Entre los diferentes barrios de la ciudad de Buenos Aires, hay un barrio que se destaca por su pasado asociado al ferrocarril, las casas bajas y tener el santuario porteño de San Cayetano más importante: Liniers.
El barrio, de la comuna 9 de la ciudad porteña, cuenta con más de 40.000 habitantes y se encuentra en el oeste del territorio porteño. El sitio lleva su nombre en homenaje a Santiago de Liniers, militar que tuvo un papel importante en la reconquista de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas.
Como la mayor parte de los barrios del oeste, Liniers nació de la mano del ferrocarril, en enero de 1872, cuando se instaló una estación en una zona que era casi campo. El 18 de diciembre de ese año, la misma recibió el nombre de Linier, aunque comenzó a prestar servicios recién en noviembre de 1887. El tren no solo llevó al crecimiento y desarrollo del barrio a principios del siglo XX, sino también a que abran mataderos y crezca la población en los alrededores.
Así es hoy Liniers: el barrio porteño con una larga historia
Actualmente, el barrio de Liniers funciona como uno de los principales puntos de conexión entre la capital y el oeste del Gran Buenos Aires debido a que en torno a la avenida Rivadavia cuenta con la estación del Ferrocarril Sarmiento, que se posiciona como un centro de transbordo de pasajeros por el que circulan decenas de miles de personas a diario. La zona cuenta con los típicos locales de barrio, galerías y las típicas casas bajas residenciales.
Cómo nació el Santuario de San Cayetano en Liniers: la historia detrás del santuario
El Santuario de San Cayetano en Liniers (Cuzco 150) es uno de los centros de peregrinación más importantes de la ciudad de Buenos Aires y de todo el país. Funciona como punto de peregrinación cada 7 de agosto, el día en que se conmemora al santo y se le pide o agradece por pan, trabajo y dignidad. El santuario realiza actividades especiales para conmemorarlo y celebrarlo.
El santuario comenzó siendo una pequeña capilla que fue inaugurada el 30 de septiembre de 1875 por las Hermanas Hijas del Divino Salvador. En el lugar también se creó un colegio dedicado al santo en lo que en ese entonces era una zona más rural. A medida que el barrio creció, se consolidó como punto de conexión entre la ciudad y el oeste del conurbano bonaerense.
Sin embargo, su verdadero crecimiento se dio en la década de 1930 durante la crisis económica. El contexto marcado por el desempleo y la incertidumbre laboral llevó a que el padre Domingo Falgioni impulsara la veneración al santo como patrono del pan y del trabajo. Así, la imagen de San Cayetano se impuso como patrono de quienes buscan conseguir empleo, pagar deudas, llegar a fin de mes y encontrar alivio o un poco de seguridad en medio de la incertidumbre social y laboral.
