La memoria en la era de la Inteligencia Artificial

A 50 años del golpe, la irrupción de la inteligencia artificial abre un nuevo frente en la disputa por la memoria: entre la innovación tecnológica que permite reconstruir, visibilizar y agilizar la búsqueda de los nietos apropiados, y los riesgos de sesgos, desinformación y manipulación en un contexto atravesado por discursos negacionistas.

23 de marzo, 2026 | 00.05

El aniversario número 50 de la dictadura cívico-militar se conmemora en un momento políticamente complejo de la Argentina, en el marco de un gobierno nacional abiertamente negacionista que se plantea reordenar los discursos hegemónicos y desjerarquizar las políticas vigentes, y en un mundo convulsionado por la irrupción vertiginosa de nuevas plataformas, tecnologías de la comunicación y dispositivos socioculturales que intervienen en la construcción de sentido.

Es ahí que aparece la Inteligencia Artificial (IA), ya no exclusivamente como herramienta de procesamiento rápido de datos, sino para intervenir en un terreno mucho más sensible y netamente político: el de la memoria y la representación

Mientras atendemos las advertencias de especialistas e investigadores sobre el posible impacto cognitivo y emocional del uso sin criterio ni noción de riesgos, en el campo judicial y de los derechos humanos (DD.HH.) la IA introduce una dimensión nueva que, de alguna manera, colabora con la tradición argentina de Memoria, Verdad y Justicia y acompaña la lucha, inclaudicable y nunca cerrada, de los organismos y la ciudadanía por mantener vivo el legado de los 30 mil desaparecidos y sus familiares. 

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Si durante décadas el principal trabajo en materia de DD.HH. estuvo centrado en la búsqueda de justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y la reconstrucción de lo que efectivamente ocurrió a través de testimonios, archivos, documentos y pruebas, las nuevas experiencias permiten trabajar sobre otros planos simbólicos y romper barreras posibles. Además de ordenar documentos y acelerar investigaciones, lo que suman es la posibilidad de producir imágenes y elementos allí donde el terrorismo de Estado se propuso la ausencia

En el medio, sobrevuela una pregunta común: cómo sostener la memoria activa a lo largo del tiempo cuando cambian las condiciones socioculturales, económicas y tecnológicas, sabiendo además que la forma en que se evoca el pasado, el sentido y el contenido que a éste se le asigna, responde en general a las características y complejidades del presente político. En este punto, conviene detenerse y analizar algunas de las iniciativas concretas que hoy están operando en este cruce entre inteligencia artificial y derechos humanos en Argentina, porque permiten ver la heterogeneidad del fenómeno y también sus distintas capas de sentido. 
IA para ponerle cara a algo que uno imaginó toda su vida

Un ejemplo de ello es lo que se propuso hacer Santiago Barros, publicista, director de arte y familiar de una persona desaparecida. Desde una posición artística y lúdica puso las herramientas tecnológicas que usa cotidianamente al servicio de la memoria y creó una aplicación de IA que busca reconstruir, de manera aproximada, los rostros adultos de los nietos y nietas apropiados ilegalmente durante la última dictadura con la intención de contribuir a la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo. A partir de la combinación de fotos en blanco y negro de los padres desaparecidos, extraídas del portal oficial del organismo, la IA ilustra cuatro posibles rostros y se van armando los perfiles identitarios, ordenados por año de robo, y son difundidos en la cuenta de Instagram @iabuelas.

“Me propuse generar un impacto en la sociedad y en aquellas personas que no estaban al tanto de lo que pasó, o de que todavía hay 400 personas que no conocen su identidad y que fueron apropiadas siendo niños, bebés o estando directamente sus madres embarazadas -explica el artista- sobre todo en aquellos jóvenes que se iban a sentir atraídos primero por la inteligencia artificial y que eso iba a hacer que le prestaran atención a la historia detrás de lo que estaban viendo".

Si bien las imágenes no tienen valor probatorio o judicial, ni pretenden reemplazar los métodos científicos y protocolos desarrollados por los organismos, cumplen otra función: que alguien se reconozca o reconozca a otro. Funcionan como dispositivos de visibilización del presente, gestos de vitalidad, una posibilidad latente de apertura de un pasado que desde muchos sectores pretenden dar por cerrado. El modelo apunta a activar y fortalecer la construcción social de la memoria colectiva como dimensión conflictiva y dinámica.

“En el momento en el que surgió la cuenta, se contactaron conmigo familiares de nietos apropiados o desaparecidos, y la mayoría me dijeron que se habían emocionado, impactado, que era muy fuerte ponerle cara a algo que uno imaginó toda su vida -rememora Barros-. Y mi reunión con abuelas, más allá de que hubo un impacto inicial porque yo lancé la cuenta y luego me reuní, fue muy linda y ahí me dieron su aprobación para que el proyecto pudiera avanzar como un ejercicio artístico, pero también de difusión".

IA para acelerar procesos de búsqueda 

Por otro lado, comienzan a sistematizarse experiencias más institucionales que piensan la IA en términos operativos o administrativos. A principios de 2025, Abuelas de Plaza de Mayo firmó un convenio de colaboración con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la empresa tecnológica argentina Quantit, para orientar la investigación y el uso de IA en la búsqueda de los nietos y nietas.

La tarea principal de la herramienta es el procesamiento de archivos para agilizar y potenciar procesos que hasta ahora eran manuales y lentos, la digitalización para poder aplicar algoritmos avanzados, el análisis de datos judiciales y la generación de sistemas que permitan hacer más accesible la información histórica. En estos casos, la IA se acerca más a su uso clásico: ordenar, clasificar, conectar grandes volúmenes de datos. La extracción automatizada va a permitir cruzar información para identificar posibles coincidencias o patrones, agrupar cientos de archivos por temática, familia o por línea de tiempo, e identificar casos prioritarios que requieran mayor atención, facilitando el trabajo de Abuelas.

Es central, en este sentido, la tarea de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA; es decir la importancia del rol del Estado y la ciencia pública que garantizan un enfoque interdisciplinario en la aplicación de la IA, donde confluyen conocimientos de ciencia de datos, informática, derecho, historia y genética. Además la fortaleza del armado integral implica una estructura y capacidad instaladas que las próximas generaciones podrán usar como herramientas para mantener la memoria viva.

Otras formas más tradicionales de uso de la IA en políticas de derechos humanos son el análisis de archivos históricos como documentos desclasificados, legajos de organismos de seguridad, expedientes de la CONADEP, recortes periodísticos y registros de la época. La IA permite procesar y analizar enormes volúmenes de información histórica de forma rápida; y organizar causas judiciales cuya complejidad logística y documental es enorme por la cantidad y variedad de testimonios, pruebas documentales, peritajes y resoluciones que pueden sumar miles de páginas por cada causa. 

Lo interesante de estas experiencias es que pueden leerse de dos maneras: por un lado, como un signo de vitalidad donde la memoria encuentra nuevas formas de decirse, de circular, y de interpelar a nuevas generaciones; y por otro, como un síntoma de época, cuando las estructuras institucionales y las políticas públicas se debilitan, la memoria viva busca otros espacios e instituciones para sostenerse.

Riesgos y dilemas de aplicar la IA para la construcción de memoria

Hay algo importante a destacar y sobre todo cuando se trata del uso de estas tecnologías en materia de derechos humanos: la IA no puede reemplazar el criterio humano, la palabra de las víctimas del terrorismo, el trabajo científico o los métodos probados de identificación. En ese sentido, las herramientas son solo asistencia técnica, no es una entidad humana y mucho menos un dios neutral, y la última palabra la seguirá teniendo la prueba genética que es la base de cada restitución de identidad hasta ahora.

Tomás Pérez Vizzon, es licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires) y periodista especializado en cultura digital. Al respecto analiza que se puede pensar a la inteligencia artificial como una nueva capa de la relación entre tecnología e innovación y los procesos de Memoria, Verdad y Justicia: “Pienso en el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) o los avances en genética que impulsaron las Abuelas de Plaza de Mayo, o sea, ya la tecnología se estaba usando para ese campo. Y la IA se puede utilizar para investigación, análisis, reconstrucción del pasado”. 

Lo más interesante, plantea el periodista, “podría ser las nuevas formas de narrar la memoria con visualizaciones o reconstrucciones audiovisuales para interpelar a nuevas generaciones”. Es que los jóvenes particularmente han crecido en medio de un contexto que los distancia del ejercicio de memoria colectiva: el avance y circulación de discursos negacionistas, sobre todo en plataformas digitales; un proceso sostenido de erosión de la bases de la convivencia democrática y el desdibujamiento del sujeto político; la ruptura y redefinición de lazos y vínculos sociales; y la instalación de un paradigma de anclaje simbólico basado en la experiencia autobiográfica y la propia evidencia exclusivamente. Como explica Eric Sadin, en su libro 'La Inteligencia artificial  o el desafío del siglo', hoy presenciamos la emergencia de un nuevo régimen de verdad: "La verdad se define a partir de uno mismo según sus propias creencias y tropismos".

Lejos de ser un tema menor, esa capacidad de construcción de verdades es profundamente política y pone en evidencia que la memoria no es sólo acumulación de pruebas, sino también producción de sentidos y conciencia. Esto abre una pregunta incómoda y un debate necesario: ¿Qué tipo de memoria se construye cuando las imágenes y relatos del pasado son mediadas por tecnologías que también llevan incorporados sus propios sesgos ideológicos y culturales? Por eso, el uso también tiene sus contras, sus desafíos y  limitaciones éticas.

Entre esos riesgos se encuentran, por ejemplo, la desinformación y la simplificación de los discursos cuya consecuencia es la erosión de los consensos básicos hoy alimentada por discursos negacionistas. “Hay problemas de todo tipo porque estas plataformas no son neutrales, tienen una ilusión de objetividad que no es tal -advierte Vizzon-. Los sesgos, que ya existen en los estudios actuales, son reproducidos o amplificados por la inteligencia artificial. Entonces, en ese sentido, van a ser clave los datos con los que se trabaja”. Con esa perspectiva resalta propuestas y proyectos alternativos como el de Latam-GPT una inteligencia artificial “promovida por universidades y por espacios públicos de Latinoamérica que busca ser una contracorriente de los LLMs (Large Language Models) o sea, de las inteligencias artificiales generativas de Silicon Valley”. Paralelamente sostiene el rol central que deben cumplir el Estado, las universidades y los organismos de derechos humanos como “supervisores, veedores reguladores, garantes de marcos regulatorios y financiamiento".

Si bien la inteligencia artificial no inaugura una etapa completamente nueva, podemos decir que sí profundiza una tradición argentina de articulación entre ciencia y derechos humanos en un contexto distinto, donde ya no se trata solo de producir verdad frente a la impunidad, sino de sostener esa verdad frente al cuestionamiento desde espacios de poder.

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Fabiana Solano

Soy Socióloga (UBA) y periodista (ETER). Intento correrme de la agenda vertiginosa para profundizar en la realidad social, la cultura y la política. Como socióloga he estudiado y escrito sobre temas como la desigualdad social, la pobreza, la exclusión y la discriminación. En la actualidad me dedico mayormente a estudiar el fenómeno de tecnologías de comunicacion, plataformas, redes sociales y sus efectos sobre la subjetividad. Como periodista he trabajado y colaborado en varios medios de comunicación como Cítrica, Kamchatka, FM La Patriada, AM530, Tv Pública y El Destape.