Israel mantiene el bloqueo parcial en el cruce de Rafah, la única salida hacia el exterior para los 2.3 millones de palestinos que viven en Gaza, dificultando el acceso a tratamientos médicos urgentes. Esta situación se traduce en una crisis sanitaria grave, agravada por la destrucción de la infraestructura hospitalaria a causa del conflicto bélico. Un caso emblemático es el de Nidal Abu Rabeea, un niño de dos años y medio que falleció el último domingo tras esperar más de 14 meses la autorización israelí para salir de Gaza y recibir atención médica especializada.
Su madre, Iman Hamdouna, denunció con dolor: “Israel cerró los cruces y mató a mi hijo”. Nidal sufría de un hígado agrandado y fiebre alta durante meses, pero los hospitales locales, afectados por la escasez de recursos, no pudieron salvarlo, según consignó Al Jazeera.
Los hospitales en Gaza atraviesan una situación crítica debido a las restricciones impuestas por Israel, que limitan la entrada de equipos, medicamentos y personal médico. Según Zaher al-Wahidi, portavoz del Ministerio de Salud de Gaza controlado por Hamas, desde el 7 de mayo de 2024, cuando Israel cerró el cruce de Rafah, 1.360 pacientes murieron esperando poder salir para recibir tratamiento. Este cierre parcial del paso, reabierto el 2 de febrero pero con movimientos muy reducidos, mantiene a miles de enfermos atrapados en la espera.
Al-Wahidi denunció que Israel destruyó de forma deliberada el sistema de salud en Gaza, enfrentando cinco grandes problemas: la casi nula evacuación de pacientes, la falta de equipamiento médico, el déficit de medicamentos, la destrucción de las instalaciones y la escasez de personal capacitado. Esta situación ha empeorado a pesar del acuerdo de alto al fuego promovido por Donald Trump y firmado en octubre de 2023, ya que los ataques continuaron, provocando más de 600 muertes palestinas.
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350 mil palestinos necesitan permiso para recibir tratamientos médicos
Actualmente, en Gaza hay 350.000 pacientes con enfermedades crónicas, muchos de los cuales necesitan tratamientos que solo se pueden realizar fuera del enclave. Antes de la ofensiva de Israel, había 1.244 pacientes renales; hoy, esa cifra bajó a 622, reflejando la imposibilidad de acceder a la atención adecuada y el deterioro de las condiciones sanitarias.
La familia de Nidal también enfrenta la salud delicada de su hermana menor, Rital Alaa Abou Rabeea, de apenas un mes y medio, internada en el Hospital Al-Aqsa con un hígado agrandado. La madre expresó su angustia: “Ella está enferma en el Hospital Al-Aqsa. Mi hijo murió y temo perder a mi hija”.
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Bajo el acuerdo de alto al fuego, las autoridades israelíes se comprometieron a reabrir el cruce de Rafah para permitir evacuaciones médicas, con un cupo establecido de 50 pacientes diarios. Sin embargo, los números reales están muy por debajo de lo pactado. Entre el 2 y el 18 de febrero, solo 1.148 palestinos cruzaron en ambas direcciones, frente a los 3.400 previstos para ese período.
De ese total, 640 personas salieron de Gaza y 508 regresaron, mientras que 26 palestinos fueron rechazados al intentar salir. Esta cifra evidencia que la lentitud y restricciones en la aprobación de los permisos mantienen a miles en una situación crítica, sin acceso a tratamientos vitales.
