Bulgaria, el espejo que promete Georgieva: crecimiento con desigualdad, baja inversión y riesgos estructurales

Los informes oficiales de la Comisión Europea muestran que, pese a la estabilización lograda tras la crisis de fines de los noventa y el ingreso a la Unión Europea, la economía búlgara continúa enfrentando problemas de productividad, inversión, desigualdad territorial, pobreza, corrupción y presión fiscal.

27 de julio, 2026 | 17.40

La directora gerente del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva, visitó la Argentina como señal de apoyo a "logros" alcanzados por el gobierno de Milei. Apenas arribó al país, ofreció --porque la que decide esas y otras tantas cosas en el país es ella-hacer una conferencia conjunta con el ministro de Economía, Luis Caputo, en el Palacio de Hacienda. Cuando Georgieva tomó la palabra para defender el programa económico argentino, volvió a recurrir a una referencia que utiliza con frecuencia: la transformación económica de Bulgaria durante la década de 1990. La titular del Fondo Monetario Internacional buscó establecer un paralelo entre aquel proceso y el ajuste que atraviesa la Argentina bajo el programa acordado con el organismo multilateral. Sin embargo, la economía búlgara está lejos de ser la panacea a la que supuestamente debería aspirar cada uno de los argentinos. Un hecho simple -incluso deslizado por ella mismo- da cuenta de las inconsistencias económicas: Bulgaria, tras una década de seguir las recetas del FMI, ingresó a la Unión Europea en 2007, y recién 19 años después de su arribo, en enero pasado, fue aceptada para sumarse al euro como moneda.  

La aceptación de Bulgaria a la Eurozona responde a varios factores (la necesidad de los países más desarrollados del bloque de tener un mercado cautivo, conseguir mano de obra barata en un esquema de libre movilidad de recursos y cuestiones geopolíticas, como cooptar a una ex república soviética y avanzar sobre una histórica zona de influencia de Rusia), aunque ninguna tiene que ver con los avances económicos. 

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En la conferencia de prensa de este lunes, la directora gerente del Fondo volvió a presentar a Bulgaria como ejemplo del camino que debería recorrer la Argentina para "tranquilizar a los argentinos". Sin embargo, los informes oficiales de la Comisión Europea (CE) muestran que, pese a la estabilización lograda tras la crisis de fines de los noventa y el ingreso a la Unión Europea, la economía búlgara continúa enfrentando problemas de productividad, inversión, desigualdad territorial, pobreza, corrupción y presión fiscal. Los propios organismos europeos advierten que buena parte de esos desafíos sigue condicionando el desarrollo del país. Georgieva buscó establecer un paralelo entre aquel proceso y el ajuste que atraviesa la Argentina bajo el programa acordado con el organismo multilateral.

"Sé que la transformación del tipo que Argentina está atravesando es difícil. Lideré tres de ellas. Mi propio país en los 90, Bulgaria, sufrió hiperinflación y nos dio vuelta el escenario de la noche a la mañana con un programa del Fondo. Atravesamos tiempos difíciles, pero la perseverancia y contar con estabilidad macroeconómica y financiera, así como abrir la economía y darle lugar al crecimiento, trae sus beneficios. Mi país hoy es miembro de la Unión Europea, en enero se ha sumado al euro y el ingreso per cápita desde aquel entonces ha aumentado ocho veces. En mi país los jóvenes se iban de a miles y hoy somos un país que atrae nómadas digitales. Argentina puede hacer las cosas mucho mejor todavía", concluyó la titular del Fondo.

Los trapitos no se lavan en casa

Georgieva dirige el FMI desde el 1 de octubre de 2019. Fue reelegida para un segundo mandato en 2024. Previamente, fue directora general y presidenta del Banco Mundial (2017-2019) y vicepresidenta de la Comisión Europea (2014-2016). Las declaraciones de Georgieva dejaron afuera una parte importante de la historia económica búlgara. Los propios informes oficiales de la Comisión Europea relevados por este medio muestran que, si bien el país consiguió estabilizar su economía después de la crisis de fines de los años noventa e ingresar primero a la Unión Europea y luego a la zona euro, todavía arrastra problemas estructurales que limitan su desarrollo y que constituyen una preocupación permanente para Bruselas.

El proceso que Georgieva reivindica comenzó después de una de las peores crisis económicas de Bulgaria. La hiperinflación, el colapso financiero y la inestabilidad política derivaron en un programa de asistencia del Fondo Monetario Internacional que incluyó una caja de conversión, fuerte disciplina fiscal, privatizaciones y reformas estructurales. El propio Programa de Mediano Plazo acordado con el FMI en 1998, según publicaba entonces el organismo multilateral, establecía como objetivo alcanzar "un sólido crecimiento económico, un mayor nivel de vida y una viabilidad externa sostenible", apoyándose en una estricta disciplina presupuestaria, reformas del Estado, privatizaciones y liberalización comercial.

El documento señalaba que la caja de conversión debía proporcionar "un ancla nominal estable" mientras el equilibrio fiscal permitiría sostener la estabilidad macroeconómica. También proponía fortalecer la supervisión bancaria, completar las privatizaciones y crear un clima favorable para la inversión privada. Ese programa fue acompañado por un profundo ajuste del gasto público que permitió estabilizar la economía. Bulgaria comenzó a cancelar anticipadamente sus compromisos con el Fondo en 2005 y terminó de saldar su deuda en abril de 2007, poco antes de ingresar a la Unión Europea. Ese recorrido suele aparecer como el ejemplo que menciona Georgieva. Casi tres décadas después, la propia Comisión Europea continúa señalando que el país enfrenta limitaciones importantes para consolidar un desarrollo equilibrado.

Entre los principales desequilibrios que todavía condicionan el potencial de crecimiento búlgaro, el informe de la Comisión señala el problema de falta de productividad. Bruselas sostiene que continúa siendo persistentemente baja respecto del promedio europeo y que las empresas enfrentan dificultades para expandirse debido a la escasez de mano de obra calificada y a la baja inversión privada en innovación; aunque Georgieva celebre "ser un país que atrae nómades digitales". El duro documento de la CE remarca además que el crecimiento económico depende en gran medida del financiamiento proveniente de la Unión Europea, tanto a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia como de los fondos de cohesión. En otras palabras, una parte importante de las inversiones públicas que sostienen la actividad económica proviene de recursos comunitarios y no exclusivamente de la dinámica interna del país. De hecho, la inversión privada sigue siendo una deuda pendiente en la economía búlgara

Uno de los aspectos que más llama la atención en el diagnóstico europeo es la insistencia sobre la baja capacidad innovadora de la economía búlgara. La Comisión señala que Bulgaria continúa teniendo uno de los menores niveles de inversión pública y privada en investigación y desarrollo de toda la Unión Europea. El gasto público en I+D apenas representa el 0,27 por ciento del PIB, muy por debajo del promedio europeo de 0,72 por ciento. La inversión empresarial tampoco muestra un desempeño destacado y permanece estancada en torno al 0,5 por ciento del PIB, mientras el promedio comunitario supera ampliamente ese porcentaje.

La consecuencia es una economía con baja productividad, dificultades para incorporar tecnología y escasa articulación entre universidades, centros científicos y empresas. El propio informe europeo sostiene que el sistema de innovación permanece fragmentado y que la transferencia tecnológica continúa siendo insuficiente. Otro de los puntos centrales del informe es la fuerte desigualdad territorial. Aunque Sofía (capital búlgara) concentra buena parte del crecimiento económico, las regiones del norte del país permanecen entre las más pobres de toda la Unión Europea. La Comisión Europea señala que cerca de la mitad del PIB nacional se genera en la capital, mientras numerosas regiones rurales enfrentan menores oportunidades laborales, infraestructura deficiente y acceso limitado a servicios públicos.

Ese desequilibrio también afecta la competitividad del conjunto de la economía porque limita la capacidad de desarrollar nuevos polos productivos fuera de los principales centros urbanos. El organismo europeo advierte que esas diferencias amenazan con profundizar la exclusión social y ampliar las brechas de desarrollo entre distintas regiones del país. A diferencia de otros países europeos, Bulgaria registra una tasa de desempleo baja. Sin embargo, esa cifra convive con la falta de trabajadores calificados, muchos emigrados de ese país en busca de mejores ingresos. El documento explica que sectores como la salud, la industria y la construcción tienen dificultades para cubrir puestos de trabajo. La escasez de mano de obra se relaciona tanto con problemas demográficos como con la emigración registrada durante años y con limitaciones del sistema educativo.

El informe también advierte que los salarios crecieron por encima de la productividad, impulsando aumentos de los costos laborales que pueden afectar la competitividad, mientras se registra una inflación persistente. Uno de los argumentos utilizados por Georgieva en la conferencia junto a Caputo es la estabilidad macroeconómica alcanzada por Bulgaria. No obstante, la propia Comisión Europea reconoce que durante 2025 la inflación volvió a acelerarse. El Índice Armonizado de Precios al Consumidor alcanzó el 3,5 por ciento, por encima del 2,6 por ciento registrado el año anterior. Los alimentos procesados, los servicios, los incrementos impositivos y las subas de la energía explicaron buena parte de esa evolución.

Bruselas considera que la adopción del euro --desde enero de este año-- no debería generar efectos permanentes sobre la inflación, aunque reconoce que algunos sectores experimentarán aumentos de precios derivados del proceso de integración monetaria. 

Los Adorni de la vida búlgara

Los problemas institucionales aparecen como otra preocupación recurrente para Bruselas. La Comisión Europea sostiene que Bulgaria todavía no logró construir un historial consistente en la persecución de casos de corrupción de alto nivel. También señala deficiencias en la contratación pública, donde persisten elevados porcentajes de licitaciones con un único oferente y adjudicaciones directas. Cualquier similitud con la Argentina no es pura coincidencia. El informe remarca que numerosas empresas consideran que los procesos de contratación continúan favoreciendo a compañías con vínculos políticos. Según el diagnóstico europeo, esas prácticas afectan la competencia, desalientan la innovación y reducen la productividad.

Otro de los desafíos identificados por Bruselas es la estructura tributaria, dado el bajo nivel de capacidad recaudatoria del gobierno búlgaro. La presión impositiva continúa siendo una de las más bajas de la Unión Europea y el país mantiene una fuerte dependencia de los impuestos al consumo. La Comisión sostiene que el sistema tiene escasa capacidad redistributiva y que la economía informal continúa representando una proporción muy elevada del producto, un problema que no solo está convirtiendo en estructural el mileísmo, mientras que Georgieva tiene el descaro de marcarlo como un problema a solucionar. También plantea la necesidad de Bulgaria de fortalecer la administración tributaria, combatir la evasión y revisar el esquema impositivo para mejorar la equidad.

Otro problema que advierte el informe oficial de la Unión Europea es que la energía constituye una vulnerabilidad estructural, dado que Bulgaria sigue dependiendo en gran medida de la importación de petróleo y gas. Aunque logró diversificar parcialmente sus proveedores después de reducir la dependencia respecto de Rusia, la Comisión sostiene que el país continúa siendo vulnerable frente a cambios en los mercados internacionales. Al mismo tiempo, señala que la eficiencia energética de la industria permanece entre las más bajas de Europa y que todavía falta avanzar en la modernización del parque habitacional.

La Comisión Europea también advierte sobre el deterioro de las cuentas públicas. Después de varios años de disciplina fiscal, Bulgaria comenzó a registrar déficits crecientes. Las proyecciones oficiales indican que el rojo fiscal continuará aumentando durante los próximos años debido al incremento del gasto social, el envejecimiento de la población y el aumento de las inversiones en defensa. El informe también anticipa mayores presiones sobre los sistemas de salud y jubilaciones como consecuencia de la evolución demográfica.

Más allá del crecimiento económico acumulado desde el ingreso a la Unión Europea, Bruselas reconoce que Bulgaria continúa ubicándose por debajo del promedio europeo en la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El documento señala que persisten brechas importantes en educación, empleo de calidad, productividad, innovación y reducción de la pobreza. También advierte que los grupos vulnerables continúan enfrentando riesgos elevados de exclusión social y que el sistema sanitario presenta problemas de cobertura y falta de personal.