En sus horas más críticas, Irán está (casi) sola

La ofensiva militar de EE.UU. contra Irán volvió a sacudir el equilibrio de poder en Medio Oriente, pero también dejó al descubierto la fragilidad de las alianzas de Teherán. Aunque mantiene vínculos estratégicos con China y Rusia y tiene el respaldo parcial del llamado “eje de la resistencia”, el gobierno iraní enfrenta el conflicto con un apoyo internacional limitado y aliados que priorizan la cautela diplomática. 

07 de marzo, 2026 | 00.05

Una vez más, Donald Trump amenazó durante meses y cumplió. Llevó a los iraníes a tres rondas de negociación mientras los rodeaba militarmente y preparaba su estocada. Desde ese momento en que apretó el botón que lanzó el primer misil el 28 de febrero, los apoyos a la nación de mayoría persa le son esquivos. China, cuya dependencia energética de Teherán y de países del Golfo es crítica, se muestra una vez más como un actor que busca mediar sin tomar partido, mientras que Rusia dice que el gobierno de los ayatolas no le pidieron ayuda militar y se mantiene ocupado con sus temas en Ucrania. En tanto, el rol del llamado “Eje de la resistencia” es variado, con Hezbollah en Líbano jugando militarmente y los hutíes en Yemen apenas de forma testimonial.

China y el juego del mediador

Los ataques cayeron sobre Teherán y otra veintena de puntos del país durante las primeras horas de la mañana del sábado, cuando empieza la semana laboral en esa nación. Horas después de iniciados los ataques, China se pronunció. Dijo que estaba “profundamente preocupada” y pidió un cese el fuego inmediato para volver a una mesa de negociación. Al día siguiente, el Canciller, Wang Yi, insistió en el mismo sentido. Nada de esa posición debería sorprender ya que desde hace años el rol chino en Medio Oriente fue de intermediario que favorece el diálogo -como en 2023 cuando propició un encuentro entre la nación chií Irán y la su mayor rival regional suní, Arabia Saudita-, sin siquiera amagar a desenfundar un arma.

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China venía siendo un actor clave para moderar el relativo aislamiento en que se encontraba Irán ya que favoreció su inserción en instancias como el bloque de los BRICS en 2023 o el mencionado encuentro con sus rivales saudíes. Pero también, el creciente intercambio comercial entre estas naciones. Desde la aplicación de una creciente catarata de sanciones económicas en contra de Irán a partir de que Donald Trump saliera en su primer mandato del Plan de Acción Integral Conjunto -conocido comúnmente como pacto o acuerdo nuclear- firmado entre Irán y EE. UU., Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania en 2015, la crisis iraní fue creciente.

En el plano energético, China es el principal comprador del petróleo iraní. El ascenso de esta exportación desde Teherán a Beijing crece desde 2013 en forma sostenida, solo con algunos momentos de decrecimiento. En 2025 Irán llegó a colocar el 87,2% de su crudo en el mercado chino, en una suerte de win-win porque se garantiza descuentos importantes, a la vez que le garantiza divisas a su socio para respire en medio de las sanciones occidentales.

La mención al crudo venezolano es clave para entender la urgencia que atraviesa China desde la captura de Nicolás Maduro, con Trump haciéndose cargo de ese recurso, y después de sus bombardeos sobre Irán, sumado a la decisión de Teherán de cerrar el comercio que pasa por el estrecho de Ormuz. Alrededor de 20 millones de barriles de petróleo pasaron a diario por ese paso esencial según estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Dicho de otro modo, cerca del 20% del petróleo mundial transita esa vía y en su mayoría va con destino a Asia. Por ese condicionante, ahora China decidió suspender sus exportaciones de combustible, pisando las pocas reservas que tiene. Mientras tanto, China también aumenta el suministro de otras naciones, por ejemplo, Angola, Malasia y Rusia.

“Tanto a Rusia como a China les interesa que se mantenga la República Islámica por los vínculos económicos tan fuertes que tiene, son los principales beneficiarios del bloqueo o las sanciones impuestas a Irán, puesto que son los únicos que pueden comprar petróleo iraní a un precio mucho más bajo que el mercado internacional, incluso a veces, como el caso de China, a cambio de cierta tecnología. Lo cual les favorece”, dijo a El Destape Fernando Camacho Padilla, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid, especializado en Medio Oriente. A su vez, consideró que por razones del mismo bloqueo, “Irán se ha llenado de manera sorprendente de productos chinos. Es bastante común encontrar producción china” y que si bien estimó que esto pasa en todo el mundo, “en Irán especialmente, porque tampoco tiene tantos socios comerciales, aunque a través del mercado negro llega en realidad de todo”.

Pese a esta dependencia energética, agudizada en tiempos de guerra, el gigante asiático sigue jugando el juego de la diplomacia. Mao Ning, la portavoz de la Cancillería remarcó esta semana que su país viene haciendo “intensos esfuerzos de mediación” y que Wang Yi llamó por teléfono a sus pares “de Rusia, Irán, Omán, Francia, Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos” para “intercambiar opiniones a fondo sobre la situación regional”, pidiendo respetar los principios de la Carta de Naciones Unidas. Una instancia olvidada pero sobre la que insiste en hacer de cuenta que sigue viva. El especialista William Yang del centro de pensamiento Crisis Group, explicó que el ejército chino creció muy rápido y ya hizo ejercicios militares con Irán, incluso estableció una base en Yibuti, África Oriental, en 2017, “sin embargo, su principal objetivo es defender sus intereses en Asia, desde Taiwán hasta el Mar de China Meridional. China se muestra reacia a proyectar poder militar más allá de su periferia inmediata y tampoco está dispuesta a desempeñar el papel de garante de la seguridad en regiones inestables como Medio Oriente”, señaló en cuenta de X. Habrá que esperar a ver si el tic tac que suena en Beijing lo lleva a cambiar de estrategia, pero en ningún caso parece probable la vía militar. 

Rusia y el juego del distraído

Moscú y Teherán vienen cooperando en el plano comercial y económico. Ambos participan en proyectos como el Corredor de Transporte Norte-Sur, una red multimodal de más de 7000 km que conecta Rusia con la India e Irán a través del Mar Caspio, Azerbaiyán y Asia Central, y que ayuda al Kremlin, también sancionado por parte de Occidente, a superar los intentos de aislarla de sus rutas de tránsito tradicionales que le cayeron después de su invasión a Ucrania en 2022. El comercio de China y Rusia con la administración de los ayatolas iraníes es fundamental para el sostenimiento de la república islámica. En 2024, el intercambio de Teherán con Beijing fue de más de 13 mil millones de dólares, mientras que con Moscú de casi 5 mil millones (el de China con Rusia batió récords superando los 244 mil millones), según fuentes oficiales y privadas recopiladas por la organización sin fines de lucro The Soufan Center, con base en Nueva York.

En el plano militar el gobierno de Vladimir Putin compró una pieza clave en esa guerra: los drones shahed iraníes. Según dijo días atrás su rival Volodimir Zelensky, se estima que desde febrero de 2022 Moscú lanzó más de 57.000 drones shahed de fabricación iraní contra territorio ucraniano. Pero la colaboración iraní con Rusia no camina por doble vía. El jueves, le preguntaron al vocero del Kremlin si tenía la intención de enviar ayuda material a la nación de mayoría persa, a lo que respondió: "En este caso, no hubo solicitud por parte de Irán”. Y fue más evasivo aún cuando agregó: “Nuestra postura constante es bien conocida para todos, y no ha habido cambios al respecto". Esa declaración llegó después de que el 2 de marzo dijera que la pertenencia iraní al bloque de los BRICS no contempla la obligación de ofrecerle una asistencia mutua durante una agresión militar. En síntesis, que estaba solo.

“En este momento, Irán sí está relativamente aislado, pero es un asunto contextual porque su aliado desde la revolución islámica, sobre todo en la guerra con Irak, fue Siria. Después de esa guerra Irán fue creando ciertas alianzas, sobre todo comerciales y estratégicas con Rusia y con China, pero en el contexto actual Rusia tiene sus propios problemas en este momento y no se va a meter en otra guerra, y China pues no va a entrar en guerra con Estados Unidos”, dijo a El Destape Alejandra González Guerrero, maestra en Estudios de Asia y África con especialidad en Medio Oriente.

En cualquier caso, tanto la relación de Teherán con Moscú como con China parece no tener un basamento ideológico, sino más bien estratégico y en todo caso transaccional. Esto es lo que hace más probable que sigan insistiendo por las vías diplomáticas, y menos probable la vía militar.

“Creo que China y Rusia nunca mandarían tropa en terreno para apoyar a la República Islámica, pero lo que sí se está dando ya es asesoramiento y colaboración en temas de inteligencia y en desarrollo armamentístico. Todo eso sí se mantiene y en principio parece ser evidente que alguna de estas operaciones que ha llevado a cabo Irán hacia el exterior de alguna manera ha tenido algún tipo de apoyo de estas potencias”, valoró Camacho Padilla.

El “eje de la resistencia” y un juego ambiguo

Si miramos el mapa de las alianzas de Irán en 2023 el llamado “Eje de la resistencia” estaba en pie. Un aliado como Hezbollah en el Líbano estaba activo, en Siria la dinastía Assad se mantenía de pie y en Gaza, Hamás preparaba su mayor atentado contra Israel, el del 7 de octubre de ese año. Pero justamente después de este clivaje, un proceso de desmoronamiento se aceleró. Desde el inicio de la guerra en Gaza, la milicia - partido chií libanesa intervino con ataques contra su vecino del sur, según dijo entonces, como gesto de solidaridad con los palestinos. Pero Israel decidió en septiembre de 2024 detonar miles de pagers o beepers en el Líbano (también en Siria) además de bombardeos que terminaron descabezando a ese grupo armado.

En diciembre de ese año, tanto en Damasco como el resto del territorio sirio, las estatuas de los Assad iban a ser arrastradas por las calles y el que antaño fue designado por occidente como terrorista Ahmed Al-Sharra iba a ser consagrado como líder del país y ungido por Occidente. Mientras que en Hamás quedaría diezmado, así como el territorio y la población del enclave palestino donde Israel llevó a cabo un genocidio.

Ahora solo Hezbollah salió en defensa de Irán. “Lo que Israel hizo tras el bombardeo con cohetes no es una respuesta, sino una agresión preparada. Lean los medios de comunicación israelíes y las declaraciones de algunos funcionarios: se prepararon para esta agresión y prepararon los objetivos”, dijo Naim Qassem, líder de Hezbollah para justificar su ingreso a la contienda esta semana. Pero esta posición no parece ser monolítica en el partido armado; sus filas políticas y su brazo armado mostraron diferencias, a la vez que enfrenta la presión del gobierno libanés para que deponga las armas. Un mensaje que llegó también de quien no quita el pie de su antiguo protectorado, el gobierno francés. Por su lado, los hutíes de Yemen solo hicieron gestos simbólicos de apoyo a Irán. "Nuestra postura en Yemen, tanto oficial como popular, es apoyar a la República Islámica de Irán y al pueblo musulmán iraní, y mostrarnos plenamente solidarios con ellos. Estamos totalmente preparados para cualquier eventualidad”, dijo su líder, Abdul-Malik Al- Houthi. No hubo más.

Por su parte, Camacho Padilla señaló que Irán tiene con Irak “una relación muy estrecha, puesto que ha habido un gobierno cercano a Irán, de mayoría chiita. Las relaciones con Afganistán han ido mejorando notablemente y en cierta medida las relaciones con Pakistán tampoco han sido malas. Hay una comunidad, de hecho, muy cercana y favorable a Irán en este sentido. Armenia también tiene una relación cercana y es posiblemente el país de la zona, aunque sea pequeño, que menos le interesaría un cambio de régimen en el país y menos todavía un régimen que fuera cercano a Israel, como es el que promueve Reza Pahlavi, porque uno de los principales aliados de Azerbaiyán en todo este conflicto con Armenia es Israel -después de Turquía-. Israel opera contra Irán desde Azerbaiyán, de manera que si encontráramos un gobierno en Irán cercano a Israel, pues Armenia quedaría completamente aislada”.

“El problema ahora es a quién le va a creer Irán, porque las dos veces que lo han atacado ha estado sentada en negociaciones. Entonces, creo que será bastante difícil que Irán se siente a negociar”, estimó González Guerrero, a la vez que señaló cierta conveniencia para los actores que intervienen en este conflicto, al menos en términos de sus propias narrativas.

“Esta guerra, ideológicamente, le sirve a los tres actores: para Estados Unidos estar en guerra en un año electoral, le resulta muy funcional. Para Israel, estar enfrentado con Irán también le es muy funcional porque es su enemigo definido y porque distrae de sus acciones en Gaza y en todos los territorios palestinos, a la vez que ayuda a la reputación de [Benjamín] Netanyahu y a sus círculos cercanos. Y del otro lado, a Irán le están dando la razón a todos los discursos que dieron desde el fin de la guerra contra Irak y que siguió por ejemplo con Mahmoud Ahmadinejad cuando decía ‘me quieren atacar, me quieren invadir, tienen desplegados espías y están instando a revueltas’. Entonces, les dan la razón y además martirizan al líder supremo, le dieron la muerte que buscaba ideológicamente. Ahora es un héroe. Así que los tres, por fuera, están luchando esta gran guerra en contra del enemigo y, por dentro, les sirve para eliminar o para disuadir a los enemigos internos y crear cohesión”, estimó.

De todas formas, una derrota en el plano militar de estas expresiones armadas, que antaño fueron nutridos proxis de Irán -no todos ellos, ya que por ejemplo Hamás ha tenido su propia agenda-, no significa una victoria total, ya que mantienen redes de solidaridad y vínculos políticos, religiosos y sociales. Algo que Israel entendió sin entender del todo; en el caso de los grupos armados palestinos impulsó su estrategia de “cortar el pasto”; esto es, descabezar a los grupos creyendo que es imposible atacar la raíz. En definitiva lo que mostró es su incomprensión al seguir proponiendo una solución militar a lo que sabe que son problemas políticos.

Ahora el mayor desafío para la República Islámica, en su momento más crítico desde su creación, no parece ser únicamente militar sino estratégico. Sus vínculos con China y Rusia siguen siendo relevantes, pero demostraron tener límites evidentes cuando todo escaló. Con estos actores, lo que perdura son alianzas pragmáticas que funcionan en tiempos de estabilidad, pero que se vuelven cautelosas cuando el costo de intervenir crece. En tanto, del llamado “Eje de la Resistencia” solo Hezbollah está mostrando un apoyo militar visible y esto evidencia que la red de alianzas regionales construida por Teherán durante décadas pasa por una etapa de declive. Este conflicto vuelve a mostrar los límites de las soluciones militares cuyo único punto de fuga parece ser escalar.