La inteligencia artificial se ha convertido en una de las fuerzas estratégicas que definen el siglo XXI. Más allá de sus extraordinarios logros tecnológicos, la IA está transformando la producción industrial, la investigación científica, la salud, la educación, la administración pública, las finanzas y la seguridad nacional. Más importante aún, se está convirtiendo en un factor determinante de la competitividad económica y de la influencia geopolítica. Las naciones que desarrollen sus propias capacidades en IA disfrutarán de una mayor autonomía estratégica, mientras que aquellas que dependan exclusivamente de tecnologías extranjeras corren el riesgo de ingresar en una nueva era de dependencia digital.
Por esta razón, el debate sobre la gobernanza global de la IA se ha vuelto tan importante como la propia revolución tecnológica. Las reglas, normas, principios éticos y marcos institucionales que se establezcan en los próximos años determinarán no solo cómo evolucionará la IA, sino también quiénes se beneficiarán de ella. Ya no se trata simplemente de una discusión sobre algoritmos; se trata de una discusión sobre desarrollo, soberanía y la futura distribución del poder tecnológico global.
En este contexto, la Conferencia Mundial sobre Inteligencia Artificial 2026 (WAIC), que se celebrará en Shanghái del 17 al 20 de julio, merece una atención internacional especial. Desde su creación en 2018, la WAIC se ha consolidado como la principal plataforma internacional de China para el diálogo sobre inteligencia artificial, reuniendo a gobiernos, científicos, universidades, empresas tecnológicas y organizaciones internacionales. La conferencia de este año reviste una importancia particular porque se espera que presente la propuesta de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), una institución internacional concebida para promover la cooperación práctica en IA, particularmente entre los países en desarrollo y el Sur Global.
Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.
La propuesta debe entenderse dentro de una visión más amplia que China ha venido articulando gradualmente a través de su Iniciativa Global para la Gobernanza de la IA, su apoyo a la cooperación multilateral en el marco de las Naciones Unidas y su énfasis en reducir la brecha digital global. En lugar de centrarse exclusivamente en la competencia tecnológica, el enfoque chino destaca el fortalecimiento de capacidades, la cooperación científica, el desarrollo de infraestructura, la formación de talento y el intercambio tecnológico como componentes esenciales del desarrollo de la IA.
Para los países en desarrollo, esta perspectiva merece una consideración seria. La cuestión central no debería ser alinearse con una u otra potencia tecnológica, sino cómo construir capacidades nacionales preservando al mismo tiempo la autonomía estratégica. La verdadera soberanía tecnológica no implica aislamiento; requiere asociaciones internacionales diversificadas capaces de fortalecer los ecosistemas nacionales de innovación mediante el intercambio de conocimientos, la investigación conjunta, la transferencia tecnológica, la educación y la cooperación industrial.
En este sentido, la propuesta de WAICO resulta particularmente relevante porque está estrechamente vinculada con la Resolución A/RES/78/311 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptada por consenso, que llama a fortalecer la cooperación internacional para el desarrollo de capacidades en inteligencia artificial. La resolución reconoce que la inteligencia artificial debe convertirse en una herramienta para el desarrollo sostenible y no en una fuente de mayores desigualdades. Asimismo, alienta a los países a cooperar en el diseño de estrategias nacionales de IA, la formación de profesionales, la ampliación de la infraestructura digital, la promoción de la colaboración científica y la garantía de que las naciones en desarrollo no queden excluidas de la próxima revolución tecnológica.
Para América Latina, este debate reviste una importancia estratégica. La región no puede permitirse seguir siendo simplemente una consumidora de tecnologías diseñadas en otros lugares. Debe invertir en investigación científica, infraestructura digital, educación, modernización industrial y cooperación regional, al tiempo que participa activamente en las instituciones internacionales donde se está definiendo la futura gobernanza de la IA. Los países que contribuyan a dar forma a estas reglas hoy estarán mejor posicionados para beneficiarse de la economía tecnológica del mañana.
Al mismo tiempo, el entusiasmo por la inteligencia artificial debe ir acompañado de responsabilidad. La IA ofrece oportunidades extraordinarias para aumentar la productividad, mejorar los servicios públicos, acelerar el descubrimiento científico y potenciar el bienestar humano. Sin embargo, también plantea desafíos profundos: la concentración del poder tecnológico en un puñado de corporaciones, el aumento de las desigualdades digitales, las amenazas a la privacidad, la discriminación algorítmica, el desplazamiento laboral, las armas autónomas y las nuevas formas de vigilancia. Sin principios acordados internacionalmente y mecanismos eficaces de gobernanza, los beneficios de la IA podrían concentrarse mientras que sus riesgos se globalizan.
Precisamente por ello la gobernanza multilateral es tan importante. El mundo necesita instituciones internacionales capaces de fomentar la innovación al tiempo que protegen la soberanía, garantizan un acceso equitativo a la tecnología, promueven la transparencia y establecen estándares éticos compartidos. Ningún país, empresa o ecosistema tecnológico debería monopolizar el futuro digital de la humanidad.
Todas las revoluciones industriales han transformado el equilibrio internacional de poder. La inteligencia artificial no será la excepción. Los países que participen hoy en la definición de su gobernanza contribuirán a configurar la arquitectura política y económica del mañana.
Se esté o no de acuerdo con todos los aspectos de las propuestas de China, iniciativas como la WAIC y la propuesta de WAICO merecen una consideración atenta. Representan una oportunidad para que el Sur Global contribuya de manera proactiva a la construcción de un marco internacional de gobernanza de la IA más inclusivo, que promueva el multilateralismo, la cooperación científica, la transferencia de tecnología, la cooperación Sur-Sur y el respeto por la soberanía nacional.
La inteligencia artificial no debe convertirse en un nuevo instrumento de dependencia. Bien gobernada, puede convertirse en una de las mayores herramientas de desarrollo humano jamás creadas. El verdadero desafío que enfrentamos no es simplemente quién liderará la revolución de la IA, sino si esa revolución contribuirá a construir un orden internacional más equilibrado, equitativo y genuinamente multipolar.
