¿Olvidos frecuentes? Cómo prevenir la demencia y cuidar tu cerebro, según expertos

Los olvidos no siempre son normales con la edad. Conocé las 14 claves para reducir el riesgo de demencia y qué rol juega la familia en este desafío. 

29 de marzo, 2026 | 14.58

Los olvidos recurrentes no siempre forman parte del envejecimiento natural. Detectarlos a tiempo y actuar sobre ciertos factores de riesgo puede ser la clave para prevenir o retrasar la aparición de la demencia. Por eso, es fundamental conocer qué medidas ayudan a proteger la salud cerebral.

En los adultos mayores, especialmente después de los 60 o 70 años, la demencia suele aparecer como resultado de diversos procesos patológicos que afectan al cerebro durante el envejecimiento. La enfermedad de Alzheimer es la más frecuente, aunque suele presentarse junto a otros problemas, como la acumulación anormal de proteínas o complicaciones vasculares.

Uno de los primeros signos puede ser la aparición de olvidos, que a menudo se confunden con distracciones pasajeras. Sin embargo, cuando estos episodios son frecuentes y notados por familiares o amigos, aunque todavía no afecten la rutina diaria, es fundamental consultar a un médico. Detectarlos temprano permite actuar para prevenir o demorar la progresión hacia la demencia.

Si bien algunos factores son inevitables, una parte importante de los casos podría evitarse cuidando aspectos relacionados con la salud y el estilo de vida. Desde hace más de una década, The Lancet Commission, que agrupa los estudios más relevantes sobre el tema, asegura que hasta un 40% de las demencias podrían prevenirse si se modifican ciertos factores de riesgo.

En su informe más reciente, el listado de factores se amplió a 14, y se estima que corregirlos a nivel colectivo podría lograr una prevención de hasta un 45%. Esto demuestra que el envejecimiento cerebral es un proceso gradual influenciado por nuestras decisiones y hábitos a lo largo de la vida.

Hasta un 45% de las demencias podrían prevenirse modificando ciertos hábitos.

Estos factores de riesgo modificables funcionan en distintas etapas y ayudan a minimizar daños cerebrales, como la inflamación, el daño vascular o la acumulación de proteínas, al tiempo que fortalecen la reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para resistir el deterioro.

Gill Livingston, uno de los autores de estos informes, afirmó: “Nuestro informe muestra que está en manos de los responsables políticos y de las personas prevenir y retrasar una proporción significativa de las demencias, con oportunidades de tener un impacto en cada etapa de la vida.”

Entre las recomendaciones destaca prevenir el aislamiento social, ya que la participación en actividades físicas, sociales y cognitivas contribuye a mantener el cerebro activo y sano. Por eso, la familia juega un rol fundamental en el acompañamiento y estímulo del paciente, promoviendo hobbies, juegos y tareas que eviten el encierro.

Actualmente, los tratamientos farmacológicos disponibles sólo mejoran levemente las funciones cognitivas. Por eso, la prevención basada en cambios de hábitos y políticas públicas sostenidas es una herramienta clave para reducir el impacto de esta epidemia silenciosa.

El aislamiento social es uno de los principales factores de riesgo.

En algunos países desarrollados ya se observa una baja en la proporción de personas mayores con demencia, gracias a mejoras en educación, nutrición, atención sanitaria y estilos de vida. Esto demuestra que es posible modificar el rumbo con acciones concretas.

Los 14 factores de riesgo para prevenir la demencia

  1. Bajo nivel educativo (especialmente en la primera infancia)

  2. Pérdida de audición (no tratada a mediana edad)

  3. Hipertensión arterial

  4. Obesidad (especialmente en la mediana edad)

  5. Consumo excesivo de alcohol

  6. Lesiones cerebrales traumáticas (por golpes o accidentes)

  7. Sedentarismo (falta de actividad física)

  8. Tabaquismo

  9. Diabetes

  10. Depresión (no tratada)

  11. Aislamiento social (falta de contacto social en la vejez)

  12. Contaminación del aire

  13. Colesterol LDL elevado (mal colesterol)

  14. Pérdida de visión (no tratada en la vejez)