La industria textil en Corrientes atraviesa uno de sus momentos de mayor caída en años, con un escenario marcado por la crisis económica a nivel nacional y la caída de la producción, la pérdida de puestos de trabajo y la creciente incertidumbre en localidades donde estas fábricas son el principal sostén económico. En ese contexto, distintos sectores advierten sobre la falta de medidas por parte del Gobierno provincial, Gustavo Valdés, para amortiguar el impacto de la crisis.
Corrientes cuenta con al menos seis plantas textiles que cumplen un rol central en el entramado productivo y social de la provincia. No se trata solo de actividad industrial, sino que en muchas localidades estas fábricas son el principal motor del empleo y del consumo. El caso de Monte Caseros es uno de los más representativos.
Con cerca de 25 mil habitantes, la ciudad depende en gran medida de la actividad textil. Allí, la posibilidad de despidos masivos genera una alarma concreta. "Que repentinamente haya 300 despedidos afectaría a toda la comunidad", señalaron desde el sector a medios locales este lunes ante el posible cierre de fábricas, lo que dejó en claro que el impacto no sería solo laboral, sino también social y económico.
Producción en caída y actividad paralizada
El deterioro productivo es evidente. A nivel nacional, el sector textil registró una caída superior al 22% interanual en febrero de 2026, una cifra que refleja la magnitud del retroceso. Ese contexto repercute directamente en Corrientes, donde las plantas trabajan muy por debajo de su capacidad. En algunos casos, la producción se redujo a la mitad; en otros, la actividad es mínima o intermitente.
La baja utilización de la capacidad instalada es uno de los indicadores más preocupantes: fábricas con maquinaria detenida, turnos reducidos y menor demanda. Este freno productivo impacta de lleno en la estabilidad laboral, ya que el empleo es el punto más sensible de la crisis.
A nivel nacional, el sector ya perdió más de 20.000 puestos de trabajo desde fines de 2023, una tendencia que también alcanza a Corrientes. En la provincia, el temor a nuevos despidos crece a medida que se profundiza la caída de la actividad ya que cada reducción de personal no solo afecta a los trabajadores, sino que golpea a economías locales enteras, donde las alternativas laborales son escasas.
La situación genera un efecto dominó: menos empleo implica menor consumo, lo que a su vez agrava la crisis en otros sectores vinculados.
Importaciones y presión sobre la industria local
Otro de los factores que agravan el panorama es el aumento de importaciones textiles a precios muy bajos. Más del 70% de los productos que ingresan al país lo hacen con valores considerados “llamativamente bajos”, lo que genera una competencia desigual.
Las empresas locales enfrentan dificultades para sostener sus costos frente a productos importados que, en muchos casos, ni siquiera reflejan el valor real de producción. Esta situación presiona aún más a las fábricas correntinas, que ven reducida su participación en el mercado y, en medio de este escenario, crecieron los cuestionamientos hacia el Gobierno de Corrientes por la ausencia de políticas activas para sostener al sector.
Cabe aclarar, que si bien se impulsó la declaración de la emergencia textil en la provincia, se encuentra actualmente bajo análisis en las comisiones del Senado provincial tras tomar estado parlamentario en marzo de este año. Por lo que
Esta medida, impulsada por la oposición y respaldada por pedidos de industriales del Norte Grande, busca frenar el colapso del sector tras el cierre de plantas clave como Emilio Alal en Goya y TN&Platex en Monte Caseros.
