Con el paso del tiempo, ciertos espacios del hogar, como la cocina, pueden volverse incómodos o incluso peligrosos para quienes ya entraron en la tercera edad. Estos ambientes, junto con el baño, forman parte de los denominados núcleos húmedos, donde la combinación de pisos resbaladizos, desniveles y la necesidad de usar fuerza o estabilidad aumenta el riesgo de accidentes,
La arquitecta Florencia Luna, directora del estudio Arquitectura Mola, se especializa en diseñar y reformar espacios pensando en el uso real, las experiencias diarias y las distintas etapas de la vida. “Mi enfoque se centra en escuchar atentamente las necesidades de cada persona para entenderlas y así crear diseños personalizados que reflejen su estilo de vida”, señaló.
La especialista subrayó que la cocina exige alcanzar objetos en altura, manipular elementos pesados y desplazarse sobre superficies donde puede haber agua o grasa, lo que la hace un lugar crítico para los adultos mayores. Además, a menudo carece de apoyos adecuados y su iluminación no está pensada para una visión que cambia con los años.
Cómo adaptar la cocina para que sea segura
Para prevenir caídas, la arquitecta recomendó asegurar una buena iluminación general que permita ver todo el espacio, complementada con luces puntuales en las zonas de trabajo. También destacó la importancia de organizar el mobiliario para reducir movimientos innecesarios y minimizar el riesgo de tropiezos.
En ese sentido, bajar la altura de algunas estanterías o priorizar cajones accesibles mejora la comodidad y evita que la persona tenga que agacharse o estirarse demasiado. Una buena opción es reemplazar los módulos bajos con puertas por cajones, para facilitar el acceso sin esfuerzo.
En las zonas de circulación, la clave está en mantener una iluminación clara y continua, además de eliminar alfombras sueltas o desniveles que puedan provocar caídas. Son intervenciones simples, pero que, según Luna, “permiten que la casa acompañe el paso del tiempo de una manera más amable y segura”.
También recomendó mantener los utensilios de uso diario al alcance, en estantes o cajones accesibles, y usar superficies antideslizantes, especialmente en la encimera y la zona de cocción. En esa línea fundamental, que la cocina tenga ventilación natural y un detector de humo para alertar ante emergencias, sobre todo si funciona con gas. Además, elegir electrodomésticos fáciles de usar contribuye a una experiencia más segura y autónoma.
Entre los errores más comunes al reformar para adultos mayores, la arquitecta mencionó pensar en soluciones extremas o espacios demasiado fríos que pueden generar rechazo y que el adulto no se sienta en su hogar. Además, alertó sobre priorizar la estética por encima de la funcionalidad, ya que materiales muy lisos pueden ser resbaladizos y mobiliarios con estilos específicos pueden no contemplar alturas y alcances adecuados.
