Nuestra Tierra, el quinto largometraje de Lucrecia Martel, se estrenará finalmente el 5 de marzo en los cines del país, luego de su recorrido por los festivales internacionales. El documental parte de un crimen registrado en video y filtrado en internet para abrir una reflexión sobre la historia y la cultura argentina. En octubre de 2009, Javier Chocobar, referente de la comunidad indígena Chuschagasta, fue asesinado por el funcionario público y emprendedor minero Darío Amín durante un intento de desalojo en el norte de Tucumán. La película narra la extensa espera de la comunidad por justicia hasta el juicio que tuvo lugar recién en 2018, casi una década después.
En una entrevista mano a mano con El Destape, la directora de La ciénaga, La mujer sin cabeza, La niña santa y Zama se adentra en el proceso que le demandó 14 años de trabajo, y reflexiona sobre la actualidad del cine argentino y sobre las películas que marcaron su vida.
¿Cómo fue el proceso hasta lograr una cercanía a la comunidad indígena Chuschagasta?
- Fueron 15 años de trabajo, un proceso muy paulatino. Primero, porque cuando el mundo urbano se acerca al mundo rural se cometen todas las tropelías y aceleraciones que te imagines. Yo quería hacer todo rápido y eso es inviable, porque la gente se cansa cuando te ve queriendo resolver todo en pocos días: tener los documentos, escanear las fotos, hablar con la gente. Ellos rápidamente me hicieron entender que no funciona así y fue muy paulatino. Imaginate que el mayor caudal de fotos de esta película me las dio una señora que ya me conocía hacía 10 años y no me mostraba ni una foto. Me decía "puede ser que tenga alguna" y un día abrió una cajita y había 400 fotos antiguas, fundamentales para contar todos los aspectos de la película. Fue todo así, pasito a pasito.
La industria no tiene previsto proyectos así, es un milagro que hayamos podido hacer la película. Tengo productores que tienen paciencia y son siempre inteligentes y educados, ya que se dan cuenta que el proceso es importante, pero cada vez es más difícil encontrar gente que te acompañe en un trayecto tan largo, que ni yo sabía cuánto iba a durar.
¿Sufriste presiones y aprietes de los imputados por asesinato durante el rodaje?
- Solo alguna mirada un poco intimidante de los imputados durante el juicio, pero no fue algo que pasó a mayores.
Nuestra tierra es una película dura, hay escenas que impactan emocionalmente por su crudeza y violencia. ¿Qué pasó cuando la presentaste terminada ante los Chuschagasta?
- Te cuento algo terrible: cuando llevamos Nuestra Tierra, el año pasado, a la comunidad me di cuenta que lo que yo empezaba a ver como una película -y una cosa que se iba separando de mí-, era la vida de esas otras personas con ese hombre, ese esposo, ese padre que sigue faltando. Entonces, ahí volvés a darte cuenta que lo que hiciste no es una película. Es muy fácil para la gente de cine perderse en ese hilo. Sobre todo yo, que vengo de la ficción. Ese fue un momento duro.
La calidad humana del equipo de trabajo que hizo posible esta película fue muy necesaria y todos están por encima del expertise técnico que fue ultra necesario, porque cuando estás en un lugar con menos personas tenés que resolver más cosas. Yo pienso que en este país sobra la gente talentosa para hacer cosas difíciles.
Es una lástima que el Gobierno no piense lo mismo que vos en torno a los trabajadores…
- El Gobierno, en su forma tan extraña de conectarse con el país, decretó como enemigo al cine, asociándolo con otra fuerza política, lo cual es absurdo. Pero bueno… yo espero que el Presidente se dé cuenta que el cine es una industria de puro valor agregado. Por lo menos vio una película, así que podría ver algunas más y entender que lo que sucede en el cine es la posibilidad de conversar conflictos que la misma política no puede resolver. La gente que está en la administración de la Nación debería agradecer que existan películas que les permitan acercarse a lugares donde, por su trabajo y por sus limitaciones, no pueden ir a conocer.
¿Qué opinión te merece la gestión de Carlos Pirovano en el INCAA?
- No es una persona que tenga una gran trayectoria en el cine. Por ahí tiene una buena intención en querer hacer más eficiente el INCAA, aunque hay que ver cuál es el criterio que tiene. De todas maneras, pienso que la gente cambia en la medida que entiende en qué mundo está. Cuando aparece una fuerza política que no tiene vinculación con o que siente como una amenaza la cultura, siempre espero que en el transcurso de esa función pública tenga oportunidad de entender que la cultura es el intercambio que necesitamos entre nosotros y que un país no se hace porque haya un borde o un documento, sino porque compartimos una serie de ideas, criterios, discutimos. Y a veces los funcionarios están un poco desapegados de las actividades que les tocan mostrar.
Al principio de la charla hablaste sobre aprender a ser paciente en los procesos de realización largos, algo que va un poco a contramano de las películas de estudio. Después de lo que implicó Nuestra Tierra, ¿te gustaría habitar esa otra búsqueda?
- Sí, me encantaría pero ahora estoy con problemas en la pierna (se señala la pierna) y eso me demanda cuidados. La verdad es que todo el tiempo estoy pensando cómo hacer con menos presupuesto, pero te soy honesta: yo me demoro mucho más en pensar una película que en conseguir la plata. No le puedo echar la culpa a la financiación, porque soy larguera (se ríe).
Pero me encanta y creo que el cine argentino y todos los que pertenecemos a esta industria tenemos que entender que hay que generar instituciones fuertes que puedan sobrevivir a los gobiernos, porque ningún pueblo puede estar sujeto al destino de un gobierno. Tiene que haber formas, instituciones, modos de entender las actividades que estén por encima de esos vaivenes.
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"No soy cinéfila. Me gusta desde Terminator a Persona"
¿Hubo alguna película que te haya marcado en el camino a decidirte ser cineasta?
- Es algo que pensé mucho estos días. Hay una película de Gabriela David, una argentina que murió, que se llama De qué sirve la mirada. Es un documental que ella hizo en un basural y es la película que me hizo entender el poder del cine. Yo nunca más tiré la basura sin pensar en esa película y en que esa basura va a llegar a un lugar donde va a haber gente que va a buscar algo valioso en lo que yo tiro. Ese documental me dio un cachetazo y me cambió la perspectiva para siempre. Es una directora que no es conocida en el cine argentino y eso es una pena, es lamentable.
¿Se consigue el documental?
- No circuló mucho por las salas ni por festivales y es la película que más me enseñó y todos los días vuelve a mi cabeza. Ese poder del cine me encanta porque, de otra manera, es como un remedio o como una droga en cualquier sentido. Te puede hacer mal o bien, pero te altera la percepción.
Quizás ya te hicieron esta pregunta muchas veces, pero el público se renueva: ¿tenés películas favoritas?
- No soy cinéfila. Me gusta desde Terminator a Persona, un arco muy variado, pero no tengo una relación con el cine y con su historia. No tengo la cinefilia en mí por cuál fue mi origen. En la provincia donde me crie había un cine arte, pero era un lugar de gente grande y yo era chica y no tuve acceso a eso. Para mí el cine es en relación con el mundo, es la forma en que yo puedo compartir con mis vecinos y contemporáneos una reflexión sobre el mundo.
Si busco en Google “Lucrecia Martel” la imagen que se construye sobre tu figura es la de una de las directoras contemporáneas más “prestigiosas” del cine argentino. ¿Cómo te llevás con esa palabra?
- El prestigio es chiquito, pero lo que me da es responsabilidad. Yo siento muchísima responsabilidad por la gente joven. Lo único que tengo de instinto maternal está volcado ahí. Este país es muy duro para ser joven y hay una enorme parte de esta población que tiene cercenada la imagen del futuro. Entonces, cuando vi que logré tener un poco de prestigio en esta actividad, me volqué a ayudar a los más jóvenes porque viene mucha gente en situaciones muy complicadas.
La última: ¿recordás cómo fue la primera crítica de cine que te hicieron?
- (Se ríe) ¡Esa historia es buenísima! La primera crítica me la hizo un señor, un periodista salteño que había perdido tres dedos en un accidente en el que yo estuve cuando él era joven. Pasó que caímos de un precipicio en un auto. Él era amigo de un tío mío, los dos tenían veintipico de años e iban en el coche con sus novias y nos habían llevado a nosotros, los sobrinos. ¿Viste cuando las parejas ensayan tener hijos? Bueno, era eso. La cuestión es que se nos vino un camión de frente, que estaba conducido por un borracho, y nos tiró al precipicio. Caímos 30 metros dando vueltas…
¿Saliste ilesa de la caída?
- Me quebré el fémur y estuve 45 días con atención médica. Me tuvieron que operar, pero me quedé entera.
