Desarrollada por el Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE), dependiente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), integra datos orbitales de fuentes oficiales, modelado técnico propio para transformar información dispersa en alertas tempranas, políticas públicas y regulación basadas en evidencia.
“En parte, la idea nació de ustedes, de los medios, que cada vez más seguido publican noticias sobre posibles reingresos de equipos espaciales; muchas de ellas ocurren en la región y en la Argentina”, explica el abogado Juan Cruz Allonca, investigador en actividad espacial y coordinador de MIRA.
Según datos de Space-Track procesados por el CIEE, en los últimos cinco años reingresaron sobre América Latina más objetos espaciales que en los quince años previos combinados. "El fenómeno está asociado con la cantidad de lanzamientos anuales, la cantidad de satélites que estamos enviando a la órbita, sobre todo a la órbita baja de la Tierra –destaca Allonca–. Y todo lo que sube tiene que bajar".
La órbita baja: basurero del siglo XXI
Allí se encuentran los [satélites argentinos de observación terrestre] Saocom, los de Satellogic y los Starlink, de SpaceX. Sobre estos últimos, Allonca subraya que "Hoy más de la mitad de los satélites activos de toda la humanidad pertenece a una sola empresa". Starlink lanza alrededor de 60 de sus dispositivos en cada lanzamiento.
A esto se suma que no existe ninguna restricción regulatoria internacional que limite la cantidad de satélites que se ponen en órbita. El resultado es que hoy hay más de 16.000 toneladas de basura en la órbita baja, entre satélites inactivos, etapas de cohetes y fragmentos de colisiones previas.
Síndrome de Kessler: cuando Hollywood no exagera
"La Estación Espacial Internacional, que siempre está tripulada, ya tuvo que esquivar varias veces pedazos de basura –advierte Allonca–. La escena inicial de Gravity recrea con licencias cinematográficas un fenómeno que los científicos consideran el problema número uno del ambiente espacial y que no es ni fácil ni barato resolver, porque para esquivar basura se consume combustible".
Los objetos más grandes, en cambio, son una herencia de las décadas de 1960 y 1970, ya que pertenecen a satélites construidos sin conciencia de cuándo ni cómo iban a reingresar. Uno de los casos más graves fue el reingreso del satélite soviético Cosmos 950, que cayó con combustible nuclear a bordo y contaminó parte del norte de Canadá. "Esos fragmentos muy grandes suelen ser de satélites antiguos, que se construían con titanio y no se sabía si iban a sobrevivir al reingreso".
El gran vacío legal del espacio
Aunque pocas veces se menciona el tema, quizás el aspecto más preocupante de este fenómeno sea el jurídico: no existe en la actualidad un tratado internacional vinculante sobre basura espacial. "Hoy no hay nada que obligue a las agencias ni a las empresas a fabricar y operar los satélites bajo ciertas normas –indica el investigador–. Lo que existe son recomendaciones, guías y buenas prácticas, como la norma ISO 24113 de mitigación de basura espacial, pero su cumplimiento es voluntario”.
Esto genera además una asimetría que preocupa especialmente a los integrantes del CIEE: las normas técnicas más exigentes son fijadas por los países con mayor responsabilidad histórica en la contaminación orbital, y su cumplimiento puede estar fuera del alcance de actores emergentes. "Pueden ponerse estándares muy altos que a nosotros nos quedan lejos —alerta Allonca—, siendo que nosotros no tenemos la responsabilidad histórica de contaminar toda la órbita baja de la Tierra. En este momento, tenemos solo dos satélites orbitando".
Por eso, desde el CIEE trabajan para pensar una regulación que tenga en cuenta las particularidades de nuestra región: "Tratamos de entender cuál sería la mejor regulación. Una que no afecte los intereses de Latinoamérica. Y que se adapte a nuestros países del mismo modo que las obligaciones ambientales no son las mismas para todos".
Cuando un objeto cae en territorio argentino, actúa una pequeña oficina de la Fuerza Aérea que cierra la zona, verifica la presencia de radiación y analiza si hay materiales contaminantes. "Hay una estructura muy chica, pero que trabaja muy bien", reconoce Allonca. Todavía no tienen un protocolo formal, pero están en proceso de definirlo. En un caso reciente, uno de los objetos fue encontrado accidentalmente cuando se topó con él una cosechadora en Lobería, provincia de Buenos Aires.
A los integrantes del CIEE, sus colegas los llaman "cazadores de basura espacial" o "basureros espaciales". "Las dos fórmulas nos sientan bien", bromea Allonca. El equipo es interdisciplinario: ingenieros aeroespaciales y de materiales, abogados especializados en derecho espacial y científicos de datos trabajan juntos para comprender el fenómeno desde sus múltiples dimensiones y, en particular, desde las ciencias sociales.
Desde 2023, el CIEE es parte de la Zero Debris Charter impulsada por la Agencia Espacial Europea. Con el lanzamiento de MIRA, investigadores argentinos avanzan para que América Latina tenga voz propia en el debate global sobre el futuro de la órbita terrestre y el papel de nuestro país en él.
