Lumilagro como ejemplo del espejo entre el modelo de Milei y el de la dictadura genocida: el mensaje anti industria

En los últimos dos años abundaron las expresiones que desprecian a la industria, pero resulta complejo encontrar un menosprecio sobre la producción nacional como el que lanzó Lumilagro. La crítica sobre el estándar de calidad hace recordar a la triste pero célebre publicidad difundida durante la última dictadura cívico-militar.

23 de marzo, 2026 | 16.22

La mañana del lunes en la red social X fue protagonizada por un posteo de la empresa Lumilagro, principal fabricadora de termos del país, en el cual se jactó de haber despedido a 100 trabajadores en el marco de su plan de reconversión importadora. No solo eso, sino que la propia firma afirmó que la elaboración netamente nacional es de mala calidad, una sentencia que rememora propagandas anti industriales de la etapa más oscura de la que se tiene recuerdo: la última dictadura cívico-militar

Todo empezó con la revalidación de una entrevista que ofreció el director de la firma, Martín Nadler, por parte de la cuenta oficial de Lumilagro en X. En ese fragmento citado, se reconoce que la empresa se deshizo de dos tercios de su plantilla de trabajadores en los últimos años y que actualmente produce el 50% de lo que producía anteriormente. "Cuando vos fabricás, a veces tenés un pico de producción en el que capaz tenés que hacer un turno más. Hemos llegado a ser 300 trabajadores en esos picos. Hoy somos 100, tomando en cuenta el empleo directo y el indirecto siempre", admitió Nadler, en diálogo con el podcast La Fábrica. 

"A partir de nuestra reconversión, los 47 millones de argentinos ahora pueden acceder al mejor termo para mate, al mejor precio. Ya no tenés que gastar un precio irrisorio en un termo de calidad", señaló el posteo. Inmediatamente, un usuario les respondió: "Pero dejaron a 100 familias sin trabajo". A lo que sobrevino un mensaje que difícilmente podría digerir un despedido. 

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"¿Ustedes que opinan? ¿Preferirías que los volvamos a contratar y vuelvas a tener que gastar 100 mil pesos de más para conseguir un termo de calidad?", disparó Lumilagro. Y agregó: "Nos reconvertimos para volver a crecer igual que en los 70's cuando dejamos de soplar las botellas a pulmón y nos automatizamos. Ahora podés tener el mejor termo para mate, al mejor costo".

Sin profundizar en estrategias de marketing, la cuenta oficial pareció obsesionada con el tema y fue por más. En tono sobrador, publicó un nuevo posteo desafiante: "Quizás podemos hacer una edición limitada. De peor calidad y más caro, pero 100% fabricado en Argentina. Y para los que solo quieren el mejor termo para mate, al mejor costo y diseñado por argentinos".

La semana pasada, la diputada nacional de La Libertad Avanza Karen Reichardt había mostrado una foto tomando mate con un termo de Lumilagro, un claro guiño a la firma.

Lumilagro y la silla rota

En los últimos dos años, abundaron las expresiones que desprecian a la industria, pero resulta complejo encontrar un menosprecio sobre la producción nacional como el que lanzó Lumilagro. La crítica sobre el estándar de calidad hace recordar a la triste pero célebre publicidad difundida durante la última dictadura cívico-militar.

La propaganda dura poco más de 20 segundos y hace referencia al efecto positivo que genera la apertura de las importaciones, usando como ejemplo material la producción de sillas. El mensaje construía un posicionamiento que cuestionaba la industria nacional en comparación a lo extranjero. De hecho, la locución del corto decía: "Antes la competencia era insuficiente. Teníamos productos buenos, pero muchas veces el consumidor debía conformarse con lo que había sin poder comparar. Ahora tiene para elegir: además de los productos nacionales, los importados". En imagen, la silla de fabricación local se partía.

En cierto punto, incluso el mensaje propagandístico de la dictadura era hasta un poco más benévolo que el publicado por Lumilagro. Sin embargo, el fondo de la discusión es la similitud entre ambos contextos anti industrialistas, tanto en dictadura como ahora en democracia.

Milei y la Junta Militar unidos contra la industria

En 1974, la industria argentina atravesaba uno de los momentos más sólidos de su historia. El país registraba una balanza comercial superavitaria, con exportaciones que superaban a las importaciones, un alto nivel de uso de la capacidad instalada y un crecimiento sostenido de las ventas externas de productos industriales. Sectores como el automotriz, la maquinaria, los químicos, los derivados del petróleo y el complejo aceitero lideraban ese proceso, enmarcado en el modelo de sustitución de importaciones impulsado desde la década del 30 y consolidado por el Peronismo, así como también hasta por gobiernos militares como el de Onganía. Este esquema favorecía la generación de empleo y el desarrollo de valor agregado local.

Ese entramado comenzó a desarticularse con la llegada del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, que modificó el rumbo económico hacia un esquema centrado en la valorización financiera y la explotación de recursos naturales.

En 1977, la llamada “reforma financiera” marcó un punto de inflexión. En un contexto internacional de abundancia de dólares tras el shock petrolero de 1973, se promovió el endeudamiento externo a tasas bajas. La apertura de la cuenta capital y la eliminación de restricciones a la remisión de utilidades facilitaron la salida de divisas, dando lugar a un esquema conocido en ese entonces como “bicicleta financiera”, hoy denominado “carry trade”.

Este modelo requería que las tasas de interés locales se mantuvieran por encima de las internacionales y se complementaba con un esquema de devaluaciones preanunciadas, lo que permitía obtener importantes ganancias en dólares sin necesidad de invertir en producción.

A su vez, el atraso cambiario incentivaba las importaciones y funcionaba como ancla del esquema financiero, al facilitar la devolución de la deuda contraída. En ese contexto, los principales perjudicados fueron los trabajadores, que enfrentaron una fuerte caída del empleo entre 1976 y 1982.

Cinco décadas después, las cifras advierten similitudes con el rumbo económico actual. Bajo la gestión de Javier Milei, se repite la estrategia de una apertura comercial profunda, aunque con instrumentos diferentes.

Un informe elaborado por equipos de investigación de la Universidad de Buenos Aires (UBA) aseguró que desde noviembre de 2023 se perdieron cerca de 100.000 puestos de trabajo en el sector, lo que equivale a unos 160 empleos diarios.

En los últimos dos años, las plantas operaron con niveles de utilización inferiores al 60%, lo que implica una elevada capacidad ociosa. Además, 22 de los 24 sectores relevados registraron caídas en su valor agregado, con descensos particularmente pronunciados en ramas como la metalurgia y el calzado.