El malestar emocional de los argentinos quedó documentado con números preocupantes. El Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 publicó su informe de felicidad y bienestar psicosocial correspondiente al primer semestre de 2026, y el panorama que emerge es el más sombrío desde que comenzaron las mediciones hace ocho años. Solo el 46,8% de los encuestados manifestó sentirse feliz con su vida, un valor que cayó por tercer año consecutivo y marca el piso histórico de la serie iniciada en 2018, cuando ese guarismo era del 58,9%.
La tendencia descendente no es nueva, pero se profundiza. Desde el pico de 62,2% registrado en 2020, la satisfacción vital de los argentinos no hizo más que erosionarse, con algunas recuperaciones parciales que no lograron revertir la dirección general. La caída de 1,5 puntos respecto de la última medición —realizada en el cuarto trimestre de 2025— puede parecer marginal en términos absolutos, pero consolida una trayectoria que preocupa a los especialistas en bienestar poblacional.
El retroceso se observa principalmente entre los varones y afecta a prácticamente todos los grupos etarios. La única excepción es la franja de 40 a 49 años, que registró un leve incremento, del 47% al 49,6%. En el resto de los grupos de edad, los niveles de felicidad se ubican entre los más bajos de toda la serie.
La brecha por nivel educativo es uno de los datos más llamativos del informe. Mientras que las personas con estudios secundarios y de posgrado mostraron una mejora en su percepción de felicidad, quienes tienen nivel educativo primario sufrieron el derrumbe más severo: solo el 20% afirmó sentirse feliz, lo que representa una caída de casi el 50% respecto de la medición anterior. Esta disparidad sugiere que el deterioro emocional impacta con mucha mayor fuerza en los sectores más vulnerables de la población.
El burnout escala casi 4 puntos
El agotamiento crónico vinculado al trabajo también empeoró. El 23,8% de los encuestados presentó síntomas de burnout, lo que representa un incremento del 3,9% respecto de 2025. El aumento se registra tanto en hombres como en mujeres —4,4% y 3,6% respectivamente— y en todos los grupos etarios, con especial intensidad en la franja de 40 a 49 años, donde el 28,3% manifestó síntomas de agotamiento mental o estrés laboral crónico.
Al igual que con la felicidad, el nivel educativo marca diferencias significativas. Las personas con menor nivel de instrucción concentran los índices más altos de burnout: el 31,7% en quienes tienen estudios primarios y el 25,2% en quienes cursaron el secundario. El dato decrece a medida que sube el nivel educativo, lo que refuerza la hipótesis de que las condiciones laborales y la falta de recursos simbólicos para procesar el estrés golpean más fuerte en los sectores de menores ingresos.
Casi la mitad de los argentinos se siente angustiada
El informe también midió el malestar emocional a través del cuestionario PHQ-4, un instrumento clínico ampliamente utilizado a nivel internacional. Los resultados son contundentes: el 46,8% de los encuestados manifestó sentirse nervioso, angustiado o muy tenso varios días de la semana. El 36,5% señaló dificultades para controlar sus preocupaciones, el 33,7% reportó poco interés o placer en sus actividades cotidianas, y el 31% afirmó sentirse triste, deprimido o sin esperanzas durante varios días de la semana.
Los investigadores del Observatorio de Siglo 21 advierten que estos resultados refuerzan la necesidad de desarrollar políticas públicas orientadas a fortalecer el acceso a la salud mental y de impulsar estrategias coordinadas entre los sectores público y privado para promover el bienestar de la población. La acumulación de tres años consecutivos de caída en los niveles de felicidad, sumada al aumento sostenido del burnout y la extensión de los síntomas de ansiedad y depresión, dibuja un retrato social que difícilmente pueda ignorarse a la hora de evaluar el impacto real de las políticas económicas sobre la vida cotidiana de los argentinos.
