El primer fantasma de nuestra historia: quién fue Juan de Osorio y qué cuenta su leyenda

Cuenta la leyenda que con la fundación de Buenos Aires nació también el primer fantasma de nuestra historia.

25 de junio, 2026 | 17.20

Corría el año 1535 cuando don Pedro de Mendoza desembarcó en lo que hoy es el casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Clérigos, soldados y un hombre llamado Juan de Osorio formaban parte de aquella expedición que llegaba al Río de la Plata con la misión de fundar un asentamiento en nombre de la Corona española.

Sin embargo, entre los integrantes de la tripulación había una fuerte tensión interna: Osorio no era un simple soldado más, sino un enemigo declarado del propio Mendoza, quien estaba convencido de que este planeaba desplazarlo de su cargo mediante un motín.

La leyenda de Juan de Osorio tiene su origen en la primera fundación de Buenos Aires.

No existían pruebas concretas que incriminaran a Osorio de semejante traición. Aun así, Mendoza decidió actuar antes de que cualquier posible rebelión pudiera tomar forma. Según los relatos históricos, Mendoza ordenó su ejecución y fue él mismo quien habría participado del asesinato. La leyenda cuenta que fueron tantas las puñaladas recibidas que el alma del pobre Osorio abandonó su cuerpo antes de que este siquiera tocara el suelo, dando origen a una de las historias más antiguas y misteriosas vinculadas con la Ciudad de Buenos Aires.

La maldición del fantasma de Osorio, el primer fantasma argentino

Tras el homicidio de Osorio, la suerte pareció abandonar por completo a don Pedro de Mendoza. Lo que había comenzado como una ambiciosa expedición de conquista rápidamente se transformó en una pesadilla marcada por el hambre, las enfermedades y los enfrentamientos. El pueblo querandí, que en un primer momento había recibido a los españoles y les había ofrecido ayuda, terminó enfrentándose a los invasores ante los constantes intentos de apropiación de sus tierras y recursos.

La situación dentro del asentamiento se volvió desesperante. La falta de alimentos llevó a los españoles a atravesar episodios extremos: según distintas crónicas de la época, llegaron a alimentarse con lo que encontraban a su alcance, incluso hirviendo sus propias botas para intentar obtener un caldo hecho con cuero y comiendo gatos callejeros.

Mientras tanto, el campamento era cada vez más inseguro. Los ataques indígenas, el hambre y la amenaza constante de la naturaleza convertían la primera Buenos Aires en un lugar casi imposible de sostener. A esto se sumó una nueva tragedia: los yaguaretés comenzaron a rondar la zona y, como si la desgracia no fuera suficiente, Pedro de Mendoza contrajo sífilis, una enfermedad que deterioró gravemente su salud.

Convencido de que debía regresar a España para recuperarse, el fundador de la primera Buenos Aires emprendió el viaje de regreso, pero nunca llegó a destino. Murió en altamar. El barco en el que viajaba su hermano Diego, enviado rumbo a Asunción en busca de provisiones para la colonia, tampoco consiguió llegar a tierra firme.

Finalmente, la primera fundación de Buenos Aires quedó marcada por el fracaso y el abandono. La ciudad que había nacido a orillas del Río de la Plata desapareció durante décadas, hasta que en 1580 Juan de Garay encabezó la segunda fundación y comenzó a darle forma definitiva al territorio que con el tiempo se convertiría en la capital argentina. La leyenda cuenta que el espíritu de Osorio continúa recorriendo el antiguo casco histórico porteño.