Un experto de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) advirtió que las condiciones climáticas globales muestran señales cada vez más claras de un nuevo evento de El Niño, un fenómeno climático natural que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental.
Las características que fueron analizadas por el magíster en Ecología Acuática y docente de la UNNE, Juan José Neiff, indican que el nuevo evento podría ser uno de los más "intensos" de las últimas décadas.
De acuerdo a los informes emitidos, el océano Pacífico muestra señales inequívocas de un cambio climático a escala global y podría traer consecuencias como grandes olas de calor, lluvias intensas, crecidas de ríos y fenómenos meteorológicos extremos, afectando la infraestructura de las ciudades de la Argentina y de otras partes del mundo.
“El pronóstico que recibo de la Universidad de Columbia no deja dudas de que ya se está definiendo El Niño”, afirmó Neiff, quien también es investigador principal del Conicet. "La temperatura del Pacífico ecuatorial ya está 2 grados por encima de la media histórica de 30 años en la capa superficial de 100 metros, y podría llegar a +3 grados entre diciembre y enero", explicó el experto.
Este incremento térmico implica un aumento significativo de la evaporación y, por consecuencia, de las precipitaciones. “Esto significaría mucha agua en la Cuenca del Plata”, puntualizó.
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¿Cómo funciona El Niño?
El Niño y su contraparte, La Niña, forman parte de un sistema climático global donde impacta la radiación solar y la temperatura de los océanos. Sobre esto, el investigador aclaró que "las lluvias son consecuencia del calentamiento del agua. El sol calienta los mares y cubren el 78% de la superficie del planeta, por lo tanto, la mayor evaporación se produce allí”.
Sin embargo, el docente de la UNNE puntualizó que la radiación que emite el sol no es constante, entonces existen períodos de mayor y menor radiación: “Cuando hay mayor radiación solar, se incrementa la evaporación y las lluvias sobre el continente. Hay mayor cantidad de agua escurriendo en nuestros ríos como el Paraná y Paraguay y se produce El Niño”. En cambio, cuando hay menor radiación, ocurre el fenómeno de La Niña, que son sequías extremas “como la que tuvimos entre 2019 y 2023”.
Ambos eventos no son estrictamente periódicos, pero suelen repetirse cada dos a siete años. Su diferencia radica en la intensidad y duración del calentamiento del océano.“No es solo cuánto sube la temperatura, sino cuánto tiempo se mantiene elevada, lo que determina el volumen de lluvias”, indicó el especialista.
Un evento de características extremas
A partir de los modelos internacionales, entre los que se encuentran la Universidad de Columbia y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el científico del Conicet determinó que el fenómeno se consolidaría entre mayo y fines del 2026, como así también a inicios del 2027. Pero el equipo de Neiff ya lo había este escenario en 2023.
“Creemos que va a ser un Niño muy importante, quizás semejante al de 1997-1998. Ahora, son pronósticos”, analizó. Hace casi 30 años, ese evento provocó inundaciones generalizadas en la región de la zona costera y en un 35% del territorio provincial de Corrientes. Además, de una drástica inundación en Goya.
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También recordó que “los pronósticos uno lo hace manejando distintas fuentes”, señaló el exdirector del Centro de Ecología Aplicada (Cecoal) de la Unne y agregó: “La Universidad de Columbia maneja 35 fuentes de pronóstico y nos dicen que va a haber un Niño que va a ocurrir aproximadamente desde mayo en adelante hasta fin del 2026 y puede extenderse hasta principios de 2027”.
“A partir de 1991 comenzaron a medirse de manera sistemática las temperaturas del mar en los primeros 100 metros de profundidad en la región ecuatorial del planeta, la zona más cercana a la radiación solar”, remarcó el investigador y agregó que “allí se registran temperaturas más altas que en los polos, lo que también genera mayor evaporación en comparación con las regiones polares. Desde entonces, contamos con más de treinta años de registros diarios de la temperatura superficial del océano, lo que permite detectar este tipo de pronósticos”.
