Consumir de la propia

Mientras el oficialismo celebra indicadores parciales y construye un relato de recuperación, el deterioro del empleo, el consumo y los ingresos profundiza una economía cada vez más desigual y dependiente de sectores extractivos.

23 de mayo, 2026 | 19.13

Los gobiernos, todos, construyen discurso. Cualquiera sea su signo necesitan legitimarse, es una obviedad. Las oposiciones, también. Siempre es posible construir un relato a partir de una porción de la realidad. La ideología es una gran ayuda. Sumar la lucha entre el bien y el mal aporta el tono épico. Y para completar, las redes sociales, sus algoritmos, permiten consumir solo “de la propia”, vivir en la burbuja de la información preferida y excluir el resto. Las audiencias se vuelven cautivas por sí mismas y el grupo de Whatsapp con los más cercanos aporta la pertenencia tribal, el darse mutuamente la razón. Lo que hasta ayer sonaba distópico hoy se puede tocar.

No se habla aquí en el vacío. Esta semana, reseñando el nivel de actividad del EMAE, el proxy que adelanta la evolución del PIB, o el crecimiento de las “exportaciones industriales”, engordadas por las ventas de productos minerales con escaso valor agregado, el gobierno festejó que “las estadísticas” le dieran la razón frente a sus críticos, siempre ensañados en resaltar los malos resultados. Lo mismo sucedió con la inflación, que volvió a ubicarse por debajo del tres. Un mes se festeja y otro se sufre. Se busca la tendencia positiva en la última derivada, cuando lo que debe mirarse es el ciclo largo desde el cambio de gobierno. Y lo que allí se encuentra es que caen la industria, la construcción y el comercio y solo crecen las actividades extractivas. Repetir la descripción aburre, pero la reconfiguración del modelo productivo nunca fue tan clara ni tan rápida. En los años ’90 se hablaba de “proceso de latinoamericanización” de la economía local. Hoy no faltan quienes vean un modelo en economías como la peruana. Habrá que ver si las clases medias venidas a menos comparten la perspectiva.

En paralelo a las “buenas noticias” de las estadísticas parciales, la acción de gobierno continuó con su sesgo clasista. Esta semana se anunciaron nuevas bajas en las retenciones para la producción agropecuaria y, al mismo tiempo, el retiro de subsidios por zona fría a las tarifas de gas. Los economistas podrán discutir si las retenciones son un buen o un mal instrumento de recaudación o si resulta lógico que medio país sea considerado zona fría, pero el efecto concreto es siempre el mismo: los más ricos aportando menos y los sectores del medio para abajo viendo cómo al final del día se reduce su ingreso disponible. Una disciplina fiscal muy particular a la espera de que llegue el derrame por la multiplicación de la actividad.

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Pero la actividad no se multiplica. El cierre de casi 25 mil empresas desde el cambio de gobierno es mucho más que destrucción creativa. El aumento del endeudamiento de las familias no es señal virtuosa de expansión del crédito, sino estrategia de supervivencia. La suba de la morosidad de estos mismos créditos no es mal comportamiento de los deudores, sino evidencia de ingresos que no se recuperan. La caída del consumo en todos los canales de comercialización física se volvió una constante. El PIB crece, la inflación supera al último gobierno de CFK y la mayoría de la población vive peor que en diciembre de 2023, con menos ingresos y un Estado que provee menos servicios que se consideraban esenciales.

En este escenario de estancamiento de los ingresos no faltan quienes creen ver el ensayo de una supuesta salida “keynesiana” del oficialismo. Las razones encontradas serían la baja en las tasas de interés de referencia —que en el mejor de los casos llegarán en cuentagotas a las deudas de las familias— la asistencia a alguna provincia con problemas fiscales o alguna línea de crédito a tasa diferencial del Banco Nación. Incluso se consideró expansiva la baja de retenciones, que en el actual contexto solo suma desfinanciamiento al fisco sin la contrapartida de efecto multiplicador alguno ¿o alguien cree seriamente que la baja de algún punto en las retenciones dinamizará la economía de “los pueblos del interior productivo”?

En la bolsa dinamizadora de la actividad se metió también el proyecto de concesionar redes viales. La secuencia es de manual. Se desfinanció el mantenimiento de las rutas hasta profundizar el estado de destrucción de manera que, cuando reaparezcan las cabinas de peaje, los usuarios las vivan como un alivio. Memoria corta de la experiencia de los años 90. Y como todo se suma también se agregó como medida expansiva el congelamiento por 90 días en las subas de precios de los combustibles decidida por YPF. Habrá que ver si el “paquete reactivador keynesiano” llega a los bolsillos de las mayorías e impulsa la demanda agregada. Finalmente, eso es el keynesianismo: medidas que impulsan la demanda para salir del parate.

Una proyección desapasionada es que esta suma de medidas solo son gotas en el océano. El nuevo modelo productivo que comienza a consolidarse tiene una virtud, genera dólares que alejan el problema de la restricción externa, aunque todavía no esté resuelto el problema mayor del endeudamiento en divisas, lo que significa dependencia de la ayuda externa. Lo que es innegable es que los dólares de las exportaciones representan un activo del que antes no se disponía. Por la misma razón, para el sector exportador, el nuevo escenario de la economía internacional post guerra en Medio Oriente, con el petróleo por encima de los 100 dólares, es muy positivo, un nuevo viento de cola que no se esperaba.

El verdadero riesgo sistémico del modelo libertario reside en el fuerte debilitamiento del mercado de trabajo, lo que impide la recomposición de ingresos y, por extensión, de la demanda agregada. Salvo que exista una deliberada voluntad estatal para diversificar las actividades —lo que se encuentra en las antípodas del pensamiento oficial— la evolución de los sectores exportadores energético y minero solo profundizarán sus economías de enclave. Incluso los economistas más oficialistas advierten que el desarrollo de esta economía dual profundizará el “riesgo político” del modelo. En democracia hay que ganar las elecciones, una tarea imposible si la única receta es seguir ajustando sobre lo ya ajustado.

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Claudio Scaletta

Lic. en Economía (UBA). Autor de “La recaída neoliberal” (Capital Intelectual, 2017).