Javier Milei necesita que lo rescaten. Otra vez. En abril de 2025, hace apenas un año (parece que hubiera pasado hace un siglo) lo rescató el Fondo Monetario Internacional, con un acuerdo de 20 mil millones de dólares que vino a engrosar la deuda récord de 45 mil millones que el mismo Luis Caputo había contraído durante su gestión con Mauricio Macri. El acuerdo venía con cláusulas secretas, fue aprobado por el Congreso antes de que los legisladores pudieran verlo y sus condiciones, como corresponde a un acuerdo con el FMI, son draconianas.
MÁS INFO
Cinco meses más tarde, el gobierno de Milei entró nuevamente en crisis. Faltaban menos de dos meses para unas elecciones cruciales y la corrida parecía inevitable. El FMI ya no podía rescatarlo. Entonces subió un escalón y gestionó un rescate con quien, en los hechos, se comportaba como el jefe del Fondo y había presionado para facilitar el acuerdo anterior: el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Esta vez alcanzó con algunos tuits, un montón de promesas y un par de muestras gratis para calmar las aguas. La calma tampoco duraría mucho.
A menos de veinte días de las legislativas la zozobra volvía a recrudecer. Todo estaba atado con alambre. El establishment hablaba de asambleas legislativas y había dirigentes que practicaban ante el espejo el “sí, juro”. Hubo vuelo de emergencia a Washington DC, una accidentada conferencia en la que Milei salía de espaldas en cámara y Donald Trump amenazó a los argentinos con provocar una crisis si el oficialismo perdía las elecciones. El rescate del jefe de Bessent le sirvió para llegar hasta las elecciones y ganarlas.
El último jefe
La calma duró meses y ya se fue. Milei necesita que lo rescaten nuevamente. Esta vez no hay una corrida, todavía, aunque las tensiones cambiarias, que estaban dormidas, volvieron a despertarse esta semana. Lo que hay es una crisis social y económica de tal magnitud que pone en riesgo aquello por lo que trabajó desde su primer día en Casa Rosada y que creía asegurado después del triunfo electoral del año pasado: el monopolio político desde el centro hacia la derecha que lo consolide como único líder de la mitad de la sociedad, como Trump, como Bolsonaro.
Milei necesita ordenar la interna de su gobierno, la interna de la alianza que había construído alrededor de su liderazgo y como muchos de esos problemas tienen inicio o se potencian en la caída de su imagen pública, necesita ordenar la calle, por las buenas o por las malas. Cuando el FMI no pudo ayudarlo fue con Bessent. Cuando Bessent ya no alcanzaba fue a buscar a Trump. Ahora que la ayuda de Trump quedó demasiado lejos vuelve a hacer lo que hace siempre. Subir un escalón e ir a buscar al jefe: señoras y señores, con ustedes, Peter Thiel.
Las soluciones de Thiel
El dueño de Palantir puede brindar soluciones a muchos de los problemas de Milei, principalmente de tres maneras: la primera tiene que ver con el uso más brutal de los sistemas que diseña esa empresa. La vigilancia masiva, el espionaje ilegal, la inteligencia interna, la persecución de disidentes, el terrorismo generalizado de que todos sepan que ya no existe la privacidad. Ojo con lo que decís. Ojo con quién te juntás. Ojo lo que lees, a dónde vas. Es poder duro, el tipo de poder que prometen desde su Manifiesto, publicado hace una semana.
En un segundo nivel, los servicios de Thiel pueden servir como una extraordinaria maquinaria de manipulación electoral. En el escándalo de Cambridge Analytica se utilizó tecnología y know-how de Palantir, aunque la empresa norteamericana asegura que se trató de una consultoría independiente de un empleado y no de una relación institucional. La oposición debe asumir desde ahora que la cancha algorítmica estará inclinada a favor del gobierno de muchas formas, y debe pensar tácticas y estrategias asimétricas para contrarrestar esa realidad.
Pero es el tercer nivel, quizás, el más revulsivo, porque puede reparar algo que Milei hizo estallar en mil pedazos y es un valor importante para proyectar gobernabilidad en el tiempo y potencia electoral: el círculo rojo. Si un lobbista de segundo orden como Barry Bennet puso a hacer fila en una oficina de Puerto Madero a gobernadores y empresarios con un par de off the records, no cuesta imaginarse que alguien como Thiel ordene al poder permanente argentino, siempre dispuesto a la subordinación, casi sin esfuerzo. La pregunta es para quién.
Un cambio de perspectiva
Esta es la tercera visita del magnate a la Argentina, aunque por razones poco claras el gobierno dice que fueron solamente dos, una mentira que repitió hasta el embajador en Estados Unidos, Alec Oxenford, que había estado presente en las dos anteriores. La primera figura en el registro de ingresos a la Casa Rosada, el 27 de febrero de 2024. La segunda no figura en el registro pero la hizo pública el propio Oxenford con un mensaje de tuiter, el 8 de mayo del mismo año. Es por lo menos curioso que el relato oficial omita el primer encuentro.
También resulta significativo que las primeras dos veces que vino al país, Thiel vino a ver a Milei. Esta vez pasó casi veinte días en la Argentina, con una agenda atareada. Se reunió cara a cara con dirigentes políticos y con empresarios. Recorrió otros puntos del territorio. Y recién después fue a la Casa Rosada. Las primeras veces, Thiel vino a ver a Milei. Esta vez vino a ver a la Argentina. Un cambio de perspectiva que el propio presidente dijo en forma explícita en una nota que brindó tras la reunión con el dueño de Palantir.
"Me pareció muy interesante el punto que hizo. Él reconoce y está al tanto de los logros, pero me hizo la pregunta más inteligente: ¿cómo se sostiene esto en el tiempo?", reconoció Milei. No es solamente “curiosidad por el gobierno anarcocapitalista” sino un interés concreto en el marco de una estrategia más amplia. Thiel tiene un plan. La Argentina tiene un rol en ese plan. Si hubiera aceptado garantías tan débiles como las que puede ofrecer hoy en día su presidente, Thiel nunca hubiera llegado a construir su imperio.
"Preservar el programa"
La estadía del hombre en la Argentina coincide con algunos movimientos en el círculo rojo que llamaron la atención aún antes de conocerse su presencia en el país, pero que ahora invitan a ser analizados con otra luz. El diario La Nación, por ejemplo, que está pasando por el peor momento en su relación con el gobierno, publicó un comentario editorial llamativo titulado “Preservar el programa, proteger a Milei” que celebra el rumbo de la economía y el alineamiento geopolítico. No sabemos si Thiel estuvo reunido con alguien de La Nación, o si el mensaje se transmitió por otras poleas, o si simplemente hubo una feliz casualidad.
Hubo otra coincidencia temporal llamativa, en el mismo sentido. Fue la reunión de dos figuras muy poderosas y casi siempre antagónicas: Mauricio Macri y Paolo Rocca. Es posible que la influyente presencia del tecno oligarca no haya tenido nada que ver con ese reencuentro, pero es muy poco probable que ellos no estuvieran al tanto de sus andanzas e intereses. La candidata de Rocca para el 2027 no es Milei sino Patricia Bullrich. La exministra de Seguridad centralizó las negociaciones con Palantir durante sus dos años de gestión.
Seguros
Thiel busca un seguro: necesita garantizar la continuidad del alineamiento automático con el eje Washington/Silicon Valley, desregulación en materia de IA y subordinación energética más allá de la duración del mandato de este gobierno. Que los efectos del gobierno de Milei perduren, convirtiendo a la Argentina en un apéndice de ese proyecto imperial, antidemocrático, elitista y genocida de manera permanente y definitiva. Por este camino no vamos a recuperar las Malvinas sino que vamos a perder todo lo demás.
Milei también busca un seguro. Las chances de que el gobierno de Trump tenga un fin abrupto crecen, entre su avanzada edad y salud deteriorada, las chances de una derrota en noviembre que desemboque en un juicio político o incluso la posibilidad creciente de que parte de su propia tropa, encabezada por el vice JD Vance, le de un golpe interno. Vance es empleado de Thiel. El empresario le dio su primer trabajo, financió su primera empresa y luego pavimentó con millones de dólares toda su carrera política. Puede garantizar, llegado el caso, una sucesión ordenada.
Es cierto, como dice Milei, que Thiel está fascinado con su experimento anarcocapitalista. Es un espectáculo que no va a encontrar en ninguna otra parte del mundo. Cometería un error si cree que eso significa incondicionalidad. Thiel es una persona sumamente pragmática. No es incondicional con nadie. Es alguien que desarrolló la infraestructura de los genocidios y el terrorismo de Estado en el siglo XXI. Que no pestañaría antes de matar a millones, si es parte de su plan. Somos todos insumos descartables. Milei también. Quizás antes de lo que se imagina.
