El fin de semana, Patricia Bullrich ya sabía que su decisión iba a generar revuelo. No se lo tomó de forma dramática, más bien todo lo contrario. Pero ella entendía que no podía actuar en contra de sus convicciones. Por eso, decidió llamar y avisarle su posición a Javier Milei: la senadora no va a avalar el retiro del pliego de la jueza Verónica Michelli. Una decisión que la lleva a no seguir el “poroteo” ni trabajar para conseguir los votos que cumplan con el capricho presidencial. Pero tampoco, aseguran, está dispuesta a hacer lo contrario y cometer la deslealtad de concentrar esfuerzos en contra de los deseos de la Casa Rosada.
La conversación con Milei fue cordial, de corte filosófico. Él, sostienen, entendió la posición de la ex ministra que, como publicó El Destape, le recordó al jefe de Estado que está en sus manos la decisión de correrla de su rol político de jefa de bloque, observación a la que el mandatario no le dio importancia. Alguien de su entorno aseguró que “es de persona de bien presentar la renuncia”, pero en el bullrichismo sostienen que ese no fue el centro de la conversación, ni su eje, ni una extorsión de su parte. Como si hubiera sido solo un comentario al pasar. Incluso, “después con el presidente siguieron hablando de otros temas”. De todos modos, la dirigenta sabe que ocupa un lugar que mañana puede dejar de ocupar.
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El escándalo estalló con la senadora en Mendoza, donde participó de la Conferencia Internacional White Hats 2026: Ciberseguridad y prevención de delitos digitales, preparando el terreno a nivel global para megaeventos. Desde allí, remarcó ante la prensa local que va "a pelear por la reelección del presidente Milei” y confirmó que le sugirió la disposición de su renuncia, pero que el jefe de Estado no le dio relevancia. “No hay interna. Hay una divergencia en el seno de una fuerza política amplia”, dijo para disipar fantasmas.
En su tuit incendiario, Bullrich usó el término “objeción de conciencia” para dejar en claro que la decisión de desobedecer a la Casa Rosada fue estrictamente personal. Ella no estaba dispuesta a votar en contra de una postura que, dice, construyó durante muchos años. Por eso echó mano del término “conciencia”. Cuentan que no habló, en la previa, con los aliados que más tarde salieron públicamente a plegarse a su posición, como Carolina Losada de la UCR y Martín Goerling del PRO. No fue, según esta versión, una rebelión planificada ni una especulación electoral, sino una cuestión individual. Pero también la necesidad de poner un límite ante situaciones muy perjudiciales. Sobre todo porque fue el propio gobierno el que difundió el argumento de que el pliego de la jueza Michelli debía quedar en la nada solo por ser cuñada de un periodista.
Patricia, dicen, no le tiene miedo a Karina. Como tampoco le tuvo miedo al aparato de campaña de Horacio Rodríguez Larreta. A días de cumplir 70 años, siente que no tiene nada que perder y se da el lujo de jugar al límite. Ella avanza, en general, con conocimiento de las consecuencias. Pero también va semana a semana. Hasta el cierre de esta nota, no había recibido ningún mensaje de la hermana del Presidente.
Más allá de eso, lo cierto es que los movimientos de Bullrich parecen apuntar a atraer o contener el voto republicano que supo referenciarse en Juntos por el Cambio y que migró su apoyo a La Libertad Avanza en 2023. Una estrategia que puede beneficiar a Javier Milei o que puede aprovechar Bullrich en soledad, aunque sostienen que ella no apunta a “cortarse sola”. Según datos de la consultora Casa Tres, el 63% de quienes votaron al espacio violeta hoy siente esperanza; un número que se reduce entre los electores de la exministra al 35%. De ese universo, el 40% experimenta incertidumbre o desilusión.
Bullrich está en campaña, pero no lo está. Su equipo es reducido y, otra vez, con recursos limitados. Tanto en su entorno como en el de Mauricio Macri rechazan las versiones que indican, una y otra vez, que ambos mantuvieron contactos o conversaciones para allanarle el camino a una alternativa a Javier Milei que pueda sostener el modelo. Hace bastante que no se ven, dice una fuente. La última vez en público fue en la cena de la Fundación Libertad.
