El precio internacional del petróleo retomó la tendencia alcista y volvió a ubicarse por encima de los 110 dólares. El barril de Brent para entrega en mayo subió más de 3% este viernes y cerró en torno a los USD 111,7, impulsado por la falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. El movimiento se dio luego del cierre de los mercados europeos, consolidando una suba que también se replicó en el crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI), que avanzó 4,63% hasta los USD 98,85 por barril. La dinámica responde a un escenario internacional atravesado por la incertidumbre en Medio Oriente, donde no se registran progresos hacia un alto el fuego.
El conflicto lleva ya un mes desde su inicio y, en ese período, el Brent acumuló un incremento superior al 50%, con picos cercanos a los USD 119,5 por barril. La evolución de los precios energéticos se vincula directamente con las expectativas sobre la oferta global, en particular ante la posibilidad de interrupciones en la producción y exportación de crudo.
En ese contexto, el analista Manuel Pinto advirtió que “esta subida mensual récord refuerza el miedo a que la guerra se prolongue más de lo previsto”. Además, señaló que “este fin de semana podría ser clave”, en referencia a la tensión en torno a la isla de Jarg, un punto estratégico para las exportaciones petroleras de Irán.
La suba del petróleo introduce un nuevo elemento de presión sobre las economías importadoras de energía, pero también genera efectos cruzados en países productores. En el caso argentino, el impacto se da tanto por el lado de los precios internos de los combustibles como por la balanza comercial energética.
Si bien un mayor precio del crudo puede mejorar los ingresos por exportaciones del sector, también incrementa los costos de importación de energía y condiciona la política de precios domésticos. En un contexto donde el gobierno de Javier Milei busca consolidar la desaceleración inflacionaria, la evolución del Brent aparece como un factor externo que puede alterar esa trayectoria.
Los informes del Banco Central de la República Argentina ya venían señalando el peso de la energía dentro del sector externo. “Dentro del ‘Sector Real excluyendo Oleaginosas y Cereales’, los sectores más superavitarios fueron ‘Energía’, ‘Alimentos, Bebidas y Tabaco’ y ‘Minería’”, indicó la entidad en su último reporte, lo que muestra el rol del complejo energético en la generación de divisas.
Sin embargo, ese aporte convive con una estructura donde la demanda de dólares sigue siendo elevada por distintos canales. En ese marco, un encarecimiento sostenido del petróleo puede tensionar el equilibrio entre ingresos y egresos de divisas, en particular si impacta sobre mayores costos de importación o sobre subsidios energéticos.
La volatilidad del crudo también se traslada a las expectativas financieras. El aumento de precios energéticos suele asociarse a mayores presiones inflacionarias a nivel global, lo que puede incidir en las condiciones de financiamiento para economías emergentes. Para Argentina, que aún enfrenta restricciones en el acceso a los mercados internacionales, estos movimientos agregan un factor de incertidumbre.
La evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán aparece como el principal determinante de corto plazo. La extensión del plazo otorgado por el presidente Donald Trump para avanzar en negociaciones no alcanzó para modificar las expectativas del mercado, que continúa incorporando escenarios de mayor tensión. De este modo, el petróleo vuelve a ubicarse en el centro de la escena económica global. Y aunque sus efectos no son homogéneos, la suba del Brent reabre un frente que combina inflación, cuentas externas y expectativas, en un contexto donde la estabilidad depende, en buena medida, de variables que se definen fuera del ámbito local.
