El PRO sigue en modo reconstrucción. Con la excusa de la cena anual de la Fundación Pensar, Mauricio Macri reunió a la plana mayor del macrismo y dejó una postal con proyección a 2027. Pero el telón de fondo fue más urgente: cómo pararse frente a un Gobierno de Javier Milei atravesado por escándalos y disputas internas, sin romper el delicado equilibrio de apoyo que el partido mantiene desde diciembre.
La denuncia que salpica a Manuel Adorni por sus vuelos al exterior y la adquisición de propiedades se coló en las mesas, con una pregunta que se repitió sin respuesta: “¿Cuándo se va Adorni?”. En el PRO ya hacen otra lectura: el año próximo “no será un rival” en la pelea porteña.
“En el Gobierno no paran de tirarse tiros en el pie”, lanzó, con sorna, un legislador del oficialismo porteño. Con más cautela, un funcionario con acceso a la mesa política de Jorge Macri eligió otro tono y puso el foco en la gestión: “Mientras el rival se equivoca, mejor no interrumpirlo”, deslizó, en una frase atribuida a Napoleón Bonaparte que en el macrismo empieza a consolidarse como doctrina.
Entre bocado y bocado, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal fueron dos de los protagonistas de la noche y dejaron definiciones políticas. “Ganar una elección no es suficiente si no tenemos equipos sólidos”, advirtió la titular de Pensar al abrir el encuentro. En sintonía, y en lo que puede leerse como un tiro por elevación a un impulsivo Javier Milei, el exPresidente remarcó: “Lo peor que hay en el mundo es improvisar. La Argentina tiene que superarse porque ya tuvo demasiado tiempo de improvisaciones. Estamos acá mirando el futuro”.
Entre ambos también tomó la palabra el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. El foco estuvo puesto en la revolución digital y la inteligencia artificial como política de Estado. “El mundo y la Ciudad que gobernamos hoy no serán los mismos dentro de 10 años. La tecnología, por sí sola, no ordena una sociedad”, planteó.
Aunque la intención fue mostrar a un PRO enfocado en el futuro y en el armado de equipos con propuestas de gestión, sobre el escenario hubo pocas definiciones políticas. De hecho, Mauricio Macri le dedicó media hora a entrevistar al emprendedor tecnológico Santiago Siri sobre los desafíos de la inteligencia artificial. Desde la organización argumentaron que el auditorio, con fuerte presencia empresarial, no tenía “tamiz político”. “El rol de Pensar es más técnico que político”, justificaron.
Sin embargo, aun en ese registro más moderado, se filtraron definiciones. En el PRO leen las referencias a la “improvisación” como algo más que una reflexión conceptual. No marcan una ruptura, pero sí una advertencia sobre los límites de un apoyo que ya dejó de ser incondicional. Esa lectura se refuerza con el diagnóstico interno que circula puertas adentro. Señalan una seguidilla de escándalos: desde el caso de Manuel Adorni hasta los cuestionamientos por créditos del Banco Nación, y una interna cada vez más visible entre Santiago Caputo y Karina Milei. “Es inentendible lo que está pasando”, admiten.
Aun así, descartan un escenario de ruptura y reconocen que el Gobierno conserva fortaleza política: ganó las elecciones de medio término, mantiene niveles de apoyo y logró construir una mayoría parlamentaria funcional. “Tiene tiempo, una macro sólida y no tiene adversarios fuertes”, comparan en diálogo con El Destape en relación al escenario de Macri en 2018 cuando comenzó a flaquear su gestión y había en ese entonces un kirchnerismo más fuerte. El matiz aparece en la gestión: “Después, si no resuelve los problemas porque no tiene capacidad para hacerlo, es otra cosa”.
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Donde el PRO empieza a marcar mayor distancia es en la microeconomía. Sin cuestionar abiertamente el rumbo general —en especial el déficit cero—, sí ponen el foco en el impacto social. La caída del salario real y el malestar en la clase media aparecen como señales de alerta. “Hay gente que la está pasando mal”, reconocen y aseguran que los últimos escándalos “le pegaron en la línea de flotación al Gobierno”.
En este contexto, el macrismo eligió una estrategia doble: sostener el apoyo legislativo y, al mismo tiempo, reconstruirse como alternativa. “El PRO tiene que hacer su trabajo y no compararse con Milei”, repiten. La prioridad pasa por consolidar equipos, mostrar capacidad de gestión y estar listos para cuando cambie el escenario.
Sobre el trabajo en el Congreso, una voz fundadora del PRO lo dice sin rodeos: “No hay ninguna votación que el Gobierno hubiese podido ganar sin nuestro apoyo”. Y agrega un dato clave: el peso del PRO no es solo numérico, sino simbólico. “Si no apoyamos, el resto de la oposición piensa dos veces”, destaca.
Sobre el final de la noche, también hubo lugar para una cuota de ironía. La decisión del Gobierno de restringir el acceso a la Casa Rosada a algunos medios, entre ellos El Destape, se coló en las charlas. Entre risas, en el PRO marcaron otra diferencia con los libertarios, al asociar esa actitud con prácticas del kirchnerismo: “Acá pueden entrar todos”. Eso sí, vale recordar que en la última sesión en la Cámara de Diputados, los del bloque que preside Cristian Ritondo rechazaron los proyectos de la izquierda y del peronismo que repudiaban la censura.
