Como muchos otros productos en la era digital, los Squeezy Dumpling se volvieron tendencia en redes sociales y uno de los objetos más buscados por los chicos y chicas. En otras oportunidades fueron los Labubu, Sonny Angels y Sylvanian, pero en 2026 encabezan a lista estos pequeños juguetes chinos que simulan la forma de la tradicional comida oriental, y, como dice su denominación, se aprietan con la mano y recuperan su forma original rápidamente. Bajo la lógica algorítmica se multiplicaron y difundieron en videos de TikTok e Instagram, en miles de contenidos y publicaciones, recomendaciones de influencers, tutoriales, desafíos, generando una demanda que creció sin las advertencias sanitarias y de seguridad suficientes. Su atractivo reside en que son variados, vienen en formato sorpresa, conforman una serie coleccionable, y tienen un efecto antiestrés.
En medio de su escalada, el sistema de alertas de la Oficina para la Seguridad y los Estándares de los Productos (OPSS) del Reino Unido detectó en estos productos niveles de benceno cuatro veces superiores a los permitidos para público infantil. La advertencia identificó la peligrosidad en algunas lotes específicos distribuidas por Samsons Cash and Carry Ltd (Cardiff, Reino Unido) e iniciaron su retiro del mercado. No obstante dejan claro que cuando se trata de imitaciones o productos sin certificación, la falta de información del fabricante, el lote o el código de barras dificulta su identificación.
Según la autoridad británica, el producto presenta un grave riesgo químico debido a que la capa exterior contiene una concentración excesiva de benceno (20 mg/kg), sustancia clasificada por la Organización Mundial de la Salud, a través de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), como parte del Grupo 1, es decir cancerígena para humanos. Su exposición puede provocar, además, irritación de piel, ojos y vías respiratorias, mareos y otros efectos agudos. El texto del OPSS además agrega que “la exposición a grandes cantidades también puede provocar sensación de ardor en todo el tracto digestivo e irritación cutánea”.
La recomendación internacional para las familias y consumidores fue dejar de utilizar inmediatamente el producto, mantenerlo fuera del alcance de los niños y niñas, y devolverlo al establecimiento donde fue adquirido. La alerta fue incorporada al Safety Gate que es el sistema europeo de intercambio rápido de información sobre productos no alimentarios peligrosos, y generó la intervención directa de autoridades de distintos países que comenzaron a controlar la presencia de los productos en sus propios mercados.
La advertencia de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete
En nuestro país fue la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) quien se encargó de realizar un relevamiento propio y encontró que esos juguetes ya se comercializaban tanto en plataformas de comercio electrónico como en locales físicos distribuidos en distintos puntos del país. Tras conocer la advertencia internacional la entidad presentó un informe ante la Subsecretaría de Defensa del Consumidor, dependiente de la Secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa. “El Observatorio de la CAIJ detectó la alerta del Reino Unido a través del sistema Safety Gate y del organismo OPSS. A partir de esa información realizamos un relevamiento propio del mercado argentino y confirmamos que sí, hay unidades circulando. Las encontramos en plataformas de e-commerce y también en comercios físicos, con distribución en varios puntos del país ”, explicó Julio Benítez, gerente de Relaciones Institucionales y Comercio Exterior de la entidad.
La intervención del gobierno nacional resulta fundamental para garantizar la aplicación efectiva de las medida de seguridad en todo el territorio con el objetivo de evitar riesgos a la salud, especialmente en la infancia, a días de la celebración del Día del Niño. “Estamos en las vísperas del Día del Niño, que tendrá lugar el domingo 16 de agosto, por lo que le pedimos a cada padre y madre que, antes de comprar cualquier juguete, miren el envase”, remarcó el titular de la CAIJ.
Desde la Cámara insisten en que el problema no es el juguete como categoría, sino el ecosistema comercial que se genera alrededor de cualquier producto que alcanza una masividad repentina sin control ni supervisión. La economía digital tiene una característica conocida: cuando un artículo se vuelve viral, también se multiplican las copias que generalmente se consiguen a costos más bajos y en comercios informales. Y en esa dinámica, la velocidad del mercado suele superar la capacidad de control de los organismos públicos. “El problema no es la categoría de juguete en abstracto, sino partidas específicas y, sobre todo, las versiones sin marca o imitaciones que circulan sin ningún control. El riesgo está en productos que no pasaron por procesos de certificación. Cuando un juguete se vuelve viral aparecen muchas copias falsas y ahí es donde se pierde la trazabilidad”, manifiesta Benítez.
Ese punto resulta central para comprender el fenómeno internacional de la industria y el mercado que apunta a las infancias. Hoy un video en redes sociales con millones de reproducciones puede convertir en pocas horas un objeto desconocido en un producto súper demandado y normalizado por miles de familias. Mientras la demanda nace de los algoritmos que premian aquello que genera interacción, el circulo de la economía digital le otorga a lo masivo una aparente seguridad que nadie certifica. El problema es que esos algoritmos no distinguen entre un producto certificado y otro que ingresó sin controles. Para el consumidor, ambos aparecen en la misma pantalla, muchas veces con precios similares, fotografías idénticas y publicaciones que resultan prácticamente imposibles de distinguir.
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A esa dinámica se suma un problema doméstico: el achicamiento del Estado, las políticas de desregulación y la flexibilización de los mecanismos de importación. En los últimos años, el Gobierno Nacional impulsó una política de apertura comercial orientada a facilitar el ingreso de productos desde el exterior, con el objetivo de reducir costos y ampliar la oferta para los consumidores. Pero distintos sectores industriales vienen advirtiendo que esa simplificación indiscriminada no estuvo acompañada por sistemas de fiscalización capaces de controlar y garantizar que los productos cumplan con las normas de seguridad adecuadas. Con la importación de juguetes se pone a las infancias en un escenario de mayor vulnerabilidad frente a mercadería potencialmente peligrosa y sin certificación circulando en el mercado.
“La apertura comercial necesita ir acompañada de controles efectivos, porque hoy vemos que muchos de estos productos ingresan por canales como el courier o la modalidad puerta a puerta, que no tienen fiscalización, mientras que la importación formal sí la tiene en cierta medida, aunque la Aduana ya no controla certificados de seguridad. Desde la Cámara sostenemos que categorías sensibles como los juguetes deberían mantener controles acordes al riesgo que representan para la salud de los chicos”, subraya el gerente comercial.
La discusión, en ese sentido, trasciende el caso puntual de los Squeezy Dumpling y apunta a problematizar los perjuicios y peligros de una transformación más profunda del consumo contemporáneo. El mercado ya no funciona únicamente a partir de fabricantes, distribuidores y comercios tradicionales, sino que en el mismo ecosistema conviven importadores formales, plataformas digitales, ventas por redes sociales, envíos puerta a puerta y vendedores que operan sin estructuras comerciales transparentes. Esa fragmentación dificulta el seguimiento de los productos y la posibilidad de establecer responsabilidades cuando aparece un problema sanitario. Bajo este paradigma de apertura, que es parte del modelo anarco capitalista de Javier Milei, se vuelve mucho más compleja la tarea del Estado y las instituciones de fiscalizar qué productos llegan efectivamente a las manos de niños y niñas.
En este caso particular el riesgo es aún mayor ya que los Dumplings son objetos diseñados para permanecer durante largos períodos en contacto directo con las manos y la piel. “El benceno está asociado especialmente a la leucemia mieloide aguda y también puede provocar irritación de piel, ojos y vías respiratorias - advierte el referente de la Cámara del juguete- es un producto pensado para el contacto directo y prolongado, algo que en niños y niñas es aún más sensible por su desarrollo”.
Cómo saber si un juguete es seguro
Frente a ese escenario, la Cámara recomienda interrumpir el uso de cualquier producto cuya procedencia no pueda verificarse y prestar atención a tres elementos básicos antes de comprar un juguete. La ausencia de cualquiera de esos requisitos constituye una señal de alerta a tener en cuenta:
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que posea el marcado de conformidad argentino, identificable mediante el código QR con las siglas AR y las dos tildes
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que figuren claramente los datos del importador responsable (razón social, CUIT y domicilio)
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que las advertencias estén redactadas en castellano
Desde el organismo han difundido una serie de pautas a tener en cuentas para detectar la peligrosidad de un juguete:
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si pierde líquido o gel
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si fue retirado del mercado
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si tiene olor fuerte o irritante
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si está roto, perforado o sobrecalentado.
En cualquiera de esas situaciones, explican, existe un protocolo a seguir para descartar el juguete de forma segura y evitando riesgos: retirar el juguete del alcance de niños o mascotas; colocarlo entero en una bolsa resistente y cerrarla; colocarlo en una segunda bolsa; si pierde líquido usar guantes y limpiar con papel y material descartable; ventilar el ambiente y lavar bien las manos.
