Este castillo europeo en Córdoba parece sacado de otro siglo, enamora a turistas pero pocos saben dónde queda

A los pies del Cerro Uritorco, se esconde un complejo único: un castillo de estilo español construido a principios del siglo XX, que combina historia, misticismo y cultura en un mismo predio. Un destino que sorprende a quien lo descubre.

28 de enero, 2026 | 07.00

En las sierras de Córdoba, más precisamente en el Valle de Punilla, existe un rincón que desafía el tiempo y la geografía. A los pies del mítico Cerro Uritorco, en la localidad de Capilla del Monte, se alza Pueblo Encanto, un complejo de casi 16 hectáreas donde un auténtico castillo de estilo español parece haber sido transplantado desde la Península Ibérica.

Este lugar, que comenzó a construirse a fines del siglo XIX y se terminó alrededor de 1927, nació con un propósito singular: ser la posible sede de exilio del Rey Alfonso XIII de España y en sus inicios, albergó reuniones masónicas. Hoy, se erige como un atractivo turístico único que combina historia, arquitectura, misticismo y cultura en un mismo entorno rodeado por el río Calabalumba.

El corazón y la imagen más impactante del predio es el Castillo Mudéjar. Este estilo arquitectónico, que refleja la máxima influencia mora en España, domina el paisaje con sus muros de piedra, escalinatas, arcadas y vitrales. Al acercarse, entre árboles añosos, la sensación es la de retroceder varios siglos. Una fuente decorada con coloridas mayólicas y una imagen inspirada en Goya completan la escena, creando la ilusión de un pedazo de España firmemente arraigado en la tierra cordobesa.

El interior y los patios, donde la luz filtra por los vitrales y las cerámicas decoran los muros, confirman que este es un lugar donde cada rincón cuenta una historia.

Un complejo con múltiples almas: del misticismo a la música

Pero Pueblo Encanto es mucho más que el castillo. El predio alberga otras atracciones que lo convierten en un destino multifacético. Para los buscadores de experiencias esotéricas y de conexión espiritual, se encuentra el Pucará del Uritorco, considerado el laberinto de cuarzo más grande del mundo. Ubicado en un lugar sagrado para las tribus comechingonas, es un espacio donde hoy se realizan terapias holísticas, meditaciones frente a una pirámide o la imagen de un Buda, y sesiones de Reiki guiadas por maestros.

En un registro completamente distinto, pero igualmente fascinante, se alza el Anfiteatro Sebastián Alejandro. Se trata del sueño materializado de un poeta: un coliseo al aire libre con capacidad para más de 5.000 personas, cuyo escenario tiene la forma única de una guitarra de más de 40 metros de largo.

Por sus tablas han pasado figuras legendarias de la música argentina como Horacio Guaraní, Los Cantores del Alba y Eduardo Falú, consolidándolo como un emblema cultural de la región.

Alojamiento con historia y detalles de otra época

Para quienes deseen extender su visita y sumergirse por completo en la atmósfera del lugar, Pueblo Encanto ofrece Las Cabañas del Quijote. Estas construcciones, separadas por portones de hierro artísticos, mantienen una decoración fiel a la época, con azulejos sevillanos inspirados en el estilo “Menzaque Rodriguez”. Fieles a la idea original de preparar el lugar para un rey, las cabañas conservan terminaciones de época, aunque con toques modernos como una pileta con vista a las sierras, añadida en una restauración en 2003.

En un gesto deliberado por fomentar la desconexión, los dueños optaron por no incluir televisores, invitando a los huéspedes a disfrutar de la paz y la naturaleza que rodea el complejo.

Con esta combinación casi surrealista de elementos, Pueblo Encanto se consolida como un destino imperdible y diferente dentro de la oferta turística de Córdoba. Atrae por igual a jubilados en busca de tranquilidad, familias curiosas, amantes de la historia y viajeros en busca de energías especiales. No es un lugar que se visite con prisa; exige recorrerse con calma, permitiendo que cada uno de sus jardines, senderos y rincones históricos revele su propia magia. Es, en definitiva, la prueba de que en las sierras argentinas aún existen secretos capaces de transportar a otros mundos y a otras épocas.