A partir de la ofensiva israelí en la Franja de Gaza que comenzó en octubre de 2023, miles de familias palestinas se vieron obligadas a instalarse en lugares de extrema precariedad, incluyendo cementerios. Israel arrasó ya con el 90% de las viviendas y forzó a miles de familias a desplazarse de sus casas, que afectó ya a más de dos millones de personas.
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Mientras Israel continúa ocupando más de la mitad de Gaza, que cubre aproximadamente 360 kilómetros cuadrados, los palestinos están tratando de encontrar refugio instalando tiendas de campaña en cualquier espacio posible. Algunas familias tuvieron que optar por levantar sus tiendas de campaña en los cementerios locales durante mucho tiempo.
Lo más duro para algunas de las familias palestinas es estar en medio de la temporada del Ramadán. Rompen el ayuno y cenan antes del amanecer, mientras que por la noche se ven obligados a dormir entre las tumbas de los cementerios de la Franja. "En otros países dudarían siquiera en pasar por la noche", aseguran fuentes locales.
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El testimonio de las familias que viven en los cementerios
Una de las familias que vive en estas condiciones es la de Mazin Yunis, un hombre de 45 años que reside junto a nueve familiares en un cementerio de Khan Yunis. Yunis, que padece una enfermedad cardíaca, se encontraba trabajando en la ciudad de Hebrón cuando comenzaron los ataques en octubre de 2023. Fue detenido por fuerzas israelíes y trasladado a la Prisión de Ofer, donde contó que fue torturado antes de ser liberado y enviado de regreso a Gaza.
Desde entonces, no tuvo otra alternativa que instalarse en el cementerio. "Sufrimos mucho por los escorpiones, las serpientes y las moscas. Vivimos entre tumbas y tenemos miedo", relató. La familia enfrenta temores constantes, especialmente durante la noche. "Cuando los niños quieren ir al baño, nos despiertan porque tienen miedo", explicó.
"No queremos, pero estamos obligados"
Otra historia similar a la de Yunis es la de Hitam el-Galban, de 64 años, quien vive junto a su hija y sus nietos en el mismo cementerio. Su vivienda fue completamente destruida en los ataques, y no pudieron rescatar ni los objetos más básicos. Sin camas, colchones ni utensilios, improvisaron su supervivencia con una carpa y una fogata para cocinar.
"No queremos vivir en un cementerio, estamos obligados", afirmó Galban mientras preparaba alimentos para el iftar. "No tengo cama, ni almohada, ni gas. Estoy harto. Estoy sentado aquí ahora mismo, pero estoy temblando", agregó, describiendo el frío y la falta de recursos.
