De Messi a Bizarrap: quién es Pedro Colmeiro, el joven director audiovisual de 27 años detrás de la session de Shakira

El realizador argentino Pedro Colmeiro, uno de los cerebros detrás de las Bizarrap Music Sessions y de la histórica session con Shakira, construyó una carrera meteórica que hoy lo posiciona como uno de los directivos audiovisuales más talentosos de su generación.

12 de marzo, 2026 | 19.00

Tiene 27 años y en pocos años construyó una carrera que lo llevó de filmar con equipos caseros a trabajar detrás de algunos de los videos musicales más vistos del planeta. Pedro Colmeiro es director audiovisual y creativo. Formó parte del equipo cercano de Bizarrap, con quien trabajó en la producción audiovisual de las Bizarrap Music Sessions, además de acompañar el crecimiento global del proyecto en shows, giras y contenidos. Al mismo tiempo dirige su propia productora y agencia creativa, Studio23, desde donde desarrolla proyectos audiovisuales, campañas y contenidos para artistas y marcas.

Antes de que su nombre empezara a aparecer asociado al fenómeno musical argentino más exportado de los últimos años, Colmeiro ya venía acumulando experiencias que lo formaron en velocidad, improvisación y resolución técnica. Pero su presente profesional tiene un punto de partida claro: el día en que se cruzó, casi de casualidad, con el universo Bizarrap.

Pedro Colmeiro junto a Bizarrap y Milo J durante el rodaje de la Music Session #57, dirigida por Colmeiro y que supera los 208 millones de reproducciones en YouTube.

Una de esas puertas apareció en una fiesta donde conoció a la manager del productor, quien terminó presentándolo con él. En ese momento, Biza ya empezaba a ganar notoriedad, aunque todavía no había alcanzado la dimensión global que tendría después. “Pegamos buena onda enseguida. Le dije: ‘Yo me dedico a esto, si necesitan algo avísenme’”, recuerda Colmeiro.

Poco tiempo después lo llamaron para grabar backstage de algunas sessions. Durante esas primeras jornadas ocurrió algo que terminaría definiendo su lugar en el equipo. “Se apagaban luces, fallaban cámaras, pasaban cosas… y yo iba resolviendo todo”, cuenta. Esa capacidad de reaccionar rápido terminó por convencerlos. “Me dijeron: ‘¿Te querés quedar?’”.

Pedro Colmeiro, jurado del BAMV 2026, presenta a los ganadores de mejor video de Estudiantes.

Aceptar significaba algo más que filmar videoclips. Significaba sumarse a la gira permanente del proyecto, meses viajando por Europa, escenarios gigantes, festivales y una vida prácticamente en movimiento constante. Nunca lo dudó.

Trabajar con Bizarrap implicó presenciar desde adentro el crecimiento meteórico del proyecto: de sesiones grabadas en una habitación a conciertos frente a decenas de miles de personas. “Íbamos a festivales con 40 mil personas y él cerraba el evento”, recuerda. Desde el escenario, su posición era única, el único que no estaba tocando, pero sí observando todo desde atrás.

Esa cercanía también generó una dinámica de trabajo muy particular. Colmeiro suele editar material en el momento, probar ideas y mostrarlas al instante. “Le traía tres opciones. Si no le gustaba, hacíamos otra. Siempre fui mucho de proponer”, explica.

El fenómeno Bizarrap y la creación de la BZRP Session con Shakira

Trabajar con el productor argentino significó también enfrentarse a desafíos creativos particulares. Uno de los rasgos más reconocibles de las sessions es su estética minimalista: una habitación, pocas cámaras y el artista invitado. Detrás de esa aparente simpleza hay una dificultad concreta, lograr impacto visual en un espacio extremadamente limitado.

“Es un juego de cámaras”, explica Colmeiro. “Pero también es desafiante por las figuras que vienen”. El desafío se vuelve mayor cuando la invitada es una superestrella mundial como Shakira. “Ella está acostumbrada a grabar videoclips con veinte bailarines, sets gigantes… y de repente yo le digo: tenés cuatro cámaras y si te movés mucho chocás con el sintetizador”, cuenta entre risas.

La sesión fue larga y meticulosa, con ensayos, pruebas y ajustes mínimos hasta encontrar la toma perfecta. “Hasta que no aparece esa toma, no se para”. Sin embargo, el momento más intenso llegó después de la grabación. Durante meses, Colmeiro tuvo que guardar absoluto silencio sobre el proyecto. “Es lo más difícil: cargar con el secreto”, confiesa.

El material estaba en su computadora y nadie más podía saberlo. Ni amigos, ni familia. “Yo lloré cuando salió”, admite. “Porque son meses trabajando en algo enorme que no podés contarle a nadie”. Cuando finalmente la canción se publicó, la reacción fue inmediata. El tema explotó en todo el mundo. “Escucharla en otros países y ver que todos la cantaban fue una locura”, recuerda.

Pero para entender cómo llegó hasta ese lugar, viajando por festivales internacionales y trabajando con artistas globales, hay que retroceder algunos años, cuando su rutina era muy distinta. Pedro tiene 27 años, pero su recorrido parece el de alguien que ya atravesó varias carreras.

De adolescente viajaba todos los días desde la localidad bonaerense de Mercedes hasta la Ciudad de Buenos Aires para estudiar producción de televisión. El despertador sonaba a las cuatro de la mañana. “Salía a esa hora y llegaba como a las siete u ocho. Después volvía a la noche, tipo doce. El primer año fue durísimo”, recuerda.

Pedro Colmeiro graba a Quevedo y Bizarrap durante una gira europea en 2022, año en que su colaboración alcanzó el puesto #1 global de Spotify durante 47 días consecutivos.

Ese esfuerzo duró cerca de un año y medio, hasta que empezó a acomodar su vida. Primero como podía, quedándose en lo de amigos, llevando comida desde su ciudad natal para compartir y pagar gastos básicos. “Llevaba milanesas de Mercedes, las dejaba frizadas. Yo pagaba el Wi-Fi y las milanesas con queso”, cuenta entre risas.

Su primer gran trabajo llegó temprano. A los 19 años entró a trabajar en ShowMatch, el histórico programa conducido por Marcelo Tinelli. Allí fue parte de una etapa de transición en la que el ciclo comenzaba a expandirse con fuerza hacia las redes sociales. “Fui de los primeros filmmakers del programa. Antes no existía tanto ese rol”, explica.

Su tarea era grabar, editar y generar contenido en tiempo real para las plataformas digitales. La dinámica era frenética, terminar un segmento, bajar fotos, editar videos y subir material casi al mismo tiempo. “Nadie podía creer que un pibe que recién entraba estuviera haciendo tantas cosas”, recuerda.

Pedro Colmeiro ajusta detalles de escena junto a Ángel Di María durante un rodaje.

La experiencia fue intensa, “en un momento me pregunté si quería esa vida. Igual me sirvió mucho, me sacó el miedo”. Después de dejar la televisión volvió a Mercedes sin un plan demasiado claro. Pero el siguiente llamado cambiaría otra vez el rumbo. La Asociación del Fútbol Argentino buscaba un filmmaker. Colmeiro se presentó, hizo la prueba y quedó.

De repente, con apenas 19 años, estaba viajando con la selección argentina y compartiendo concentraciones con jugadores como Lionel Messi. “Fue mi primer trabajo grande viajando. Me fui un mes y medio a una Copa América”, recuerda. Esa experiencia le dio visibilidad dentro del mundo audiovisual y abrió nuevas puertas.

Pedro Colmeiro junto a Lionel Messi durante la Copa América Brasil 2019, donde dirigió contenidos para la Selección Argentina.

Pero su historia con las cámaras había empezado mucho antes. A los 13 o 14 años ya intentaba conseguir productos de páginas chinas para hacer videos de reseña. Poco después construyó su primera grúa de filmación casera, de más de seis metros, con ayuda de un herrero. “Siempre fui medio loquito para esas cosas”, admite.

Para Colmeiro, el trabajo siempre fue también una forma de vida. “Tengo tan claro que amo lo que hago que nunca sentí que estaba resignando algo”, dice. Mientras muchos de sus amigos atravesaban etapas más convencionales, cumpleaños, graduaciones, viajes de egresados, él pasaba horas grabando videos, armando equipos o aprendiendo a editar. “En vez de irme a Bariloche, me compré una lente”, recuerda.

Y en ese momento, el chico que alguna vez miraba los escenarios desde abajo en la Fiesta del Salame de Mercedes entendió que su lugar, definitivamente, estaba del otro lado.