Cuando el sueño se corta en medio de la noche, recuperarlo puede convertirse en una odisea. Entre vueltas en la cama, miradas al techo y la ansiedad que empieza a crecer, la posibilidad de volver a dormir se aleja minuto a minuto. Pero los especialistas aseguran que existen claves para revertir esa situación y lograr un descanso reparador.
Pablo Ferrero, médico especialista en sueño dio una serie de recomendaciones para quienes batallan contra el insomnio o sufren interrupciones nocturnas frecuentes.
El sol como regulador natural
Consultado sobre la existencia de un horario ideal para acostarse, Ferrero fue contundente: la referencia principal debe ser la luz solar. "Si no tuviéramos relojes, nos iríamos a la cama cuando se va el sol y nos despertaríamos cuando sale", explicó.
El especialista destacó que ese patrón varía según la estación del año y que durante el verano conviene ser más laxos con los horarios. "El sol es el que regula el ritmo circadiano. A nivel hormonal, dosificamos en base a la cantidad de luz y temperatura que tenemos", agregó.
La meta de las ocho horas
El estándar de un buen descanso, según Ferrero, es cumplir con ocho horas de sueño ininterrumpidas, siempre en el mismo horario y con calidad. Sin embargo, es consciente de que una gran parte de la sociedad no alcanza ese objetivo.
Para quienes sufren cortes durante la noche, lo primero es identificar la causa. "Si la interrupción es por los hijos, por necesidad de orinar o por insomnio, hay que atacar ese origen", señaló.
Y para aliviar a quienes se quedan cortos, el médico aportó una cuota de optimismo: "Dormir seis horas también está bien. No todos llegan a las ocho, y eso no significa que su descanso sea un fracaso".
El problema de la siesta
Ferrero desaconsejó la práctica de dormir siesta, especialmente para quienes padecen insomnio nocturno. "Las personas que exceden su tiempo de descanso durante el día suelen levantarse con cierto aletargamiento y eso después juega en contra a la hora de dormir", explicó.
El reloj biológico y la edad
El paso de los años también modifica los patrones de sueño. "A medida que envejecemos, nuestro cronotipo se modifica, pero no es que pasamos de ser búhos a ser alondras de un día para el otro", aclaró Ferrero.
Lo importante es entender que el organismo cambia y que los horarios que funcionaban a los 20 años probablemente no sean los mismos a los 60.
El enemigo en la mesita de luz
El especialista apuntó directamente contra el teléfono celular como uno de los grandes disruptores del sueño contemporáneo. "Además de generar luz, provoca ansiedad. Eso despierta al cerebro y dificulta la conciliación del sueño", advirtió.
Su recomendación es clara: al momento de acostarse, el dispositivo debe estar lo más lejos posible de la cama.
