En LN+ el problema ya no pasa solo por el rating. Puertas adentro, el clima se volvió espeso y hay una interna que empezó como ruido de pasillo, pero hoy es imposible de disimular. Dos figuras fuertes del canal quedaron en el centro de una tensión que, según cuentan, ya incomoda a todos.
¿Quiénes son las periodistas que se llevan mal?
El conflicto tiene nombres propios: Cristina Pérez y Débora Plager. Y aunque nadie lo blanquea oficialmente, la convivencia en la grilla se volvió cada vez más tirante.
Todo se remonta a un cambio que, en televisión, suele ser clave: el horario. Pérez pasó de un segmento más cómodo a competir de lleno en una franja caliente, donde el rating se mide segundo a segundo y no perdona. El resultado no fue el esperado y eso, inevitablemente, empezó a generar ruido.
Según revelaron en el mundo del espectáculo, la diferencia con otros programas en esa franja, especialmente frente a Eduardo Feinmann en A24, se hizo sentir. Y en la TV, cuando los números no acompañan, todo se vuelve más sensible.
El motivo de la pelea entre Cristina Pérez y Debero Plager
Pero lo que parecía una cuestión de audiencia terminó escalando a un problema interno. De acuerdo a lo que se contó en Puro Show, Pérez habría mostrado su malestar de una forma particular: llegando tarde al aire de manera reiterada. Un gesto que, lejos de pasar desapercibido, impactó directamente en el programa anterior.
Ahí es donde entra Plager. La periodista, que conduce el ciclo previo, habría tenido que estirar su programa en más de una ocasión para cubrir esos retrasos. Y hubo un episodio que marcó un antes y un después: un día en el que, según trascendió, Pérez apareció en el estudio 17 minutos después del horario previsto.
La paciencia, claro, tiene un límite. Y en el canal empezaron a encenderse las alarmas. “No saben cómo frenarla”, fue la frase que circuló y que pinta de cuerpo entero el momento que atraviesa la señal.
El problema, dicen, es doble. Por un lado, la incomodidad operativa que genera esta dinámica. Por el otro, el peso de Pérez dentro del canal. No se trata de una figura más, sino de una de las caras más reconocidas de LN+, lo que complica cualquier decisión drástica.
Mientras tanto, el clima sigue enrarecido. Nadie habla en público, pero todos saben lo que está pasando. Y en una pantalla donde la imagen lo es todo, sostener una interna de este calibre no es gratis.
Por ahora, la situación sigue abierta. Pero hay algo que ya quedó claro: cuando el conflicto pasa de los números a lo personal, la televisión deja de ser solo pantalla y se convierte en un campo de batalla.
