Por qué se le llama brutalista a su edificio, en qué gobierno fue construida y cuándo la dirigió Borges: la historia de la Biblioteca Nacional

Recorremos la historia de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno y hablamos sobre su impactante arquitectura.

06 de mayo, 2026 | 20.14

No hace falta ser estudiante de arquitectura para suspirar cuando se pasa por al lado de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Este edificio brutalista es uno de los más imponentes de la Ciudad de Buenos Aires. Mientras que por fuera su inmensa estructura llama la atención a transeúntes y automovilistas de las transitadas Av. Las Heras y Av. del Libertador, por dentro sus pasillos son caja de resonancia de historia propia y ajena en más de un millón de libros.

Su historia se remonta al 13 de septiembre de 1810, cuando la Primera Junta creó por decreto la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Su primera sede funcionó en la histórica Manzana de las Luces, en pos de una idea de Nación que buscaba impulsar la circulación de ideas, la lectura y la formación de una opinión pública en plena etapa independentista.

La historia de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

La historia de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno es una representación de lo que fue la construcción de la Nación. Impulsada en sus orígenes por Mariano Moreno, quien es considerado su fundador, la institución nació bajo un clima de época constitutivo. Sus primeros fondos se reunieron a partir de libros provenientes de distintas colecciones y donaciones, con el objetivo de construir un espacio dedicado a la lectura, la circulación de ideas y la formación cívica.

La arquitectura de la BNMM es una de las más impactantes de la Ciudad de Buenos Aires. Foto: BNMM

Hacia la década de 1880, en pleno proceso de consolidación del Estado nacional, adquirió oficialmente el carácter de Biblioteca Nacional. Ese crecimiento se profundizó con la llegada de Paul Groussac a la dirección en 1885. Durante su extensa gestión, la institución se trasladó en 1901 a la sede de la calle México, lo que permitió que se amplíe notablemente su patrimonio.

Otro de los nombres decisivos en su historia fue el de Jorge Luis Borges, quien dirigió la Biblioteca entre 1955 y 1973. Durante su gestión también se creó, en 1956, la Escuela Nacional de Bibliotecarios, mientras comenzaba a proyectarse el traslado a una nueva sede en Recoleta, sobre los terrenos donde antes se levantaba el antiguo Palacio Unzué.

El edificio actual empezó a tomar forma en 1961, cuando Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga ganaron el concurso internacional. El proyecto surgió tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, en un contexto marcado por el gobierno de facto de Aramburu, aunque recién pudo inaugurarse en 1993, durante la presidencia de Carlos Menem.

La sede de Recoleta es hoy uno de los grandes emblemas del brutalismo argentino. Se la llama brutalista porque no intenta esconder cómo está hecha. El hormigón queda a la vista, sin revestimientos ni adornos, mientras que sus enormes columnas, los grandes bloques suspendidos y las salas elevadas sobre el nivel de la calle, hacen que el edificio parezca casi flotando. Esa combinación la convirtió en una de las obras arquitectónicas más importantes de Buenos Aires.