en los daños a la salud mental: estrés, ansiedad, miedo. “Estamos todos con asistencia psicológica o psiquiátrica”, relató Anabella. Pero Leo aclaró que “no todos”, sino quienes pueden. En su caso, tuvo que esperar más de 10 días para que una psicóloga se comunique con él. Tal fue la falta de asistencia psicológica, que algunos vecinos se acercaron a la Legislatura porteña para pedir respaldo en el reclamo de atención emocional.

La causa judicial les consume también tiempo, recursos y energía. La investigación quedó a cargo de la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N°31, encabezada por María del Rosario Selvatici, que inició actuaciones por el delito de estrago. Entre las primeras medidas, se ordenó reunir la documentación de la obra y relevar las grabaciones de las cámaras de seguridad, tanto de los días previos como desde el inicio de la construcción.

En paralelo, el predio continúa bajo custodia policial y se desarrollan tareas de apuntalamiento estructural con intervención de la Guardia de Auxilio, Defensa Civil y la empresa COSUD.
“Sabemos que esto viene para largo”, dijo Leo. “Pero hoy necesitamos respuestas a la inmediatez”. 

“No sentimos que el edificio sea seguro para nada”, afirmó Anabella. “No creemos en la palabra de quienes dicen que está en condiciones, porque fueron —y probablemente sean— parte de los responsables de que esto haya pasado”.

“Esperamos que la Justicia avance en imputar a los responsables, que se hagan cargo y que paguen”, sostuvo. “Sentimos que nadie jugó para nosotros, que nadie pensó en nosotros”, dijo Anabella. Y aunque reconoce el desgaste individual, marca un límite colectivo: “Nos están afectando y nos están rompiendo, pero no lo van a lograr. Somos una comunidad y nos estamos acompañando todo el tiempo”.