Thiel en Argentina: qué piensa y qué planea el dueño de Palantir que se reunirá con Milei

Es dueño de una de las ompañías más poderosas del planeta y la persona más influyente en el actual gobierno de Estados Unidos. Su vínculo con el bombardeo a Irán y el ataque a Venezuela. 

23 de abril, 2026 | 10.32

Esta tarde Javier Milei recibirá en la Casa Rosada a Peter Thiel, dueño de Palantir, una de las compañías más poderosas del planeta, si no la más poderosa, y probablemente la persona más influyente en el actual gobierno de Estados Unidos. Aunque no es la primera vez que se encuentran, esta reviste connotaciones especiales porque sucede en circunstancias especiales.

Thiel llegó a la Argentina antes del 6 de abril, hace más de dos semanas, a bordo de su avión privado modelo Bombardier Global 7500, un jet que tiene un precio de mercado cercano a los 80 millones de dólares y un costo operativo de casi 10 mil dólares la hora. En el mismo avión hizo y planea hacer viajes por distintos puntos del país. Esta es su tercera visita a la Argentina desde que asumió Milei.

El dueño de Palantir había comprado una mansión de Barrio Parque durante el año pasado y ahora estuvo averiguando por propiedades en la Patagonia. También, de acuerdo al testimonio de empresarios que estuvieron reunidos con él, manifestó su voluntad de quedarse al menos dos meses en la Argentina, donde su empresa tiene negocios vinculados a la seguridad pública y a la ganadería privada.

Sin embargo no son esos negocios los que lo trajeron hasta Buenos Aires sino la curiosidad por la gestión anarcocapitalista de Milei, el experimento a mayor escala de algunas ideas que Thiel viene desarrollando e impulsando desde su juventud. Desde la Argentina el magnate publicó este fin de semana en la cuenta de Palantir el primer manifiesto político de una corporación digital.

El texto, de corte netamente racista y militarista (hay una palabra para eso), tiene complejas implicancias para el futuro de la humanidad. Thiel no es sólo un multimillonario con opiniones políticas. Es, al mismo tiempo, un filósofo con un sistema ideológico coherente y el empresario que desarrolló la infraestructura técnica y financiera que permite aplicar ese sistema en el mundo real.

Una infancia racista

Peter Thiel nació en Frankfurt, Alemania, en 1967 pero cuando tenía apenas un año sus padres decidieron mudarse a Estados Unidos y luego, rápidamente, a Sudáfrica. Klaus Thiel trabajó como ingeniero químico en la mina de Rössing, en lo que ahora es Namibia, una ex colonia alemana donde se refugiaron muchos nazis después de 1945 y que luego fue ocupada por el gobierno blanco sudafricano. 

En Rössing, bajo la supervisión de Klaus Thiel, trabajadores negros en condiciones esclavas extraían uranio sin conocer siquiera la naturaleza radioactiva del material que manipulaban. No se conoce la cantidad de víctimas por la misma naturaleza brutal del sistema. La iniciativa era parte de un programa nuclear clandestino de Sudáfrica y estaba protegida por un ejército privado.

El niño Thiel se crió en Swakopmund, una ciudad donde hasta bien entrada la década del ‘70 era habitual escuchar el saludo ‘heil Hitler’, y asistió a escuelas donde no se permitían negros y se conmemoraba la fecha del nacimiento del jerarca nazi. Recién en 1977 la familia decidió regresar a Estados Unidos, más precisamente a California, donde Peter continuará sus estudios y comenzará su carrera empresarial.

Monopólico, autoritario y elitista

En Stanford conoció a algunas de las personas que más influyeron en sus ideas. La primera fue Arne Panula, un sacerdote del Opus Dei que se había formado directamente en el entorno de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de “la Obra”. La segunda fue el filósofo francés René Girard, que fue su profesor y marcó hondamente a Thiel, y con él, la historia del mundo.

El pensamiento político del dueño de Palantir está asentado sobre tres pilares. El primero es la teoría del deseo mimético de Girard, que sostiene que el deseo no es propio sino imitado, que la competencia genera violencia y que la solución a esa violencia son los monopolios. “La competencia es para perdedores”, escribió Thiel en su best-seller De cero a uno, publicado en 2014.

Del filósofo alemán Carl Schmitt adoptó la distinción amigo/enemigo como eje esencial de lo político, la idea de que soberano es quien decide sobre la excepción y el concepto del katechon: una fuerza que contiene la llegada del Anticristo y por lo tanto no debe estar limitada por las leyes que rigen sobre las personas. Para Schmitt era el Estado; Thiel tiene una interpretación diferente.

Por último, de Leo Strauss, el filósofo de la escritura esotérica, tomó la convicción de que los textos y otros mensajes tienen dos niveles de lectura, uno para el público en general, otro para los iniciados, y que son esas élites intelectuales que acceden al segundo nivel de lectura quienes deben hacerse cargo de las responsabilidades de gobierno. Un pensamiento monopólico, autoritario y elitista.

La mafia de PayPal

Una vez que concluyó sus estudios, Thiel fue a probar suerte en Wall Street pero rápidamente volvió a California, donde fundó su primera start-up: Confinity, una app de pagos. En el año 2000 se asocia con otro ex estudiante de Stanford, criado, como él, en el lado blanco del Apartheid sudafricano, llamado Elon Musk, fundador de X.com, otra app de pagos. El resultado de la fusión fue bautizado PayPal.

En 2002 vendieron PayPal por 1500 millones de dólares. La operación los volvió millonarios a los dos y junto a ellos a un grupo de jóvenes accionistas y ejecutivos de la compañía, que recibieron una parte del arreglo. Son 14 hombres que con ese capital crearon las empresas que dieron forma al ecosistema de Silicon Valley tal como lo conocemos hoy en día.

Entre ellos hay fundadores, financistas y directores de compañías como Youtube, Linkedin, Facebook, Airbnb, Pinterest, OpenAI, Reddit, entre muchas otras. Los conocen como la “PayPal Mafia” y las estimaciones sobre su fortuna actual acumulada es de más de un billón de dólares, sin contar a Musk, el hombre más rico del mundo, que agrega otros 800 mil millones de dólares a la canasta.

Entre ellos aparecen otros “niños del Apartheid”. David Sacks, exjefe operativo de PayPal, hoy asesor de Donald Trump en materias de IA y cripto, nació y vivió sus primeros años en Ciudad del Cabo. Roelof Botha, ex CFO de PayPal y socio de Sequoia Capital, un fondo de capitales de riesgo, es nieto del último ministro de Relaciones Exteriores de Sudáfrica bajo el régimen racista. Genealogías del poder.

Palantir: crisis y oportunidad

La empresa que representa como ninguna otra el poder concentrado de esta oligarquía algorítmica es Palantir Technologies, fundada por Peter Thiel en 2003 con dinero de la venta de PayPal para aplicar una tecnología desarrollada por PayPal. Su idea era utilizar los algoritmos con los que la aplicación detectaba fraudes complejos y usarlos para seguir la ruta del dinero que financia al terrorismo.

Después del 11S el paradigma de inteligencia de Estados Unidos había entrado en crisis. Para Thiel fue una oportunidad. Él sostenía que el fallo no había sido en la recolección de datos sino en el tratamiento que se les daba, compartimentado entre muchas agencias que eran incapaces de conectar los puntos dispersos. Esa era la misión de Palantir: conectar puntos para ver lo que no se observa a simple vista.

La primera inversión institucional que recibió fue de In-Q-Tel, una subsidiaria de la CIA. El acuerdo les permitió trabajar desde un primer momento codo a codo con los analistas en los cuarteles de la Compañía, en Langley. Esa colaboración cotidiana permitió un desarrollo orgánico que se adaptaba permanentemente a las nuevas necesidades. Un sistema creado por la CIA para la CIA.

Para 2013, además, brindaba servicios al Departamento de Seguridad Nacional, el Cuerpo de Marines, la Agencia Nacional de Seguridad, la Fuerza Aérea entre otras dependencias estatales. Diversas investigaciones calculan que entre 2009 y 2025 Palantir obtuvo más de 2700 millones de dólares en contratos con dinero público del erario de los Estados Unidos.

Contra la democracia

En el interín Thiel comenzó a publicar ensayos y dar conferencias donde delineaba su pensamiento político. En 2009 publica “La educación de un libertario”. De allí una de sus frases más citadas: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Un año más tarde, en otra conferencia, dijo que “la tecnología permite cambiar el mundo sin tener que convencer gente que nunca va a estar de acuerdo”.

No fue sólo una reflexión sino una guía para actuar. Thiel financió desde entonces diversos proyectos que apuntaban a formas posdemocráticas de organización política: desde las ciudades-empresa que proponía el bloguero Curtis Yarvin hasta los estados isleños en altamar que diseñó el nieto de Milton Friedman pasando por Praxis, una “nación digital” que planea instalarse en Groenlandia.

En 2016 fue uno de los primeros empresarios en apoyar la candidatura presidencial de Donald Trump. Incluso fue uno de los oradores destacados en la Convención Republicana que formalizó esa postulación. Durante el primer mandato de Trump, sin embargo, toma cierta distancia por considerar que las políticas que estaba llevando adelante no eran lo suficientemente rupturistas.

El cruce del Rubicón

En los primeros días de 2019 hubo una conversación por email entre ejecutivos de facebook, entre los que se encontraba Thiel: “El 70 por ciento de los millennials en Estados Unidos dijo que votaría por el socialismo. Las Big Tech, o cualquier cosa así de grande, son particularmente impopulares. Para bien o para mal, es difícil reconciliarlos con Silicon Valley”, señaló Nick Clegg, jefe de institucionales.

La respuesta de Thiel: “La respuesta me parece bastante clara: cuando uno tiene demasiadas deudas o la vivienda es inasequible, tendrá un capital negativo durante mucho tiempo y/o le resultará muy difícil empezar a acumular capital mediante inversiones inmobiliarias; y si uno no está invertido en el sistema capitalista, es muy probable que se vuelva en su contra.”

Todo lo que sucedió a partir de ese momento debe ser encuadrado en ese marco: el de tipos muy poderosos tratando de mantener el sistema capitalista sacrificando su componente democrático. Un año más tarde, cuando Trump intentó hacer un golpe de Estado, Silicon Valley le jugó en contra pero demostró un poderío inédito, llegando a censurar las cuentas del presidente de Estados Unidos.

Fue el cruce del Rubicón. Muchos lo celebraron porque estaban en contra de Trump, creyendo que otorgarle mecanismos de censura supra-estatal a mega corporaciones monopólicas podía resultar auspicioso. La historia ya sabemos cómo siguió: Trump aprendió la lección, pactó con Silicon Valley, volvió a presentarse a elecciones cuatro años más tarde y las ganó.

“Todos transicionan a Palantir”

Con el segundo gobierno de Trump todo cambió. En abril de 2025 un funcionario norteamericano dijo en off the record a CNN: “Everyone is transitioning to Palantir”. La frase describe una transferencia de poder que no se anuncia sino que se ejecuta silenciosamente, contrato por contrato, cargo por cargo, base de datos por base de datos. Es la transición a la postdemocracia.

Hay más de una docena de personas que tienen vínculos directos con Peter Thiel y ocupan posiciones clave, empezando por el vicepresidente JD Vance, que se encuentra literalmente a un paso del Salón Oval y debe toda su carrera, primero como empresario y luego como político, a los aportes económicos y la influencia de su patrón, Thiel.

Elon Musk dirigió DOGE durante los primeros meses de la administración. David Sacks es el zar de IA y cripto. Michael Kratsios, durante siete años jefe de gabinete de Thiel, hoy dirige la oficina de Política Científica y Tecnológica. Jacob Helberg, ex asesor estrella de Palantir, es subsecretario de Estado. Ken Howery, cofundador de PayPal, es embajador Dinamarca, con jurisdicción sobre Groenlandia.

La colonización del organigrama civil no fue suficiente. El 13 de junio de 2025, en el Pentágono, se tomó juramento a cuatro ejecutivos de Palantir, Meta y OpenAI como teniente coronel de la reserva del Ejército, un cargo que normalmente requiere al menos 15 años de experiencia militar. Ninguno tiene experiencia militar. No hicieron entrenamiento básico ni examen físico. Todos seguirán en sus funciones privadas.

En julio se anunció un contrato sin precedentes por 10 mil millones de dólares, que centralizó toda la inteligencia logística y operativa del Pentágono: Palantir se convirtió en el sistema operativo del gobierno norteamericano. Mucho más que un contratista: un socio. Ese es el núcleo de la reestructuración de las relaciones entre Estado, capital, tecnología y democracia en el siglo XXI.

Venezuela, Minnesota, Irán: bautismos de fuego

El 3 de enero Estados Unidos, utilizando software de Palantir, dio un golpe de Estado en Venezuela y secuestró a su presidente, Nicolás Maduro. Dos semanas más tarde, también sobre sistemas diseñados por la empresa de Thiel, la policía migratoria tomó por asalto la ciudad norteamericana de Minnesota. Disfrazaban como represión a inmigrantes una operación de inteligencia interna.

El 28 de febrero Estados Unidos bombardeó a Irán. Los blancos se eligieron a través de Palantir. Entre ellos, una escuela de niñas en la que murieron 168. Es la primera guerra en la que Silicon Valley toma decisiones estratégicas y están fracasando. El costo lo paga Trump. Quien espera es JD Vance. Lo que no está fracasando es la toma del Estado por parte de Thiel.

Hoy Palantir moldea la política y no al revés. El debate sobre la utilización de armas autónomas, como los drones, gira en torno al concepto de “humans in the loop”, humanos en el circuito: ¿es necesaria la supervisión humana a decisiones de máquinas de matar? El algoritmo ya vigila, procesa los datos, decide los blancos y ejecuta. Sólo queda una persona que autoriza clickeando “OK”. Quieren sacarla.

El debate es aterrador pero a su vez esconde una discusión más profunda, porque la misma pregunta sobre la necesidad de humanos en el circuito puede aplicarse a otras decisiones que hoy se está delegando en el algoritmo, es decir en manos privadas: las asignaciones de partidas, los planes ejemplos, la persecución de disidencias son sólo tres ejemplos de procesos que pueden autonomizarse.

El anticristo y el final de la democracia

Ese es el final de la democracia que planea Thiel, que hoy moldea la política norteamericana (y no al revés). En los últimos años cambió su idea de una red de ciudades-empresa descentralizada por la de un gran Leviatán estatal a imagen y semejanza del Partido Comunista Chino. Pero en lugar de oponerse a las fuerzas del capital, el Katechon de Palantir se propone desatarla.

Su obsesión con la idea de Anticristo lo llevó, a partir del año pasado, a dar una serie de conferencias al respecto. Thiel plantea que las regulaciones a la tecnología, el pensamiento woke y la tolerancia con otras culturas son una amenaza que, a través de la política, pone límites al Katechon y por lo tanto acelera la llegada del fin del mundo. Por lo tanto, se sigue, vale todo para combatirlo.

En esta lectura, el anticristo es una suerte de Estado único global con capacidades totales de vigilancia y control que impone su ideología y un modelo de desarrollo económico y tecnológico a todos. Es curioso porque parece que se estuviera describiendo a sí mismo pero cuando le preguntan sobre este asunto él prefiere decir que lo identifica con figuras como la activista Greta Thunberg.

Sin política en el circuito

La teoría política no tiene un nombre para lo que está sucediendo. No es lobby. El lobby busca influir en los gobiernos, no reemplazarlos. No es plutocracia, en el sentido clásico. Los plutócratas compraban políticos, no construían la infraestructura que hace funcionar al Estado. Tampoco es el complejo militar-industrial del que advertía Eisenhower en 1961: una alianza del gobierno y los contratistas.

Esto es la absorción de las funciones críticas del Estado por parte de un grupo de amigos que simultáneamente fabrica las armas, gestiona la inteligencia, opera las comunicaciones, controla los datos y ocupa los cargos clave que deberían supervisar todas esas operaciones. No politics in the loop. Thiel escribió en 2009 que su libertad y la democracia son incompatibles. Ahora lo puso en práctica.

El desembarco de Palantir en Argentina

Apenas dos meses después de que Javier Milei asumiera, Peter Thiel vino a visitarlo a la Casa Rosada por primera vez. Fue el 27 de febrero de 2024, el encuentro duró casi dos horas y figura en la planilla de visitas. El magnate volvió el 8 de mayo para una segunda reunión que no figura en los registros. Alec Oxenford, contacto entre los dos y embajador en Estados Unidos, lo posteó en sus redes.

Oxenford dijo, en ese tuit, que para Thiel “las ideas de Milei son tan relevantes a nivel mundial como lo son para Argentina”. Curiosamente, ayer, en el marco de la tercera visita de Thiel al país, volvió a postear y habló de la reunión de mayo de 2024 como el primer encuentro del empresario con el presidente argentino, omitiendo la reunión documentada de febrero. Preguntas que nadie va a responder.

Desde un primer momento, el gobierno de Milei viene dictando leyes, decretos y reglamentos para preparar el desembarco de Palantir. El resultado de las reformas (ley Bases, ley Anti Mafias, SIDE, reglamentos de las fuerzas, manejo de bases de datos públicas) es funcionalmente idéntico a los requisitos operativos de las plataformas que ofrece Palantir. 

Por lo menos desde el año pasado que existen conversaciones de la empresa con el ministerio de Seguridad que encabezaba entonces Patricia Bullrich. Hoy, un par de horas antes de que Peter Thiel visite por tercera vez la Casa Rosada, se inaugura el Centro Regional de Información y Análisis sobre Crimen Organizado con presencia de funcionarios del gobierno norteamericano.

Fascismo y genocidio

En los últimos meses se hizo viral el video de una charla del CEO de Palantir, Alex Karp, con inversores, en el que, en un tono muy alegre, cuenta sobre sus éxitos en Estados Unidos y otros países que no tiene permitido nombrar. Un par de minutos más tarde dice que el trabajo que está haciendo la empresa es “tratar de asustar a sus enemigos, y en algunos casos matarlos”.

Palantir fue una herramienta central en el genocidio en Gaza. Desde la Argentina, Thiel mandó a publicar una publicidad completa en el New York Times donde dice solamente “Palantir banca a Israel”. Poco después, desde sus redes, la empresa publicó un manifiesto político, el primero en la historia de ese tipo firmado por una corporación privada, basado en el libro de Karp La República Tecnológica.

El manifiesto tiene tres ejes. El primero habla sobre el deber patriótico de Silicon Valley con Estados Unidos; el segundo acerca la necesidad de apostar por el “poder duro” por sobre la diplomacia y el “soft power”; el tercero remite a racismo (algunas culturas son buenas y otras dañinas), vigilancia (Palantir debe participar de la lucha contra el crimen) e impunidad para quienes toman estas decisiones.

Lo que debe leerse entre líneas: el manifiesto es una hoja de ruta para la toma del poder absoluto del Estado, la transformación definitiva del capitalismo democrático de consumo en un capitalismo autoritario para embarcar a todo el hemisferio en una guerra existencial contra China. La carrera tecnológica ya está perdida. La única forma de ganar es usando la violencia a una escala nunca conocida por el hombre.
 

La hoja de ruta

Ese plan se está cumpliendo. Donald Trump prepara una economía de guerra. El 3 de abril la Casa Blanca presentó al Congreso un presupuesto provisorio para 2027 que contempla una partida de 1,5 billones de dólares para gastos militares. Al presentarlo en el Congreso, el director de presupuesto planteó la necesidad de una reconversión productiva estructural del aparato bélico.

En enero se había publicado el plan nacional de Defensa, que ya hablaba de “poner todo el sistema de adquisiciones y la base industrial en pie de guerra”. El mismo documento identifica a China como “amenaza de largo plazo”. Además, Trump prohibió a las contratistas de defensa que repartan dividendos o aumentaran sueldos a sus ejecutivos para reinvertir todo el excedente en más producción.

Hace dos semanas el gobierno norteamericano anunció que las principales automotrices van a reconvertir parte de sus propias operaciones en líneas de producción de armamento, algo que no sucedía desde la segunda guerra mundial. A partir de diciembre de este año se implementará un sistema de inscripción automática al Servicio Militar.

El verdadero final

Alguien podría creer que Peter Thiel está provocando una guerra mundial para su beneficio económico. Es una lectura incompleta. Thiel piensa más allá. Piensa, por ejemplo, en volverse inmortal. En 2015, en una conferencia dijo: “La muerte es mala, está mal, no hay que aceptarla y hay que combatirla por cualquier medio". Como hemos visto, él es un hombre de acción. Dice y hace. Por cualquier medio.

El moderador de esa charla fue el periodista Ross Douthat. Diez años más tarde el mismo Douthat le hizo una extensa nota para el NYT donde le preguntó: "Preferirías que la raza humana perdure, ¿no?". Thiel duda la respuesta. Pausa larga. Douthat: "Estás dudando." Thiel: "No sé…" Douthat: "Es una duda muy larga." Thiel, finalmente: "Sí, pero…". En ese “pero” está resumido su proyecto.

“Sí, pero no todos”: allí confluyen el elitismo de Strauss, la violencia de Girard, el excepcionalismo de Schmitt, el genocidio de Israel: la humanidad, quizás sobreviva. Los seres humanos… bueno, eso es otra cosa. Thiel cree en el transhumanismo: está inscripto para ser criopreservado al morir. Financió biolaboratorios de longevidad, investigaciones de IA aplicadas. Experimentó con su propio cuerpo. 

Lo que no llega a apreciar, en medio de la vorágine, es que él también es descartable. Que él y los suyos, la lumpenoligarquía de Silicon Valley que parasita occidente, son vectores de un capital autónomo, que se salió de control y en su loop retroalimentado de acumulación, concentración y violencia amenaza con destruirlo todo. Y cuando esa tarea esté completa no habrá nadie para recordarlo.