Durante el verano, las playas de la Costa Atlántica suelen ofrecer una postal ideal: sol intenso, cielo despejado y miles de turistas disfrutando del mar. Sin embargo, hay un detalle que se repite cada temporada y sorprende incluso a los habitués: la arena quema, y mucho. En algunos casos, alcanza temperaturas capaces de provocar molestias, ampollas e incluso quemaduras leves en pocos segundos.
Lejos de ser una percepción exagerada, este fenómeno tiene una explicación física concreta y obliga a extremar ciertos cuidados, sobre todo en niños, personas mayores y quienes caminan descalzos durante las horas centrales del día. Este fenómeno se debe a la "composición" de la arena y por eso marca tanta diferencia entre aquellas que son más claras, como en el Caribe.
La fórmula es simple: cuando los granos son claros, reflejan más luz y guardan menos calor; cuando son más oscuros, absorben más energía y levantan temperatura. La arena de la Costa Atlántica está compuesta mayoritariamente por minerales como el cuarzo y el feldespato, además de fragmentos de rocas que pueden verse gris oscuro, verdosas o casi negras, un material que absorbe y retiene el calor con gran rapidez.
Según explicó la geóloga marina, Graziella Bozzano, una arena oscura como la de la Costa puede superar los 50 °C cuando la temperatura ambiente está entre 30 y 32 °C, mientras que una arena muy blanca ronda los 40 °C. En la práctica, son varios grados de diferencia que se notan enseguida en la piel, sobre todo al mediodía.
Además, la falta de vegetación y sombra natural en muchas playas contribuye a que el calor se concentre. Entre el mediodía y las primeras horas de la tarde, cuando el sol incide de forma perpendicular, la temperatura de la arena puede superar ampliamente la del aire.
Qué riesgos implica caminar sobre arena caliente
El contacto prolongado con arena muy caliente puede provocar desde enrojecimiento y ardor hasta pequeñas quemaduras en la planta de los pies. En el caso de los niños, que tienen la piel más sensible, el riesgo es mayor. Lo mismo ocurre con las mascotas, que suelen caminar descalzas sin poder expresar el dolor de inmediato.
Los especialistas advierten que las quemaduras solares no solo afectan por exposición directa al sol, sino también por superficies que irradian calor, como la arena o las baldosas.
Cuidados clave para evitar lesiones
Para reducir riesgos, se recomienda evitar caminar descalzo en los horarios de mayor radiación solar, especialmente entre las 11 y las 16. El uso de ojotas, sandalias o calzado liviano es fundamental incluso para trayectos cortos.
También es importante buscar zonas húmedas cerca de la orilla, donde la arena suele estar más fresca, y prestar atención a los síntomas de incomodidad térmica. En el caso de los más chicos, conviene controlar con frecuencia la temperatura del suelo antes de que jueguen sentados o acostados sobre la arena.
