Hasta hace dos meses no se creía que los tiburones pudieran habitar las aguas de la Antártida. Sin embargo, un tiburón dormilón sorprendió a los científicos del Centro de Investigación Oceánica Minderoo-UWA en las aguas heladas del océano. El ejemplar tenía entre 3 y 4 metros de largo y fue captado por una cámara por casualidad.
El tiburón fue hallado a más de 400 metros de profundidad
“Bajamos allí sin esperar ver tiburones porque hay una regla general que dice que no hay tiburones en la Antártida”, explicó Alan Jaimeson a AP, director del Centro de Investigación Oceánica Minderoo-UWA, sobre el tiburón que fue captado en enero de 2025.
El ejemplar se encontraba cerca de las islas Shetland del Sur a 490 metros de profundidad, donde la temperatura del agua era cercana a 1,27 grados. En detalle, era un lecho marino que descendía hacia aguas mucho más profundas. "El tiburón se mantenía a esa profundidad porque esa era la capa más cálida de varias capas de agua superpuestas hasta la superficie", explicó el experto.
Jamieson aseguró que no pudo encontrar ningún registro de otro tiburón en el Océano Antártico, aunque señaló que probablemente otros tiburones antárticos deben vivir en la misma profundidad alimentándose de cadáveres de ballenas, calamares gigantes y otras criaturas marinas que mueren y se hunden en el fondo.
"Hay pocas cámaras de investigación ubicadas a esa profundidad específica en aguas antárticas. Las que lo están solo pueden operar durante los meses de verano del hemisferio sur, de diciembre a febrero. El 75% restante del año, nadie se fija en nada. Y por eso, creo, a veces nos encontramos con estas sorpresas", apuntó Jamieson sobre el descubrimiento.
El "superpoder" de los tiburones dormilones para sobrevivir en aguas heladas
Si bien se identificó como un tiburón dormilón, la especie exacta del ejemplar no pudo definirse. En concreto, los tiburones dormilones son grandes y suelen ubicarse en aguas frías y profundas. Al tener un metabolismo muy lento, suelen llevar una vida tranquila que les permite conservar energía para mantenerse calientes en aguas fría. Considerado un "superpoder", esta cualidad les permite vivir durante mucho tiempo. Estudios recientes señalan que pueden llegar a vivir más de 400 años.
Además, sus tejidos están cargados de urea y N-óxido de trimetilamina (TMAO), en mayor cantidad que un tiburón común. La urea les ayuda a mantener el equilibrio osmótico con el agua, pero también desestabiliza sus proteínas. Sin embargo, el TMAO las refuerza resolviendo ese problema y ayudándolos a funcionar en temperatura cercanas al punto de congelación.
En declaraciones a National Geographic, Jaimeson remarcó la extrañeza de ver uno en cualquier zona del océano y más todavía en aguas gélidas. "Hay diferentes tipos de rareza en el mundo, y este tipo es absolutamente astronómico", afirma.
El experto consideró que esta es una muestra de todo lo que les "queda por hacer". "¿Hay otros tiburones en la Antártida? ¿Se encuentran por toda la zona? ¿Solo están en este lugar concreto? Hay muchas cosas que desconocemos", apuntó al concluir.
