Quienes pasan caminando por la calle Carlos Calvo al 300, en el barrio porteño de San Telmo, pueden ver la Antigua Tasca de Cuchilleros y creer que se trata de un restaurante más. Sin embargo, están frente a una de las escapadas históricas más increíbles dentro de la Ciudad y no lo saben.
Detrás de las paredes centenarias de esta antigua taberna se esconde uno de los edificios coloniales mejor conservados de Buenos Aires, que ofrece la posibilidad de hacer un viaje al pasado. Es una construcción levantada en 1730 aproximadamente, cuando la ciudad todavía dependía del Virreinato del Perú y faltaban décadas para la creación del Virreinato del Río de la Plata.
Hoy este lugar combina gastronomía con historia. Además de funcionar como restaurante, alberga un museo donde pueden recorrerse antiguos túneles y restos arqueológicos de la época colonial. Es uno de los escasos ejemplos de la arquitectura doméstica colonial que lograron sobrevivir al crecimiento urbano de Buenos Aires. Aunque sufrió modificaciones con el paso del tiempo, conserva gran parte de sus características originales.
La joya colonial que sobrevivió casi tres siglos
La habitación ubicada al frente de la vivienda es la que mantiene la estructura original del siglo XVIII. Sus paredes gruesas fueron construidas con ladrillos cocidos, unidos mediante barro y paja, una técnica habitual en la arquitectura colonial.
Los techos, sostenidos por robustos tirantes de quebracho y palmera, conservan ladrillos originales. La fachada permanece encalada, tal como era costumbre en aquella época, una ventana tiene un arco escarzano y rejas de hierro, el techo es de tejas a dos aguas y tiene un tradicional patio interior, como la mayoría de las casonas porteñas antiguas.
El mayor atractivo, sin embargo, aparece bajo tierra. Allí pueden verse túneles y vestigios arqueológicos que permiten conocer cómo era la vida cotidiana en la Buenos Aires colonial. Según distintas investigaciones, algunos de esos pasadizos habrían sido utilizados para el contrabando.
La trágica historia de Margarita Oliden
La vivienda también está rodeada por una de las leyendas porteñas más antiguas. Durante la primera mitad del siglo XIX habría vivido allí Margarita Oliden, una joven cuyo padre la comprometió en matrimonio con Ciriaco Cuitiño, el jefe de la temida Mazorca, la fuerza policial del gobernador Juan Manuel de Rosas.
En cambio, Margarita estaba enamorada del payador Juan de la Cruz Cuello. Según se cuenta, los dos se escaparon utilizando uno de los túneles que conectaba la casa con la antigua iglesia de Nuestra Señora de Belén. La fuga terminó de manera dramática: fueron perseguidos hasta Luján y la joven recibió un disparo que le provocó la muerte poco después de ser trasladada nuevamente a su hogar.
