Los cruces de Mayans con Bullrich y los riesgos del peronismo frente a la ultraderecha

El oficialismo enhebró una serie de victorias consecutivas durante las sesiones extraordinarias, con el peronismo relegado al rol de oposición testimonial y frente a la urgencia de encarar una agenda que le devuelva la centralidad.

27 de febrero, 2026 | 15.37

El senador formoseño José Mayans desarrolló un gran talento para la oratoria en el que combina la tradición de la picaresca y la gauchesca criolla con la contundencia de los datos de terror que va dejando el modelo libertario como su marca indeleble. A años luz de los ininteligibles tartamudeos de los exponentes de La Libertad Avanza, a Mayans da gusto escucharlo y este jueves tuvo su momento cuando el oficialismo quiso cortar a poco de iniciado el debate por el acuerdo Unión Europea-Mercosur simplemente para cumplirle el deseo a Javier Milei de que Argentina sea el primer país en aprobarlo, adelantándose en la votación por unos minutos al Parlamento de Uruguay.

“Presidente, no se puede hacer cualquier cosa. Si yo propongo que se baje el pantalón, ¿usted se va a bajar el pantalón si votamos por mayoría?”, intervino Mayans generando otra serie de titubeos de parte del libertario Bartolomé Abdala, presidente provisional del Senado. Quien salió a responderle fue la jefa del bloque de LLA, Patricia Bullrich. Sin ser tampoco una gran oradora, al menos le sobra experiencia. “Llevamos 26 años discutiendo el tratado y nos quieren hacer creer que hay un tratamiento exprés”, dijo. Agregó que “nosotros estamos cambiando la Argentina, el país decidió cambiar el retraso por la prosperidad”.

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Formada en la militancia peronista, Bullrich también lleva en su aristocrático ADN la lógica de las ultraderechas hoy en boga. Una vez que consigue una mayoría -aunque sea tomando retazos de aquí y de allá- su propósito es avanzar a como dé lugar, sin reparar en límites reglamentarias o institucionales. Y si esos límites aparecen, entonces se redefine el marco legal como en el caso de la discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad. Bullrich tampoco tiene problemas en mentir si resulta conveniente. En ese esquema, la verdad y la legalidad dejan de ser valores en sí mismos: lo central es la eficacia y la velocidad. Todo lo demás pasa a ser accesorio.

En uno de los capítulos de su último libro, el sociólogo italiano Giuliano da Empoli describe esta misma lógica al analizar el fenómeno de Donald Trump. "Ellos se concentran en el fondo, no en la forma. Prometen resolver los verdaderos problemas del pueblo: la criminalidad, la inmigración, el costo de la vida. ¿Y cómo les replican sus adversarios, los liberales, los progresistas, los buenos demócratas? Reglas, democracia en peligro, protección de las minorías...", apunta. Menciona el caso de que todas fórmulas presidenciales del partido Demócrata desde los años 80 -excepto un vice- estuvieron compuestas por abogados mientras que quienes resultaron electos presidentes por los republicanos siempre fueron hombres de negocios, de "acción". 

La paradoja es que, en la Argentina, fue históricamente el peronismo quien tensionó los límites institucionales en nombre de las urgencias sociales, enfrentando a elites más preocupadas por resguardar sus intereses que por atender las demandas populares. Los pobres no pueden esperar: esa fue, durante décadas, la premisa que empujó a los gobiernos peronistas a tomar la iniciativa y obligó a sus opositores a moverse a la defensiva.

En esta “hora de los depredadores” -como la define Da Empoli-, el peronismo parece haber quedado atrapado en el lugar inverso: el de quien advierte sobre los riesgos institucionales sin lograr frenar la avance de un oficialismo dominante. Las sesiones extraordinarias dejaron postales de esa impotencia, como el gesto de la diputada Florencia Carignano de desenchufar los equipos de los taquígrafos. Recuperar la iniciativa -con una agenda propia y que interpele a las mayorías- aparece como una necesidad para salir de la incomodidad. Hasta entonces, el camino seguirá siendo cuesta arriba.

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Fernando Cibeira

Trabaja como periodista desde hace 30 años. Luego de recibirse la escuela de periodismo TEA, comenzó como colaborador en la revista Somos. Hizo la beca de perfeccionamiento periodístico del diario Clarín, donde luego fue redactor de Política durante seis años. A principios de 1998, se fue para participar de la efímera experiencia del primer diario Perfil. Antes de que termine ese mismo año ingresó a Página/12. Trabajó allí 22 años, durante los que le tocó cubrir numerosos actos, campañas electorales y viajes presidenciales. Fue redactor, editor y, finalmente, jefe de la sección Política, hasta su incorporación a El Destape.

En televisión condujo durante diez años el programa “Colores Primarios”, que se emitió por varias señales de cable.

En El Destape Radio participa del programa de Roberto Navarro y conduce “El Especial de los Sábados”.

Escribió “Macristocracia, la historia de las familias que gobiernan la Argentina” (Planeta).