Creó un café inspirado en las recetas de su abuela e ir a su local es como viajar en el tiempo: Casa Pina, el lugar que te hace volver a la infancia

Café Pina materializa lo que es la conexión de una nieta con su abuela y ofrece un ambiente cálido para disfrutar pastafrolas, scones dulces y hasta titas caseras. 

20 de febrero, 2026 | 06.00

Una historia que nació en Italia y encontró su lugar en Buenos Aires. Una abuela, su nieta y la conexión que se forma en una cocina y se extiende en la hora del té. Esa es la inspiración de Casa Pina, un café de Palermo que, a través de recetas tradicionales y un ambiente cálido, invita a sentirse parte de esa mesa familiar.

Melina Canfora viajaba por Italia con una idea que la acompañaba en todo momento: abrir su propio café. Si bien siempre estuvo presente, nunca había sido tan insistente. Durante largas horas de tren para recorrer el país, armó el boceto de lo que más tarde sería el local. “Cuando estuve en España me bajó toda la información”, contó, entre entusiasmo y nostalgia, sobre el momento en que decidió hacer realidad su sueño. “Quería algo que se relacione con mi historia, y así surgió Casa Pina”, comentó.

Josefina Ferraro, Pina para los conocidos, es la protagonista e inspiración del proyecto. Nacida en Satriano, un pueblo de la región de Calabria, Italia, emigró a la Argentina a los 9 años para comenzar una nueva vida. Se dedicó de manera ininterrumpida al corte y la confección durante más de 45 años, aunque la cocina fue una presencia constante en su vida, más allá de la rutina. Preparando la comida para sus hermanos, fue desarrollando un don de sabores con identidad propia. Así lo cuenta su nieta, que decidió homenajearla a través de este espacio.

Al crear Casa Pina, Melina quiso sorprender a su abuela. “Un día fui a visitarla y le regalé un delantal con el logo del café, que es una silueta de ella misma. Al principio no entendía mucho, pero después estaba súper contenta”, recordó la fundadora.

 

Las recetas de la nonna

Los clásicos de Pina son el alma de la carta: la aclamada pastafrola, el scon dulce y la tita casera. También está presente el tiramisú, un infaltable italiano: “Me costó mucho llegar al punto justo, pero lo logré–aseguró Melina y agregó–. Ella usa un licor especial, tuve que conseguirlo para trasladar la preparación y que saliera igual”.

La tradición italiana también atraviesa la esencia de Casa Pina con las pizzellas o pizzelles, una galleta dulce típica que no figura en la carta, sino que se sirven de regalo. Un dato que pocos conocen es que los prepara la propia Pina, hoy con 86 años, desde su casa. “A ella le encanta cocinar para el café”, dijo Melina y contó que, aunque en un principio pensaron en venderlas, descartaron la idea. “Muchos clientes las quieren comprar, pero la intención es que mi nonna no se pase el día cocinando”, explicó entre risas.

Pina incluso mostró cómo se hacen las pizzellas en las redes sociales del local y, como toda abuela enseñando recetas, aclaró que no hay medidas exactas, sino que hay que entender la masa. “Sé que no me van a salir tan bien como a ella, que tiene años de práctica”, admitió Melina ante la idea de hacerlos con el staff.

 

La casa de todas las abuelas

 

En cada rincón y aroma, el café conserva el legado de una nonna italiana. Los platos con diseños antiguos y los juegos de té transportan a cada visitante a otra época. Los VHS en la pared, un abanico viejo, un tablero de ajedrez y los floreros ayudan a reconstruir los recuerdos de infancia de Melina. “Casi todo lo saqué de la casa de mi abuela o de mis papas, pero después amigas y clientes me fueron dando más cosas”, reconstruyó la dueña.

Todos estos detalles refuerzan la idea que dio vida a este proyecto: que quien entre al café vuelva, aunque sea por un rato, a la casa de su abuela y conecte con su propia niñez.

El café del barrio y sus regulares

Como todo clásico, el café tiene sus habitués. Melina aseguró que siempre piden lo mismo y disfrutan del cálido ambiente de la esquina de Palermo. También, la dueña confió un secreto: algunos de ellos acceden a algunas porciones adicionales de pizzellas de la nonna.

Pina también es una regular del café. Aunque no vive cerca, siempre que tiene la oportunidad se acerca acompañada a disfrutar de sus sabores recreados por el equipo de Melina y a revivir parte de su vida. Entre la decoración y algunos juegos de mesa aparece otra de sus creaciones: un libro de corte y confección que armó junto a un sastre para dar clases. Como tenía ejemplares guardados, a su nieta se le ocurrió ponerlos a la venta y sumarlos a la experiencia.

“Yo soy un poco dura para la cocina”, confesó Melina entre risas pero, según afirmó, lo intentó. En su infancia pasaba los veranos enteros en la costa con sus dos abuelos, Pina y César. Entre la rutina de ir al mar y refrescarse, también pasaban una cuota de su tiempo en la cocina. “Hacíamos mucho dulce de tomate juntas”, recordó con nostalgia y comentó que en su antigua casa había huerta con ciruelas, limones y frutas de todo tipo.

 

Poco a poco, armó su equipo en Casa Pina y, entre todos, fueron ajustando las preparaciones para que sean lo más parecidas a las de la nonna. Melina también explicó: “intenté que estuvieran presentes esas recetas que uno comía cuando iba a lo de su abuela”. En mayo de 2024 lograron abrir el café en Charcas 4599, que hoy día abre de lunes a viernes de 8 a 20 hs, los martes de 9 a 15 hs y fines de semana y feriados de 9 a 20 hs.

En sus redes, sostienen que su objetivo es “honrar a nuestros abuelos y que, al ingresar, puedas viajar tiempo atrás para experimentar la sensación de hogar, comida casera y música de ese momento”. Sus clientes coinciden en que todo esto ocurre. En Casa Pina confluyen los recuerdos, las tradiciones italianas y, sobre todo, la historia de cada persona que la visita.