La morosidad de los créditos familiares registró un fuerte deterioro y alcanzó un máximo histórico en diciembre pasado en el segmento de entidades no financieras, que abarca billeteras virtuales, fintech o tarjetas de supermercado, entre otras.
En concreto, la mora en este segmento trepó al 24,6% en diciembre de 2025, el nivel más alto de los últimos años, según los datos elaborados en base a CENDEU del Banco Central por el economista Christian Buteler.
Se trata de un salto significativo si se considera que un año antes la morosidad se ubicaba en torno al 7% u 8%. A lo largo de 2025, la curva muestra una aceleración sostenida, con incrementos mensuales consecutivos que llevaron el indicador a perforar el 15%, luego el 20% y finalmente cerrar el año en ese 24,6%, consolidando el mayor registro observado durante la era de Javier Milei.
En el sistema financiero tradicional el deterioro también es evidente, aunque de menor magnitud. La morosidad en entidades financieras alcanzó el 11,1% en diciembre, mientras que el promedio total de la cartera familias, contabilizando tanto bancos tradicionales como entidades no financieras, se ubicó en 13%, ambos en niveles elevados respecto de los mínimos registrados en 2024.
Aun así, el dato más sobresaliente del gráfico es, sin embargo, el comportamiento del crédito no financiero, donde prácticamente uno de cada cuatro pesos adeudados presenta atraso, marcando un récord que refleja la creciente fragilidad financiera de los hogares en el cierre de 2025.
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Por qué sube la morosidad en créditos familiares
El fenómeno se inscribe en el marco de la caída de los ingresos. En diciembre pasado, los salarios cayeron 1,3 puntos en términos reales, incluyendo tanto los salarios formales privados como los salarios públicos y los informales. Estos últimos, más dependientes de los créditos no bancarios, tuvieron un baja mucho más pronunciada ese mes, de unos 2,8 puntos en términos reales.
Además, la mora en los créditos personales también se da en el contexto de la volatilidad de las tasas de interés, desreguladas por el Banco Central desde marzo de 2024. Estas tuvieron una fuerte disparada en los meses preelectorales, cuando los esfuerzos del Gobierno por evitar una suba inflacionaria llevaron las tasas de los plazos fijos por encima del 50%, influyendo en la tasa de los créditos bancarios y también en la de los créditos no bancarios.
En paralelo, dentro del sector bancario la crisis de ingresos llevó a 12% la morosidad de los créditos personales y a 9,3% de las tarjetas de crédito. Se tratan de registros inéditos, de acuerdo a las cifras del Central, incluso en un mes caracterizado por el pago del medio aguinaldo
